Federik Freak es un joven obsesionado con la cultura fandom. Sus mejores amigos son el gordo Froilan, un obeso con el que comparte extravagantes inquietudes, Benjamín el Gotiquito, un siniestro que siempre amenaza con el suicidio, y un gorila verde que sólo él mismo es capaz de ver y escuchar. Sus preocupaciones son un tanto atípicas; desde adivinar el final de Lost por sí mismo y sin spoilers a preguntarse si realmente vivimos en Matrix. Federik Freak es virgen, nunca ha tenido una relación de más de unas horas con una chica. Sus habilidades sociales son inversamente proporcionales a sus conocimientos sobre la Guerra de las Galaxias. Nunca ha trabajado (ni intención que tiene), y pasa casi todo su tiempo encerrado en su cuarto frente al ordenador. Si, Federik Freak es un friki, pero no un friki cualquiera, como él dice hoy se le llama friki a cualquier persona que haga cualquier cosa, sino uno capaz de aprenderse de memoria todos los extras de la saga de Alien en sueco y masturbarse con dibujos animados.
El mundo del entretenimiento, la ciencia ficción y la fantasía siempre ha sido un potente generador de frikis. Con Federik Freak, Ruben Fernández autoparodia este círculo social con gracia, mala baba, ironía y conocimiento. Porque para dibujar esta tira cómica, una de dos, o su autor es un entendido en la materia o debe haber realizado una gran labor de documentación. Y obviamente me inclino por lo primero. Fernández, a pesar de ser politicamente incorrecto, nunca resulta grosero, y es capaz de hacer referencias a “2Girl1Cup” o la muerte de David Carradine con chispa e ingenio. El desfile de personajes populares acerca al personaje a la jocosa actualidad. Por sus viñetas pasan Michael Jackson, el Papa, Bill Gates o Mr T, entre otros, criticando ferozmente aquellos más poderosos. Esa mezcla de irreverencia, humor absurdo y crítica aguda hace de Federik Freak una tira muy apetecible, que conviene leer de un tirón, pues en pequeñas dosis pierde fuelle, sabe a poco.
Cabe destacar ese dibujo sencillo (que no simple), de trazo grueso y enormemente expresivo al que acompaña una paleta de colores muy efectiva. Pero lo que hace especial a esta tira de El Jueves (que acompañó en un pequeño tomo a la revista la semana pasada) no es su dibujo, es su comunión con el lector. Cualquier friki disfrutará con estos macabros y divertidos gags sobre el mundillo con una sonrisa en la boca y con el riesgo de soltar una enorme carcajada. Tenía que existir una tira así, porque el autorretrato de un friki se presta a ello, y joder, porque resulta sano y divertido reirnos de este mundillo, trivializarlo todo y sentirnos felizmente comprendidos.
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