Corría el año 2001 cuando en diversos foros musicales surgió la figura de Poncho K, un jovencísimo músico sevillano que contaba por entonces con apenas veinte años, y que, con una voz áspera y textos metafóricos y poéticos, sorprendió a propios y extraños, no sólo por lo precoz de su aparición, sino por lo cercano de su sonido a grupos relevantes como Extremoduro o Gérmenes.

Alfonso Caballero Romero comenzó su andadura en un grupo punky llamado Desacato, pero al poco de comenzar la banda se disolvió y fue entonces cuando decidió emprender su carrera en solitario. Se llamaría Poncho K. Su maqueta, Mejor Solo… Que Mal Acompañado, sonó por los garitos sevillanos hasta hacerse reconocible. En la capital andaluza, era un secreto a voces que una nueva hornada de cantautores rock estaba floreciendo.
BMG-Ariola, que por entonces vendía millones de discos, había dado con la gallina de los huevos de oro con el fichaje y posterior boom de Estopa, que aunque estilisticamente pueda parecer lejano, la maqueta de los de Cornellá no parecían tan diferente. Con Poncho K quisieron explorar un sector de la audiencia aficionada al rock urbano, al estilo de Extremoduro o Fito & Fitipaldis, que por entonces despuntaban en Dro. Para ello, financiaron el primer disco de Poncho K, No Quiero Empates, que salió a la luz en el año 2002, y que no obtuvo los resultados esperados.
Basicamente porque era un disco difícil de digerir aunque tuviera un componente de originalidad indudable. Poncho K consiguió mezclar rock de autor y momentos punk con música clásica, y es que a la mayor parte de los temas de su maqueta les agregó el sonido de la Orquesta Filarmónica de España. También colaboraron Albert Pla, Javier Limón o el Niño Josele entre un nutrido grupo de músicos que fue desfilando por un disco tan costoso como irregular.

Pero su inexperiencia a la hora de coordinar su primer disco -seguramente estuvo condicionado por las exigencias de la discográfica- la disimulaba con un descaro y arrojo impropios de su edad. Poncho tenía en mente irrumpir en la escena rock con un disco único e irrepetible. Por ello el añadido de la música clásica y la elaboración de unos textos que no eran sino un compendio de irreverencia juvenil, actitud macarra panfletaria y pluma de poeta. Poncho combinaba la rebeldía del recien llegado con la madurez del veterano.
De este modo, agarró su guitarra y ofreció varios conciertos promocionando su primer disco. Fue una minigira que lo llevó por las principales emisoras de radio y por pequeñas salas para dar a conocer su música. Conciertos acústicos. La guitarra y él, tan solo eso.
Poncho K no consiguió las ventas que esperaban en su compañía discográfica. Según diversas fuentes, No Quiero Empates apenas despachó 20.000 copias. Las malas ventas condicionaron su segundo disco, Destino De Pluma y Mano, que no contó con los medios necesarios ni en producción ni en difusión para el correcto devenir del mismo. Por ello acabó en El Diablo, aunque más tarde volviera con Sony.
En cualquier caso, del debut de Poncho K queda un buen puñado de canciones para el recuerdo. Blablabla, Duermes, Estoy, Me Voy, Sol Que Ausenta En Estiercol… son temas que calaron hondo en un sector muy determinado de público, aquellos jóvenes rockeros y punkis que apenas superaban la veintena y que conectaron con los textos poéticos de Poncho.
Esta fue la génesis de la carrera de Poncho K. El próximo martes el sevillano publicará su quinto trabajo de estudio, Una Historia Con Las Manos, disco que en cuanto a produccción pretende seguir la línea de su antecesor, el inspirado Cantes Valientes. En este enlace podéis escuchar un adelanto. Nada parece indicar que haya un giro de tuerca en su sonido, por lo que sus seguidores habituales estarán bien servidos. Sin embargo, la fórmula Montesinos evindencia síntomas de agotamiento. Necesita de viento fresco, savia nueva que potencie sus virtudes. De lo contrario, Poncho K corre el riesgo de estancarse.

