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Revisando a Allen. Balas sobre Broadway.

Redactado y publicado por el Lunes, 2 junio 2008No hay comentarios

Woody Allen Balas

Hablar de Woody Allen es referirse a un genio, a una leyenda viva que todavía parece tener cuerda para rato y que nunca dejará de sorprendernos. Creo que ninguna de sus películas ha tenido espacio en este blog, quizás por el respeto que me produce su obra.

Reconozco no ser seguidor habitual del newyorkino. Habré visto unas seis o siete películas de su filmografía. Simpatizo más con aquellas en las que no aparece como actor y se dedica exclusivamente a dirigirlas. Su típico personaje histriónico, charlatán empedernido y neurótico que suele interpretar a modo de autoparodia me exaspera enormemente. Sin embargo, su innata habilidad como director me fascina, esa capacidad de hacer que todas las piezas encajen y quede bonito. Una de cal y otra de arena.

Ayer pude ver Balas Sobre Broadway, una alocada comedia situada como su propio nombre indica en el Broadway de los años veinte, donde David Shayne, un guionista y director teatral de poca monta presenta a su productor su última obra refiriéndose a ella como “su gran obra maestra“. Con el apoyo financiero de un poderoso gangster, la obra se pone en marcha con la condición de que la novia de este señor, Olive, aparezca en las tablas con un papel de relevancia. Shayne accede a sabiendas de que esta es una pésima y consentida actriz, y comienza a darle forma al reparto, que quedará formado por una famosa y veterana actriz venida a menos, un maduro, reputado y glotón actor de elegancia inglesa, y una dicharachera actriz secundaria siempre acompañada de su desquiciante perro. Un estrambótico reparto que dirigirá Shayne, que no acaba de darle forma al guión y acaba por recibir la ayuda del guardaespaldas de Olive para ponerle fin a este.

Esta disparatada trama, que combina la comedia con escenas propias del cine de gangsters, sirve a Allen para contar desde su mordaz punto de vista la superficial realidad del mundo del espectáculo tratado desde un prisma humorístico. Magistral en el tratamiento y la caracterización de los personajes así como en el desarrollo de la historia, Allen consiguió con esta película siete nominaciones a los Oscar (aunque finalmente sólo consiguió la estatuilla Dianne Wiest como mejor secundaria) y un fuerte respaldo de crítica y público.

Para la ocasión Allen eligió como protagonista a John Cusack (Alta Fidelidad) para otorgarle el papel que suele interpretar él mismo. Este consigue transformarse en un doble de Allen, mucho más joven y creíble, en una buena imitación del personaje. Los demás actores cumplen sobradamente, en particular Chazz Palminteri, en su clásico papel de mafioso.

Los seguidores de Los Soprano también verán caras conocidas en el reparto.

Pero el punto fuerte de la película, como no podía ser otra forma en un trabajo de Allen, reside en los ingeniosos diálogos. Algunos realmente desternillantes. Toda una muestra de originalidad y humor hilarante e inteligente. Ayudada por una ambientación muy lograda de los años veinte americanos, esta comedia apenas se le puede sacar algún defecto. Hasta la música es espléndida, con una banda sonora apropiada y que marca el ritmo de lo sucedido.

Huele a comedia clásica por los cuatro costados y acaba siendo una de las grandes obras maestras de este autor. El espectador, si es amante del cine clásico, dibujará a lo largo del metraje una sonrisa en el rostro, garantizado. Casi tan buena como La Rosa Púrpura Del Cairo. Casi.

Andrew Zimmerman