Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
5 Junio 2010

Cuentan las malas lenguas que desde hace años la relación entre Albertucho y Poncho K es nula. Según se murmura, todo se remonta a un conflicto surgido en un concierto en tierras murcianas, cuando se enfrentaron por ver quien acababa como cabeza de cartel. Desde entonces, dos músicos afines de trayectoria similar, que habían colaborado en varias ocasiones, optaron por la indiferencia. Ni menciones ni halagos, ni mucho menos colaboraciones.

Es sólo un rumor, pero los hechos demuestran que sus últimas apariciones juntos quedan lejanas en el tiempo. Una lástima que dos músicos con tantos puntos en común se distancien tanto.

Porque ambos han dibujado un recorrido análogo marcado por una enérgica irrupción, una coherente estabilidad y una necesaria renovación. Y en esa coyuntura se encuentran, en aventurarse a nuevos retos sonoros.

La transformación más evidente es la de Albertucho, que ya había amagado con una mutación sonora. Para crear su cuarto disco, Palabras Del Capitán Cobarde, acudió a Juan De Dios, un músico curtido en sectores poperos, últimamente mano derecha de Xoel López. Comentaba Albertucho que había descubierto el (sobrevalorado) Fin De Un Viaje Infinito y le había entusiasmado la producción. Que para este nuevo trabajo pasaron horas conectados al Spotify, que se ha deleitado con los clásicos indiscutibles (Dylan, Waits…) y ha indagado en nuevas facetas sonoras. De este modo, aparca el rock de autor poético y áspero marca de la fábrica por una producción más meticulosa, letras aún más introspectivas y un aire americano latente en cada canción. Suena coherente, aventurado y libre de complejos. Sólo chirría un single (“La Primavera”) que suena mejor en directo y una infame colaboración de El Canijo de los Delinqüentes (que colabora porque Diego Pozo toca en todo el disco) innecesaria y desafinada como pocas. El resto encandila porque Albertucho está encantado de mudarse la piel, seguro de que este nuevo camino le hace crecer como músico. En su versión más folk rock convence, y lejos de ser una propuestas cobarde, se distingue por ser el paso más osado de toda su carrera.

En la otra acera se encuentra Poncho K, que publicó su quinto disco días antes y del que ya hicimos referencia en el blog. Decía en el artículo que nada hacía indicar que Una Historia Con Las Manos variara su producción conforme a Cantes Valientes. Estaba en lo cierto, sigue la misma tónica que su antecesor: una voz en primer plano, guitarras graves, sonido limpio y la poesía tosca que todos conocemos… nada sorprendente si no fuera porque se intuye a un autor más calmado que se atreve con varias canciones de aspecto novedoso; la flamenca “Laureles” y la infantil y ácida “Manolito Caramierda”. Lo demás es un compendio entre las virtudes y defectos del sevillano. Al que le gustaba le va a seguir gustando y quien no lo trague, este disco no le va hacer cambiar de opinión. Nos quedamos entonces con cortes como “Amor A Cuentagotas”, “Pistolas” o “Un Golpe Por Seguir Vivo”, que representan la esencia pura de Poncho K en un disco propicio para incondicionales.

Albertucho y Poncho K, estandartes del rock de autor sevillano en este nuevo siglo, suman y siguen. Su madurez artística representa la consolidación de sus respectivos proyectos y la confirmación de ser dos mentes inquietas y creativas, que siempre en movimiento, ofrecen con seguridad canciones dignas. Todo un logro en los tiempos que corren.

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Este fin de semana dio comienzo la nueva gira de Ariel Rot, en la que presentará su nuevo trabajo, Solo Rot, por gran parte de la geografía española. Quisimos ir a su primer concierto, en la sala Long Rock de Córdoba. Ariel es un seguro de buen rock & roll. El argentino tiene el oficio que le ha suministrado una larga y meritoria carrera, primero en Tequila y después en Los Rodríguez, alternando etapas en solitario como en la que se encuentra actualmente. No está entre mi ‘top-five’ de músicos preferidos, pero admiro su tenacidad, su legado y su virtuosismo con la guitarra. Y su elegancia, porque Ariel es un rockero de estética setentera, clásico y cercano. También parece haber tomado el elixir de la eterna juventud. 50 años y contar con ese aspecto da mucha envidia.

Pues bien, allá fuimos, a una coqueta sala que parecía un templo del rock & roll, decorada con imágenes de los Beatles, de Elvis, de los Stone… el escenario ideal para tal evento. Un recinto con aforo limitado para unas 300 personas que llenaron el lugar. Todo parecía indicar una noche mágica, pero no fue del todo así, se quedó en un buen concierto, que no es poco. ¿Por qué? Pues porque un concierto necesita funcionar bidireccionalmente, no de manera unidireccional. Y si el músico se entrega y el público no responde del mismo modo, el show desluce. Y eso pasó en Córdoba.

