Hace poco reseñábamos Generation Kill, la serie sobre la Guerra de Iraq realizada por la dupla David Simon y Ed Burns basada en los artículos del periodista de la Rolling Stone Evan Wright. En ella, descubrimos un razonable discurso antibelicista que profundizaba en las motivaciones de los soldados americanos por estar allí presentes y en su indignación final, reflejada en ese memorable epílogo que cerraba la serie en su séptimo episodio.
En The Hurt Locker (En Tierra Hostil), Kathryn Bigelow también hace uso de los relatos de un periodista, Mark Boal, pero ella elude el mensaje ético-político, y relata las andanzas de un grupo de artificieros en la guerra de Irak, preocupada principalmente en contar la historia con tensión e intriga y hacer veraz ese Iraq tramposo y adverso que deben controlar los militares americanos. En este sentido, en lo concreto de su propuesta, la directora californiana da en el clavo y tan sólo muestra indicios morales al denunciar el uso de los niños en la contienda. Por lo demás, nos encontramos ante una solvente cinta de acción contextualizada en el desasosegante y temible laberinto urbano de Bagdad. Y ese es otro de los aciertos de esta película, como gracias a una inquietante recreación de las ciudades iraquíes (edificios derruidos y resquebrajados, aridez, escombros, trampas mortales…) y un indudable talento narrativo, Bigelow involucra al espectador obligándolo a mantenerse alerta en un notable ejercicio de cine de acción. Sin embargo, su estructura formal a modo de pequeños episodios, le resta fuerza al relato, con un resultado final no exento de altibajos.
No será la de Bigelow la película definitiva sobre la Guerra de Iraq, pues sobre este episodio de la historia reciente queda mucha tela que cortar, pero si una digna ganadora del Oscar (mucho mejor que su antecesora, la sobrevaloradísima Slumdog Millionaire) que, sin duda, servirá para reivindicar el talento de su directora, descartando para siempre la absurda teoría de la discriminación positiva. En The Hurt Locker no hay favoritismos, sino trabajo bien hecho.
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