Yo, tu, te, contigo
ScriersScriers
Scriers
24 Febrero 2007

 

Aviso, para que no caigáis en la trampa. "Mis circunstancias" de Lewis Trondheim es una obra autobiográfica. Uno de esos "Slice of life" tan de moda. Por tanto, fue por sí mismo un error introducirme en el universo Trondheim con un libro personal, para un público reducido, que deben tratarse o bien de seguidores acérrimos del autor, o bien amantes del género (anteriormente citado). Para un buen seguimiento del autor, lo suyo es hacerse con "La Mazmorra" o "Laponis", este último está siendo reeditado en un formato perfecto, muy ameno y no excesivamente caro, pero nunca empezar como he hecho yo, con "sus" circunstancias.

Una obra, que el mismo autor ha definido como un ejercicio para conocerse a sí mismo y que bajo las premisas básicas Trondheimnianas (una colección de seres humanos presentados bajo aspecto animal), ya no relata el mundo según como él lo ve, sino que a través de él mismo, personaje principal de la historia, intenta relatar el mundo. Y claro, siendo dibujante, la historia gira sobre su vida personal, editoriales independientes que intentan ocupar su porción de mercado dando luz a un producto digno. En este libro, una historia sobre una mosca que el autor quiere editar en Japón, sirve como frágil hilo argumental. Y digo frágil, porque contando los recuerdos, los encuentros y desencuentros con conocidos del mundo de los cómics (cameo de Moebius incluido), amigos, y esa alteración de la realidad que sufre Lewis Trondheim, el hilo argumental parece lo de menos. Se acerca más a un "collage" de recuerdos, reflexiones y exorcismos interiores del autor utilizando como pretexto al mundo que le rodea.

Y a Trondheim, al menos, no se le puede negar sinceridad, pues para presentar este álbum, no duda en presentar el mundo tal y como lo ve, caracterizando a cada persona con el animal que sus ojos lo creen oportuno, y poniendo en su boca, las palabras que el cree recordar bajo las situaciones que cree recordar (autobiografía pura y dura). Lo gracioso, es que el libro goza de un anexo donde muchos de los personajes retratados tienen derecho a réplica. Y estos, hacen uso y disfrute de esta condición con todas las de la ley, haciendo dudar al lector de la veracidad de la historia. De cualquier manera, a nadie se le escapa que la verdad no existe por sí misma, sino que existen miles de verdades, una por cada persona que existe, una por cada manera de percibir lo que realmente sucede. Tampoco se le puede negar al autor, autocrítica. Se muestra un ser rancio, huraño, antisocial y maniático (pobre Brigitte, su cónyuge). Luego también es sensible, autocrítico y gracioso (a veces, por lo ridículo que resulta).

Podemos decir que a través de su experiencia y sus demonios interiores, el autor deja caer, intrínseco, su peculiar visión del mundo. Pero no nos llevemos a engaño, esta obra le sirve más a Lewis que a nosotros mismos, pues en ocasiones, el cómic se vuelve anodino, y algunos recuerdos o monólogos interiores, más que hacerme pensar, me aburren. Y el dibujo, por muy ágil y divertido que resulte, amigo, podría estar más trabajado (esas viñetas titubeantes). Más aún cuando goza de esa narrativa, ocurrente, alocada, expresiva. Aunque el gran fallo del cómic lo veo y lo leo en la tipografía, confusa y a veces, harta difícil de descifrar. De verdad, un desastre.

Sin embargo, en el otro lado de la balanza, me quedo con sus monólogos interiores, cuando la realidad se deforma y se convierte en un gigante que destroza a esos impacientes que entran en el metro antes de que salga la gente de su interior, o cuando sus múltiples "yoes" parecen empeñados en caricaturizarle. Por no hablar de sus viajes astrales. Cuando la realidad es menos realidad, el álbum gana enteros. Me quedo, de nuevo, con el formato Astiberri, que todo lo que saca, es caro, pero está bien pensado, y así da gusto pagar. A todo lo que publican le dan un envoltorio tentador y un interior casi para completistas, ya que siempre suele ir acompañado de algún artículo interesante, datos esenciales para completar el cómic o, en este caso, un anexo demoledor, esencial para entender el conjunto. Y para acabar, destacable, por supuesto, el autor en sí mismo. Valiente personaje. Valiente cuerpo que se autodesignado. A veces, creo, hace falta ser una persona tan extravagante, tan rara, tan antisocial como se muestra Trondheim, para ser en definitiva, un genio.

Es por esa genialidad que, aunque este tomo no me pareza una obra maestra ni libro de referencia, la lectura en sí, me ha gustado, y he disfrutado con los recursos que aquí se demuestran. Me abre el apetito pues, para tarde o temprano, devorar con sarna su "Lapinot" o "La Mazmorra". A la primera, tocado, a la segunda, seguro, hundido.

Scriers.

 

  • Print
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • email
  • Live
  • Meneame
  • MySpace
  • Netvibes
  • RSS
  • Technorati
  • Twitter
  • Add to favorites

Creemos que esto encaja con:  
ver palabras clave


Dejar un comentario

El Club de los Imposibles se basa en Wordpress | Diseñado y mantenido por Aliando Servicios Informáticos Integrales | www.aliando.es | Octubre 2009