Crece la tendencia de asistir a los conciertos y verlos como aquel que observa un dvd musical. La propia naturaleza de la música invita a lo contrario, a bailar, moverse, cantar. Pero los cordobeses, a los que parecía molestarle el alboroto, tan solo despertaron con el “Mucho Mejor”, que tararearon con entusiasmo anticipándose al guión de la banda. Antes, el concierto fue seguido con languidez.

Ariel combinaba algunos de sus grandes temas (“Adios Carnaval”, “Baile de Ilusiones”, “Lo Siento Frank”…) con sus nuevas creaciones, y ojo, que el nuevo disco promete ser una colección de grandes canciones, en la línea de sus dos últimos trabajos. En su página web se pueden escuchar unos adelantos que pintan bien.

El bonaerense ha montado una banda joven pero del todo fiable, con un batería eficiente y guitarra y bajo ejerciendo de perfectos acompañantes para su portentoso dominio de la Fender. Sin olvidar a un teclista en estado de gracia. Solo cabe esperar que surja esa sincronización que otorgan los ensayos y la propia gira.

Como buen comienzo de gira, la banda acusó en algunos momentos su falta de rodaje, pero en cualquier caso, Rot y los suyos ofrecieron un concierto notable y elegante pensado para el lucimiento de su protagonista, que parecía encontrarse realmente cómodo sobre el escenario.

Ariel se mueve como pez en el agua en las distancias cortas, en recintos de media entrada donde puede demostrar a poca distancia su habilidad con las seis cuerdas. Las manos expertas de este Rodríguez son una garantía de cara al público. Esté dónde esté, y toque con quien toque y frente a quien sea, siempre cumple. Un ejemplo de constancia.

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
5 Abril 2010

Corría el año 2001 cuando en diversos foros musicales surgió la figura de Poncho K, un jovencísimo músico sevillano que contaba por entonces con apenas veinte años, y que, con una voz áspera y textos metafóricos y poéticos, sorprendió a propios y extraños, no sólo por lo precoz de su aparición, sino por lo cercano de su sonido a grupos relevantes como Extremoduro o Gérmenes.

Alfonso Caballero Romero comenzó su andadura en un grupo punky llamado Desacato, pero al poco de comenzar la banda se disolvió y fue entonces cuando decidió emprender su carrera en solitario. Se llamaría Poncho K. Su maqueta, Mejor Solo… Que Mal Acompañado, sonó por los garitos sevillanos hasta hacerse reconocible. En la capital andaluza, era un secreto a voces que una nueva hornada de cantautores rock estaba floreciendo.

BMG-Ariola, que por entonces vendía millones de discos, había dado con la gallina de los huevos de oro con el fichaje y posterior boom de Estopa, que aunque estilisticamente pueda parecer lejano, la maqueta de los de Cornellá  no parecían tan diferente. Con Poncho K quisieron explorar un sector de la audiencia aficionada al rock urbano, al estilo de Extremoduro o Fito & Fitipaldis, que por entonces despuntaban en Dro. Para ello, financiaron el primer disco de Poncho K, No Quiero Empates, que salió a la luz en el año 2002, y que no obtuvo los resultados esperados.

Basicamente porque era un disco difícil de digerir aunque tuviera un componente de originalidad indudable. Poncho K consiguió mezclar rock de autor y momentos punk con música clásica, y es que a la mayor parte de los temas de su maqueta les agregó el sonido de la Orquesta Filarmónica de España. También colaboraron Albert Pla, Javier Limón o el Niño Josele entre un nutrido grupo de músicos que fue desfilando por un disco tan costoso como irregular.

Pero su inexperiencia a la hora de coordinar su primer disco -seguramente estuvo condicionado por las exigencias de la discográfica- la disimulaba con un descaro y arrojo impropios de su edad. Poncho tenía en mente irrumpir en la escena rock con un disco único e irrepetible. Por ello el añadido de la música clásica y la elaboración de unos textos que no eran sino un compendio de irreverencia juvenil, actitud macarra panfletaria y pluma de poeta. Poncho combinaba la rebeldía del recien llegado con la madurez del veterano.

De este modo, agarró su guitarra y ofreció varios conciertos promocionando su primer disco. Fue una minigira que lo llevó por las principales emisoras de radio y por pequeñas salas para dar a conocer su música. Conciertos acústicos. La guitarra y él, tan solo eso.