Nota de Prensa sobre el nuevo disco:
El 13 de abril de 2010, Poncho K publica su nuevo álbum Una historia con las manos. Producido por Fernando Montesinos, este disco es por derecho la obra cumbre de la carrera de este compositor, su quinto álbum en el que eleva al grado máximo su esencio de “rock con pinceladas flamencas, poesía callejera”, como él suele decir.
Con una actitud de rock callejero, duro, independiente, y una altura en los textos muy poco habitual en la música española, Poncho K se ha asentado en un estilo del que se ha convertido en referencia, apoyado por un trabajo inagotable de conciertos y giras a pie de carretera. Poncho K es un creador elegido que derrocha inspiración en cada estrofa que pare sin conceder tregua a la mediocridad y eso es prestigio ganado canción a canción, noche a noche, verso a verso.
Canciones de Una historia con las manos:
1. Amor a cuentagotas “Que no, que ya no quiero un amor con cuentagotas. Mi paciencia no está rota, es que me cansé de dar abrazos a desconocidos… El cambio a una nueva etapa me renueva y me da otra expectativa más optimista ante la vida”, dice Poncho K de la canción.
2. Un golpe por seguir vivo “Destrocé la lección del abuelo buscando mi propia historia, aprendí a desmembrar entresijos leyendo un poco de historia… Para coger un nuevo camino tienes ke empezar por matar el pasado y buscar tu propio motivo”.
3. Una historia entre las manos “Déjame que te cuente una historia con las manos que te sepa a caramelo, que me estrelle con tu boca, que eyacule en tu barriga, que me siembre en tu agujero, que te grite como un cerdo… A un amor ke deja huella siempre se le escribe una canción”.
4. Manolito Caramierda “Prepara el cazo y amarillea la habitación, otro lonchazo le pone la pila y lleva en la mente la cara de 20 que en la clase es un pringao y está harto de escuchar: Manolito er Caramierda…
Una historia aparentemente cachonda pero ácida en el fondo, porque no está tan lejos como pensamos, aunque espero que lo llegue nunca”, dice Poncho K del tema.
5. Pistolas “Corro sin tregua y no escucho revueltas, si no paro es por los palos que me han vuelto majareta. Sé bastón en mi camino y faro que nunca encuentro… La búsqueda de mi yo después de una decepción“.
6. Con Laureles “Me gusta que que no duermas sola y a media noche desvelarme, pegarme un roce de espalda y acurrucarme, sabiendo que por la mañana me va a mirar con cara larga.”
7. El último sol “A la vuelta de la esquina estaba ayer corriendo como un descosido, pensando que se iba la vida, si ya no hay templos que me aguarden ni jaleo en este antro para tomarme otra copa.” mandolinas y voces a cargo de Rubén Pozo de Pereza “Una noche de parranda en la que se me vienen ráfagas de responsabilidad por la moral impuesta desde el principio de mis días”.
8. Punki gitano “Soy huracán de pasiones, rabia incandescente que no se conforma con mirar desde el otro lado del puente… Pasión desbokada por reivindicar una forma de kerer desde las mismas raíces”.
9. ¿El tren de la rendición? “Mientras se derrumba el mundo me lavo los dientes. No quiero oír más rumores que apaguen los soles de mi porvenir”, con la aparición de María Malapinta “Soy siempre yo el que marco mi vida sin patrones, sea komo sea”.
10. Estrépito “Buscando un pedazo de tierra que le de rienda suelta a mi rabieta, como un gallo peleón… La reflexión de una tarde cualkiera desde mis ojos diminutos mirando al mundo”.
11. El ojo en el ladrillo, una canción emocionante, un homenaje a Marcos Ana, poeta salmantino de 90 años y uno de los símbolos de la lucha antifascista, que al final del tema recita un fragmento de su poema Micorazón es patio: “Soñé que el mundo era un redondo espectáculo envuelto por el cielo, con ciudades y campos en paz, con trigo y besos, con ríos, montes y anchos mares donde navegan corazones y barcos. Pero el mundo es un patio donde giran los hombres sin espacio”.
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