A través de una organización express y promovido por toda la parafernalia política empresarial que se mueve alrededor de la copa de América, Valencia acogió este último viernes de manera gratuita uno de los conciertos más significativos e importantes en el actual indie patrio (Estrella Welcome Party quisieron llamar al evento). No se ofendan los Vetusta Morla y cía, pero si conjugamos experiencia, trascendencia e historia, los últimos años han tenido dos dominadores claros en el indie en castellano: Los Planetas y Nacho Vegas, o Nacho Vegas y Los Planetas, como prefieran.
Y de un tiempo a esta parte, parecen usar su idiosincracia desde más allá del bien y el mal, dirigiendo sus carreras a convenciencia y actuando sin desgastarse, eligiendo bien sus apariciones públicas. El concierto celebrado en el “Tinglado 2″, cercano al puerto marítimo de Valencia servía para hacernos una idea del actual estado de sus directos, del estado también de sus carreras.
Para “brochear” la tarde-noche (los conciertos comenzaron a esto de las siete de la tarde), La Habitación Roja, que es el grupo independiente de más renombre en Valencia, se encargaron de caldear el ambiente y poner al público, aún disperso, “a tono” para los posteriores platos fuertes. Serían las nueve de la noche, cuando Nacho Vegas saltó al escenario. Con tres dignísimos acompañantes, teclista, bajo y batería, Nacho Vegas conformó un show que aunaba en abanico su ya amplio repertorio. Lo mismo cantaba “Que te vaya bien, Miss Carrusel” que podía sorprendernos con otro tema más actual, “Dry Martini S.A” o “Crujidos”, o volvía a sus temas más hondos, “Nuevos planes, idénticas estrategias”, por poner algunos ejemplos. Digamos que Nacho Vegas apostó por un show coral, equilibrado y discreto. Lo cual está bien para todos aquellos interesados en toda su trayectoria o quieran conocerlo generalmente. ¿El problema? La absoluta falta de comunión con el público. El mosaico de espectadores oscilaba desde los más conocedores de sus obras, los fans de nueva hornada (en primeras filas), quién se sabía algún tema suelto y un amplio sector que estaban allí por la gratuidad del evento o calentando motores antes de Los Planetas. Así, todo quedó correcto y a la vez disperso, como cuando te presentan alguna chica con la que poco tienes que ver.
Por su parte, Los Planetas dieron un concierto mucho más personal y arriesgado, apoyado en una sólida conjunción de músicos y en el sonido (muy extrañamente) excelente del recinto. Los granadinos, con un J muy a la altura vocalmente, exhibieron buena música y sonaron como un todo, subiendo la temperatura y los decibelios del lugar. Los que se quejaban de la irregularidad de los de Granada no tienen ahora argumentos para frenar a un grupo que se lo toma como lo que es, un trabajo del que disfrutan. Y son excelentes profesionales.
¿Qué cantaron? Pues lejos de repetir hits en función Karaoke, como han sido muchísimos conciertos del pasado, el grupo apostó por discos menores y temas de la segunda fila. Rescataron temas del irregular “Encuentro con entidades”, algún temas del “Pop” y un comienzo basado en su último disco de comunión flamenca “La Leyenda del espacio”. Se guardaron, como es lógico, cierta artillería pesada para el final (“Un buen día” o “Pesadillas en el parque de atracciones”). Pero eso fue el final. Antes, se habían trabajado cuarenta y cinco minutos de atmósferas marca de la casa y canciones que, supongo, creen merecedoras de reivindicación.
Así, los dos conciertos fueron en cuerpo y forma, distintos, unidos quizás por un aspecto concreto que igual encanta que desencanta a los más antiguos del lugar: La música independiente española y sus grupos punteros se han profesionalizado al máximo, de manera compacta y creíble, y aunque eso le reste riesgo e imprevisibilidad, quizás hasta un punto de personalidad y originalidad, lo cierto es que la música que facturan está bien hecha, suena técnicamente mejor que nunca y está a la altura de cualquier coetáneo de fuera de nuestras fronteras.
Scriers.









Paul Newman, Antonio Vega, Michael Jackson… en los últimos tiempos han fallecido algunas personalidades indiscutibles de la cultura mundial. No se si os pasa como a mí, pero la circunstancia de que mueran iconos tan representativos me recuerdan el paso del tiempo y por tanto, el hecho de que me hago mayor. Y pasa que luego es difícil reemplazarlos porque los tiempos cambian. Dificilmente volveremos a ver un Michael Jackson porque a nadie sorprenderá ya una persona negra bailando tan electricamente, ni habrá un músico que venda la millonada de discos que vendió Jackson porque hoy día todos pirateamos y guardamos los discos en reproductores de mp3. La mercadotecnia lo invade todo y luego es complicado reemplazar a estos genios porque entre ustedes y yo, quedan pocos artistas con esencia.
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