Poncho K no consiguió las ventas que esperaban en su compañía discográfica. Según diversas fuentes, No Quiero Empates apenas despachó 20.000 copias. Las malas ventas condicionaron su segundo disco, Destino De Pluma y Mano, que no contó con los medios necesarios ni en producción ni en difusión para el correcto devenir del mismo. Por ello acabó en El Diablo, aunque más tarde volviera con Sony.

En cualquier caso, del debut de Poncho K queda un buen puñado de canciones para el recuerdo. Blablabla, Duermes, Estoy, Me Voy, Sol Que Ausenta En Estiercol… son temas que calaron hondo en un sector muy determinado de público, aquellos jóvenes rockeros y punkis que apenas superaban la veintena y que conectaron con los textos poéticos de Poncho.

Esta fue la génesis de la carrera de Poncho K. El próximo martes el sevillano publicará su quinto trabajo de estudio, Una Historia Con Las Manos, disco que en cuanto a produccción pretende seguir la línea de su antecesor, el inspirado Cantes Valientes. En este enlace podéis escuchar un adelanto. Nada parece indicar que haya un giro de tuerca en su sonido, por lo que sus seguidores habituales estarán bien servidos. Sin embargo, la fórmula Montesinos evindencia síntomas de agotamiento. Necesita de viento fresco, savia nueva que potencie sus virtudes. De lo contrario, Poncho K corre el riesgo de estancarse.

Nota de Prensa sobre el nuevo disco:

El 13 de abril de 2010, Poncho K publica su nuevo álbum Una historia con las manos. Producido por Fernando Montesinos, este disco es por derecho la obra cumbre de la carrera de este compositor, su quinto álbum en el que eleva al grado máximo su esencio de “rock con pinceladas flamencas, poesía callejera”, como él suele decir.

Con una actitud de rock callejero, duro, independiente, y una altura en los textos muy poco habitual en la música española, Poncho K se ha asentado en un estilo del que se ha convertido en referencia, apoyado por un trabajo inagotable de conciertos y giras a pie de carretera. Poncho K es un creador elegido que derrocha inspiración en cada estrofa que pare sin conceder tregua a la mediocridad y eso es prestigio ganado canción a canción, noche a noche, verso a verso.

Canciones de Una historia con las manos:

1. Amor a cuentagotasQue no, que ya no quiero un amor con cuentagotas. Mi paciencia no está rota, es que me cansé de dar abrazos a desconocidos… El cambio a una nueva etapa me renueva y me da otra expectativa más optimista ante la vida”, dice Poncho K de la canción.

2. Un golpe por seguir vivoDestrocé la lección del abuelo buscando mi propia historia, aprendí a desmembrar entresijos leyendo un poco de historia… Para coger un nuevo camino tienes ke empezar por matar el pasado y buscar tu propio motivo”.

3. Una historia entre las manos Déjame que te cuente una historia con las manos que te sepa a caramelo, que me estrelle con tu boca, que eyacule en tu barriga, que me siembre en tu agujero, que te grite como un cerdo… A un amor ke deja huella siempre se le escribe una canción”.

4. Manolito CaramierdaPrepara el cazo y amarillea la habitación, otro lonchazo le pone la pila y lleva en la mente la cara de 20 que en la clase es un pringao y está harto de escuchar: Manolito er Caramierda…
Una historia aparentemente cachonda pero ácida en el fondo, porque no está tan lejos como pensamos, aunque espero que lo llegue nunca
”, dice Poncho K del tema.

5. PistolasCorro sin tregua y no escucho revueltas, si no paro es por los palos que me han vuelto majareta. Sé bastón en mi camino y faro que nunca encuentro… La búsqueda de mi yo después de una decepción“.

6. Con LaurelesMe gusta que que no duermas sola y a media noche desvelarme, pegarme un roce de espalda y acurrucarme, sabiendo que por la mañana me va a mirar con cara larga.”

7. El último solA la vuelta de la esquina estaba ayer corriendo como un descosido, pensando que se iba la vida, si ya no hay templos que me aguarden ni jaleo en este antro para tomarme otra copa.” mandolinas y voces a cargo de Rubén Pozo de Pereza “Una noche de parranda en la que se me vienen ráfagas de responsabilidad por la moral impuesta desde el principio de mis días”.

8. Punki gitanoSoy huracán de pasiones, rabia incandescente que no se conforma con mirar desde el otro lado del puente… Pasión desbokada por reivindicar una forma de kerer desde las mismas raíces”.

