
Era mi segundo concierto en Alicante, el primero multitudinario. Fito y su banda (y La Cabra Mecánica) consiguieron congregar en Mutxamel a una enormidad de personas, reunidas en un recinto abierto perfectamente acondicionado para la ocasión. Es digna de mencionar la laboriosa preparación del evento, con todos los detalles bajo control: el suelo plastificado, la barra del bar y sus moneditas con el careto de Fito, el espectáculo visual, los decibelios…un despliegue impresionante.
Y es que los conciertos de Fito son desde hace tiempo un exorbitante show para todos los públicos dónde pueden compartir espacio seguidores de la antigua guardia, la juventud de los nuevos tiempos y padres de familias con sus niños a cuestas. Toda persona es bienvenida, sea cual sea su procedencia. Lo Más Lejos a Tu Lado propició que el bilbaíno formara parte de la cultura popular actual, pese a quien le pese.
Ante tal panorama, y con un reiterativo nuevo disco bajo el brazo, Fito y sus Fitipaldis dieron un concierto cuya puesta en escena y gran parte del repertorio no difiere mucho de su gira predecesora de Por La Boca Vive El Pez. Ha cambiado músicos y algunos matices pero el grueso Fito-Raya-Alzola sigue ahí, resistiendo el peso del show y puliendo el sonido fitipaldis, ya muy característico por sus formas.
Las canciones nuevas (‘Me acordé de ti’, ‘Tarde o Temprano’, Que necesario es el rock&roll’…) se erigieron protagonistas al ser temas con gran acople al directo y excelente respuesta por parte del público alicantino, que a pesar de ello, fue frío y comodón, y le costó en exceso congeniar con los músicos. Los forzados bises destaparon que Fito ha ganado público, pero que este es menos apasionado que el de antaño.
Nada se salió del guión en Mutxamel, el reloj fitipaldis funcionó a la perfección y demostró profesionalidad y un estado de forma envidiable. A día de hoy, la banda de Fito puede ser tranquilamente la más compacta de nuestro país; precisa, compenetrada, potente.
Lástima que el factor sorpresa solo diera para destacar la revisión de ‘Al Cantar’ -que produjo la sonrisa de unos cuantos nostálgicos- y/o la participación de El Lichis en ‘Barra Americana’. Soplos de aire fresco insuficientes para el que espere un giro de tuerca. El resto fue un sin cesar de hits que forman parte del cancionero popular; ‘Soldadito Marinero’, ‘Por La Boca Vive El Pez’, ‘Corazón Oxidado’, ‘Acabo de Llegar’..
Actualmente quien va a un concierto de Fitipaldis sabe lo que tiene: rock and roll, un ambiente agradable y festivo, más un espectáculo sonoro y visual que bien vale la (cara) entrada. Pero quien busque emociones fuertes o un cambio de registro no lo va a encontrar. Los años gamberros quedaron atrás, de la improvisación y la espontaneidad no queda ni rastro. Hoy todo funciona tan preciso como un reloj suizo. Así nadie puede sentirse engañado.






Discutíamos el otro día, cubata en mano, si los músicos deben tener la obligación moral de innovar, de reinventarse, de ofrecer algo distinto a su público. Personalizábamos en Fito (& Fitipaldis) y mientras que algunos “exigíamos” un nuevo rumbo musical otros se contentaban con lo que el bilbaíno destila en cada disco, es lícito, ¿verdad?.
Años después, y tras un largo paréntesis para digerir el éxito y desengancharse de todo un poco, Fito se quitó la camiseta de rayas, la guardó en el armario y apareció con un look más fashion y estrenando banda. El ex Sangre Azul Carlos Raya, Candy Caramelo y El Niño Bruno se unieron al grupo del que se fue no se sabe bien porqué Batiz y el Animal. Joe Blaney, que había producido los mejores discos de Andrés Calamaro, se encargó de la producción en detrimento de Inaki Uoho Antón. Pero pese a los cambios Fito sonaba igual. La evolución se centraba más en la profesionalidad del sonido que en el propio sonido. Algunos temas siguen la tónica de canciones anteriores hasta tal punto que a uno le parece haberlas escuchado antes. “Da igual, lo hace tan bien..” pensé. Poco después tocaba mano a mano con Calamaro y eso perdonaba todos sus pecados.
Creo que Antes De Que Cuente Diez es un buen disco, profesionalmente casi impecable. El sonido (pulido por un Joe Blaney que es más sabio por viejo) es tan limpio que abruma. Sus letras siguen buscando la frase brillante, marca distintiva de Fito (Yo me fui no se hacia donde, y yo solo me perdí / hay un niño que se esconde siempre detrás de mí) y reflejan su etapa de madurez personal, sus momentos más reflexivos vez superados sus problemas vitales.





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