Si hay un grupo cuya historia me parece absolutamente fascinante, ese es, sin duda, Pink Floyd. Un grupo que simboliza las grandes características del rock. Experimentación, búsqueda, visceralidad, mundialización, decadencia… etc. Un grupo que ha tocado el cielo con sus dedos y que ha vivido, al mismo tiempo, grandes tragedias, un grupo que pasará a la memoria colectiva por lo realmente importante, sus trabajos.
Desde su nacimiento en Cambridge ya se adivinaba que la banda tenía futuro. Desde sus primeras influencias de Jazz, Soul y rock más tradicional hasta su famosa complejidad en las composiciones que lo alzan a grupo de reconocimiento mundial, la verdad es que Pink Floyd consigue ir esquivando encasillamientos y hacerse un hueco en el olimpo. Podemos ubicarlo en el principal referente de Rock Progresivo, aunque claro, también es un rock onírico, visual, oscuro, psicodélico, sinfónico o instrumental, dependiendo del oyente al que le preguntes.
Sus seguidores se dividen entre los que creen que sus mejores obras son las de mayor reconocimiento mediático y más ventas, "The Wall", "Dark Side on The Moon" y "Wish You Were Here", y los que opinan que sus mejores momentos se encuentran entre sus obras más inadvertidas, ya sea el primerizo "The Piper at the gates of Dawn", "More", o "Animals", por poner un ejemplo.
Lo cierto es que antes del reconocimiento que sus trabajos, el público y el tiempo le han otorgado, la estrella Pinkfloydiana emergió de una figura con nombre propio: Syd Barret. El primer líder de la banda comenzó su andadura junto a Bob Klose, Richard Wright, Rogers Waters y Nick Mason. Dos años después, la salud de Syd Barret empeoró debido a su adicción al LSD, y fue dejando la banda poco a poco hasta recluirse en un mundo personal, solitario y afectado por la esquizofrenia. Ni que decir tiene que tuvo que dejar la banda. Su drama es tan intenso como la marca que dejó en sus compañeros, que no dudan en repetir una y otra vez la influencia de Syd Barret en su posterior obra. Incluso alguno de sus temas más populares están inspirados en su figura.
Y todo esto viene a que hace poco he visto un documental sobre su vida, The Pink Floyd And Syd Barret Story, realizado en el año 2003, y que relata la vida del que podía haber sido un genio a nivel musical y que ha dejado simplemente retazos de su capacidad como músico. Todo gracias o por culpa de la droga. Una historia que te pone los pelos como escarpia y que sirve de trampolín para profundizar en los primeros trabajos del grupo. Cuenta con información de primera mano, entrevistas exclusivas y un pequeño análisis musical.
Absolutamente imprescindible.
Scriers.





