Sería altamente presuntuoso pretender aquí y ahora a descubrir al señor Alan Moore a la comunidad bloguera o al reducido grupo de “imposibles” que nos siguen. La mayoría, si no todos, ya lo conocen. El creador de una buena representación de las obras más famosas, siempre por calidad, del mundo del cómic, llevan su sello (Watchmen, V de Vendetta, From Hell, etc.).
Y parece, su talento, inagotable e inabordable. Es capaz de abarcar todos los registros que se proponga, de tomarse más o menos en serio el entorno, los personajes, la dualidad con el tiempo que vivimos, y casi siempre, sale una obra interesante. El último ejemplo que he leído es Top 10. La serie fue en los noventa, uno de los puntales del sello ABC, dónde Alan Moore y otros artistas del cómic, ubicaban a los superhéroes en entornos menos frecuentados y los extraían de continuidades y posibles crossovers que devaluaran a los personajes. Vamos, que pasaban de Marvel y DC y se trabajaron su propio espacio. Moore aprovechó su talento, y su fama, para lanzar varias series, Prometea, Tom Strong y La Liga de los Hombres Extraordinarios. Todas tienen el seguimiento y el respeto de los aficionados a los cómics de superhéroes, y la adhesión de otros cuantos. Y esto no es más que otra consecuencia del talento de su creador, y de la buena labor de los profesionales con los que desarrolla sus trabajos.
Lo primero que puedo destacar es el formato Norma, como siempre, espectacular, cómodo, con el tamaño perfecto. Lo bueno de tenerlo es que no tienes que esperar mes a mes a que vayan saliendo los números. Ahí lo tienes todo, ordenadito, con sus portadas, papel propio para la serie, color en condiciones. Pese a que sea un formato con un precio exigente, en este caso no se albergan dudas, este es el bueno.

Pero vayamos a lo verdaderamente importante, ¿qué cuenta Top 10? Pues Top 10 encierra el día a día de la comisaría de policía en el distrito diez de Neópolis, una ciudad dónde todos o casi todos los habitantes tienen superpoderes, habilidades especiales, sobrenaturales, vuelan, saltan, se teletransportan… Un disparate. Y una ciudad así es, obviamente, un pequeño caos dónde los policías deben ser los mejores en lo que hacen (como Lobezno). Y lo son.
Lo verdaderamente complicado es que, a ese punto de partida, hay que darle una ambientación digna, creíble, que no se exceda en lo fantástico (¿Esto es posible con un argumento así?), unos personajes que sepan desarrollar una acción sostenible, unas líneas argumentales que interesen al lector, que no reniegue de ellas por manidas, por ya vistas, por saturación. Y he aquí el mérito. Alan Moore consigue todo esto, que para mí requiere un talento descomunal. Pero no sólo eso. Lo consigue transportando la serie hacia lo que puede ser una serie de policías convencional, con casos asignados a cada agente, varias historias que se entrelazan y finales coherentes con el desarrollo.
Aquí, las habilidades, muchas veces sorprendentes, de los policías y los sujetos con los que tratan, es lo de menos. Lo importante es el tejido funcional de ese mundo imaginario, dónde podemos ver problemas de la sociedad actual (o la que fue actual entonces) sin síntomas de fatiga. Los tabúes sociales, las disputas entre vecinos, la prostitución, el control de determinadas zonas de la ciudad por parte de tribus urbanas, el abuso de poder, la inadaptación a un puesto de trabajo, la infidelidad, la relaciones imposibles. Ojo, que cada uno de los miembros de la academia tiene su punto. No hay personaje desperdiciable. Mi consejo es que tratéis a todos con respeto y os hagáis cómplices, al final del cómic es difícil desprenderse de ellos.
Más aciertos, Moore se mofa de la industria del cómic de superhéroes dejando varios guiños por el camino, el megacrossover desencadenado por una invasión de ratones no tiene desperdicio, ese pseudoThor, rey de la belleza, que se guarda hasta el último momento su afición por morir y revivir, tal y cómo practican en Marvel y Dc sin respetar al seguidor, es, sencillamente, impagable.
Y todo se pone en marcha a través de la labor de Gene Ha y Zander Cannon, que están a un nivel extraordinario (para mí que los autores, cada vez que se escuchan Alan Moore, multiplican su talento). Al principio cuesta adaptarse, un número inmenso de personajes, ritmo frenético, vas por la oficina, se cruza un personaje y cambia el lugar de la acción, luego vuelve cuando menos te lo esperas, colección de escenarios, de situaciónes… un tremendo ajetreo. Pero es que así es una oficina de policía en el distrito diez de Neópolis, vertiginosa, sorprendente, agotadora, creíble… llena de vida.
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