Scott Pilgrim. Cuestión de feeling

Está media tebeosfera rendida a los pies de Scott Pilgrim (que muchos consideran el tebeo del año) y sinceramente, me sorprende tanto revuelo. En mi opinión no deja de ser un tebeo ingenioso y divertido que pasaría desapercibido en cualquier otra época si no fuese porque tiene el don de la ubicuidad, nacido en el momento oportuno y leído por la generación precisa. Intenta empatizar con la generación Ipod actual a través de unos relatos costumbristas -conducidos únicamente por diálogos- desacomplejados y creíbles que cuentan el día a día de Scott Pilgrim, un joven al que poco parece importarle salvo su grupo de rock y sus relaciones con las chicas, por otra parte algo bastante normal en un chico de 23 años.
Es la habilidad de Bryan Lee O´Malley de retratar la juventud occidental en su mismo lenguaje su principal acierto, pues un joven lector puede sentirse identificado con cualquiera de los personajes que pasan por sus páginas. Scott Pilgrim no deja de ser un ‘slice of life teenager’ en clave de humor y autoparodia, con elementos surrealistas como las batallas a lo Mortal Kombat y una capacidad ilimitada para no tomarse en serio a si misma. Una espontaneidad que agrada y que si te sientes en la misma onda, conseguirá engancharte a poco que te descuides.El problema aparece cuando no conectas con el personaje y su entorno, cuando no te sientes identificado.
Recuerdo que la Generación X (aquella de finales de los ochenta y principios de los noventa) tuvo a Odio de Peter Bagge como su comic de cabecera. La generación posterior, más deprimida y nihilista si cabe, se decantó por Ghost World de Daniel Clowes para autoidentificarse. Y ahí existe un vacío temporal hasta la fecha, pues pocas obras han sabido captar la esencia de una generación como la actual, sobresaturada de información, permanentemente conectada entre si gracias a las nuevas tecnologías (hoy omnipresentes) y con una gran necesidad de saber comprender y transmitir sus propios sentimientos. Y quizás Scott Pilgrim desde su humilde perspectiva intente cubrir este hueco y entenderse con la Generación Ipod sin procurar mucho más allá de congeniar. O quizás sea la simple visión de Bryan Lee O´Malley de los tiempos que corren.
El caso es que Scott Pilgrim está coleccionando lectores a uno y otro lado del charco, acumulando premios y vendiendo ejemplares por doquier (200.000 tan solo en EEUU). Incluso Hollywood ha caído en sus redes y ya ha anunciado su adaptación cinematográfica para el 2010. Un éxito arrollador para un tebeo que evidencia simpáticos aciertos, pero que dista mucho de ser una obra de referencia del noveno arte.
No obstante, conectar o no con Scott Pilgrimm puede reducirse a una mera cuestión de edad, de empatía. Yo no me encuentro en sus páginas ni en sus aventuras, lo que no quiere decir que estas no sean divertidas. Aunque sin el feeling generacional la obra de O´Malley pierde sentido.
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