Pereza en San Fernando. Rock & Roll, trampas, y dos chulos arrogantes.
San Fernando, 6 de Agosto, verano del 2008. Tanto calor como aburrimiento. Ahí íbamos nosotros, al concierto de los Pereza a ver que tal. El clan imposible (Eterno Viajero, Scriers y un servidor) y varios amigos que nos acompañaron repartidos entre uno y otro coche. Decir de antemano que a Scriers hubo que emborracharle para que entrara al concierto. Su exquisitez no le permite tales sacrilegios. La larga cola para entrar al recinto nos descubre el público potencial; un ochenta por ciento de quinceañeras en celo, un diez por ciento de jovencitos clones de Leiva y Ruben, y otro diez por ciento inclasificable. Si hubieran hecho el clásico corte de los conciertos de hoy día situado en los 18 años Pereza se arruina, no le saldría rentable el asunto.
A mi los Pereza me gustan, sobre todo su último disco, que tiene un deje Beatles interesante. Los dos primeros ya dije que no me entusiasman tanto.
El hecho es que comprobando el panorama entrar a divertirse sin complejos era lo más sensato. Y así entramos, como un elefante en una chatarrería, a pasarlo bien. Con menos de media entrada, unas 2000 personas, Pereza abrieron con “Manager” una noche de rock sin reparos, con múltiples guiños a los clásicos. De este modo, homenajearon a los Beatles en “Beatles”, a Extremoduro enlazando “Ama, Ama y Ensancha El Alma” en el tramo final de “Pienso En Aquella Tarde”, o a Piratas haciendo lo propio con “Promesas Que No Valen Nada”, insertada en “Todo”. De su repertorio destacaría la melódica “Dos Gotas” como momento especial de la noche.
Sería impropio no mencionar su inteligente puesta en escena. Los Pereza saben venderse muy bien, sabios conocedores de la fuerza arrolladora que la imagen proporciona no dudan en convertirse en guitarreros macarras. La actitud y la pose rockera stoniana como elemento promocional o como referente actitudinal. El caso es que ellos se lo creen, las chicas también, y un servidor respeta el acuerdo. Siempre va haber grupos propios de la radiofórmula que encandilen a la audiencia más joven, elegir una base melómana tan respetable (Stones, Beatles, Extremoduro, Loquillo, etc) y ponerla en práctica parece hasta arriesgado en una audiencia más pendiente del último tatuaje de Leiva que de corear las versiones propuestas. En cualquier caso, que sirva para educar algunos jóvenes oídos.
Una anécdota que se precisa rescatar, el momento en el que Ruben sale a escena con unas plataformas hasta las ingles y un pañuelo rojo al cuello. “La puta más barata de todo Madrid” comentaba Leiva. Impagable.
El concierto pudo servir para constatar dos hechos irrefutables, uno, que estos madrileños progresan a buen ritmo sanamente influenciado por grupos incontestables que deben marcarles el camino, y un segundo mucho más evidente, que ya no estamos para estos trotes, y que otro concierto como este puede despertar en un servidor la más profunda de las perezas.
Andrew Zimmerman



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