Revisando clásicos: Cotton Club de Francis Ford Coppola

Desde hace un par de meses vengo comprando la revista El Semanal que acompaña al ABC. Se puede adquirir sin el periódico y por 1,50 euros (creo que cuesta) te llevas a casa un magazine de actualidad y un dvd. Normalmente las películas no suelen ser gran cosa, pero de vez en cuando se cuela alguna que puede sorprenderte. Títulos como Monster Ball o Bailando Con Lobos bien merecen la pena tenerlos, por si algún día apetece revisarlos.
La pasada semana acompañaba a la revista Cotton Club, una película de Francis Ford Coppola que no conocía, pues la extensa filmografía de este supera la veintena de títulos y mis conocimientos cinéfilos. El caso es que descubrí una divertida película que homenajea a la música de la década de los 20 y los 30 en EEUU.
Al hilo de impresionantes shows musicales, Coppola cuenta la evolución de uno de los night club de jazz más distinguidos de Harlem (New York), un club regentado por mafiosos que se sirve de artistas negros para entretener a un público blanco. Era la época de la Ley Seca norteamericana.
No existen protagonistas claros, sino que narra las andanzas de un elenco de variopintos personajes a través del tiempo. Lo hace con ritmo y elegancia, sin que el film decaiga en sus más de dos horas de duración. La teatral puesta en escena y una magistral dirección artística teletransporta al espectador a esa noche americana donde cohabitaron artistas, gangsters, cabareteras y demás fulanos nocturnos, todos ambiciosos por ascender en su escala social. El brillante reparto, comandado por un correcto Richard Gere y una tremenda Diane Lane, cuenta también con Nicolas Cage, el mismo Tom Waits o Gregory Hines como nombres reconocibles de una larga e interminable lista de actores y extras.
Coton Club fracasó en Hollywood. Dividió a la crítica y pasó con más pena que gloria por la taquilla. De los 50 millones de dolares de presupuesto apenas recuperó 25. Coppola, que había invertido mucho de su tiempo, trabajo y dinero, comprobó atónito como uno de sus proyectos más personales no obtuvo la recompensa esperada. Sus pérdidas económicas lastraron sus bolsillos y tuvo que recuperar la inversión con la tercera entrega de El Padrino. Además, anduvo todo el rodaje discutiendo con su productor, Robert Evans, pues el presupuesto se disparó tanto que la productora comenzó a mosquearse. Según Evans, el hecho de que Coppola rechazara el guión inicial llevado a cabo por Mario Puzzo y otros pocos que vinieron después, disparó los costes de producción. Además. movilizar y coordinar a tantos extras resultó enormemente caro. Las malas lenguas cuentan (y parece ser verdad) que Evans acudió a inversores que resultaron ser mafiosos reales. El caso es que Coppola tardó en recuperarse del duro traspié y Hollywood no volvió a confiar en él.
El revés sufrido pudo tener varias explicaciones. La más compartida es que Coppola no se decantó por ningún género. Quiso hacer un conglomerado de ellos y la mezcla resultó inverosimil. Musical, drama, cine negro, comedia. Todos y ninguno. Quizás le faltó emoción y le sobró ambientación. Se empachó de teatralidad y olvidó pulir a los personajes. O simplemente el público no entendió una propuesta tan poco convencional.
Sin embargo, a toro pasado, Cotton Club envejece con dignidad. Posiblemente si en los tiempos que corren apareciera una película de estas características arrasaría en taquilla. Ya lo hizo Chicago y tampoco mejora las prestaciones del film de Coppola. Caprichos del destino.
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