Nebraska. El gris brillante de Springsteen.

El año que yo nací, 1982, Bruce Springsteen llevaba ya casi una década de carrera musical a sus espaldas, habiendo publicado cinco discos, entre ellos los célebres Born To Run (1975) y The River (1980). La crítica lo había erigido como el nuevo songwriter americano, el gran abanderado del rock urbano estadounidense, el sucesor de un Bob Dylan sumergido en una crisis musical y personal.
Los días de pletórico rock and roll se sucedían y Springsteen y su E Street Band impresionaban cada vez más en sus conciertos a lo largo y ancho de la geografía norteamericana y parte de Europa.
Tras terminar la extensa gira que acompañó a The River, The Boss se encerró en su casa a componer y grabar canciones. Utilizó para ello una vieja grabadora de cuatro pistas con la que grabarse a si mismo. El sonido era exageradamente minimalista. Ahí estaba Bruce con su guitarra acústica y su armónica, desnudo, íntimo, cercano, maravilloso. Poco después regrabó estas maquetas con la Street Band para su posterior edición en disco. La grabación no terminaba de convencer ni a Sprigsteen ni a Mike Batlin, su ingeniero de sonido. Decidieron prescindir de su acompañamiento tradicional y trabajar directamente sobre las grabaciones originales. Springsteen se bastó y se sobró con él mismo. El resultado se traduce en una colección de canciones desgarradoras, melancólicas y poéticas.
Nebraska es un disco tan triste como honesto. Springsteen retrata un época difícil de la América más profunda, los primeros años de Reagan, la Guerra Fría y sus temibles tensiones internacionales, la crísis económica del país..etc. EEUU era una población crispada que comenzaba a desconfiar del sueño americano. Canciones como “Highway Patrolman” o “Johnny 99″ son buena prueba de ello. Otros temas como “”My Father House” tienen un componente más nostálgico y alguno como “State Trooper” el inconfundible sello del fracaso. Encontramos de este modo la faceta más descriptiva de Springsteen, la de un excelente narrador de relatos e historias cortas, prodigioso a la hora de captar la esencia de la América profunda. Una música que nos traslada a cualquier estado fronterizo estadounidense, ese ambiente que tan magistralmente supieron recrear los hermanos Coen en “No Es País Para Viejos” pero trasladado a la música con un rock con aires tejanos.
La descriptiva propia portada del disco es tremendamente significativa. En ella podemos ver una instantánea realizada desde dentro de un coche que circula por una carretera desértica y desoladora, con un cielo gris al fondo cubierto de nubes y un parabrisas con rastros de nieve. Refleja el desaliento reinante en el disco, la nostalgia, ese aroma a día lluvioso y húmedo, a cansancio generalizado.
Springsteen tuvo con Nebraska unos más que discretos números en cuanto a discos vendidos. Sin embargo, cosechó elogios por parte de muchos críticos y compañeros de profesión, despertando la admiración de muchas generaciones posteriores. Bruce se doctoró como escritor de canciones.
Y una última peculiaridad. Resulta curioso que un disco tan pesimista como Nebraska termine con la simpática “Reason To Believe“, que podemos traducir como “razón para creer”. Un bonito guiño de despedida de un genial Springsteen que escribió una página mayúscula de una discografía superlativa.
Andrew Zimmerman


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