9. ¿El tren de la rendición?Mientras se derrumba el mundo me lavo los dientes. No quiero oír más rumores que apaguen los soles de mi porvenir”, con la aparición de María Malapinta “Soy siempre yo el que marco mi vida sin patrones, sea komo sea”.

10. EstrépitoBuscando un pedazo de tierra que le de rienda suelta a mi rabieta, como un gallo peleón… La reflexión de una tarde cualkiera desde mis ojos diminutos mirando al mundo”.

11. El ojo en el ladrillo, una canción emocionante, un homenaje a Marcos Ana, poeta salmantino de 90 años y uno de los símbolos de la lucha antifascista, que al final del tema recita un fragmento de su poema Micorazón es patio: “Soñé que el mundo era un redondo espectáculo envuelto por el cielo, con ciudades y campos en paz, con trigo y besos, con ríos, montes y anchos mares donde navegan corazones y barcos. Pero el mundo es un patio donde giran los hombres sin espacio”.

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Si hay algo que nos hiere profundamente en este blog, son los artistas acomodados. Siempre, de alguna manera u otra, exigimos renovación, búsqueda constante. Si repasan las reseñas más críticas (y aquí empleo el término coloquial de crítica, con sentido negativo) con un artista en este lugar, suele tener que ver con esto mismo que digo. Bien, pues hay unos cuantos grupos de los que no te importaría nada, casi desearías, que repitieran los mismos esquemas que anteriormente te han llamado la atención. Puede ser porque su obra sea reducida hasta la fecha, causas emocionales o factores de naturaleza desconocida, pero existen estos casos.

Ola Podrida es uno de esos grupos. Yo los conocí hace casi dos años. Les compré un disco y disfruté de un concierto muy especial. Luego se establecieron como mi banda novel y folk favorita (este año son Monsters of folk), y más tarde aún, les perdí la pista. Ahora me he vuelto a enterar casi por casualidad de que sacan nuevo disco al mercado, Belly of the Lion.

Belly-of-The-Lion

La primera característica es que es un disco corto y compacto, de la misma naturaleza que su predecesor, el homónimo Ola Podrida. Y la segunda, a grandes rasgos, es que los mismos rasgos que llamó la atención hace algunos años, se repite completamente en este trabajo. Gran trabajo melódico y vocal, sonidos casi ambientales, riqueza o sobriedad instrumental siempre bien entendida, diferentes matices en la bateria y un pelo de distorsión. También podemos hablar de las sensaciones que provoca: placidez, melancolía, armonía… etc. Todo lo que diga a partir de ahora sería repetirme.

La banda que ha logrado reunir David Wingo sigue en plena forma, y suena compacta, hecha a conciencia, con un sonido característico (que es a lo que aspira un grupo joven, a hacer su sonido reconocible). Ese sonido, el de Ola Podrida, es, definitivamente, un sonido que me cautiva. En su cronograma del disco, siempre, pero con algunos repuntes en determinadas canciones. Esta vez, los temas que más me gustan son “The closest we will ever be” y “Roomful of sparrows”.

Y es que hay igual que hay besos (perdonad la ñoñería) que uno calcaría, de manera que fueran siempre idénticos, con los discos puede pasar lo mismo. Y a mí, sinceramente, me da igual que Belly of the lion suene muy parecido a Ola Podrida. Me resultan igualmente bellos.

7

PD: Por cierto, para explicar tan peculiar nombre de la banda, os dejo la explicación que alguien que decía ser miembro de la banda hacía en un blog en castellano.

“¡si sabemos! en las 80s en dallas, tx (de donde somos), había un mall llamado “olla podrida” donde vendía varios tipos de arte. sin embargo, toda la gente de dallas, los que no hablaban español, referieron a ese lugar como “ola podrida” porque no sabián como pronunciar los dos “l”. ahora es otra cosa ya que se han presentado tortiLLas y quesadiLLas en todos partes.
pero, para preservar esa memoria y para forzar que la gente diga nuestra nombre de la forma antigua, quitamos uno de los dos “L”.
hasta luego”

Ola podrida.

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Seguimos apoyando a esta banda amiga allá por donde toquen. Hoy lo hacen en Madrid, en la gran capital. Todo aquel madrileño que no tenga plan y le apetezca escuchar algo de rock n’ roll fresco, que no dude en cogerse un metro hasta el Bernabeu y en disfrutar esta noche de un gran concierto que seguro que bindan.

Si alguien asiste podría contarnos su experencia y sensaciones después del concierto. Suerte a Hoja de Ruta y a seguir cumpliendo el sueño. Un abrazo Jose, un abrazo Rafa.

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