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Namor, en las profundidas de la mente

Redactado y publicado por el Jueves, 29 julio 2010No hay comentarios

Llevo una relación discontínua con los cómics por culpa de los libros. Así, solo cuando regreso a Jerez, me paso por El Último Hogar y me compro algunos cómics, siempre en formato único y autoconclusivo. El último, una recomendación de su propietario y amigo, “Namor, en las profundidades”, levantaba todas mis sospechas (en sentido negativo). Desde el guonista, Peter Milligan, a ese dibujante que parece una mala copia de Alex Ross, Esad Ribic, me sonaban a mala inversión. Tenía frescas algunas malas experiencias. El cómic tenía pinta de encargo y me enfrenté a él casi por obligación, por no hacerle el feo a mi buen amigo.

Pero una vez más, mis prejuicios fueron erróneos. “Namor, en las profundidades” es un cómic de género, inmiscuido en el camino que va del suspense al terror psicológico, con una estructura sólida y que se asienta en la antagonía ciencia-fe, fe-ciencia. Ese es el tema, ¿creer o no creer? El plot, que es muy sencillo y mil veces ha sido empleado hasta la fecha (quizás, este sea su punto más deficiente), habla de una expedición submarina que acude a la llamada de socorro de un submarino anteriormente perdido en las profundidades. Para liderar esta expedición, los responsables gubernamentales contratan al aventurero Randolph Stein, un experto en demostrar que la inexistencias de mitos y la peligrosidad de la mente humana como creadores de monstruos. Científico hasta la muerte, Randolph tendrá que enfrentarse con su tripulación, marinos de toda la vida que creen en la leyenda de Namor, el príncipe de Atlantis.

Pese a que suena a refrito y recuerda a Esfera, Alien o incluso Horizonte final, lo cierto es que el cómic me ha hecho pasar un buen rato gracias a una de las virtudes que siempre les valoro a determinadas obras: La paciencia. Este cómic se toma todo el tiempo del mundo para construir una tensión, una intriga, un conflicto y una solución. Y así, ves como este submarino va, poco a poco, metiéndose en la boca del lobo y enfrentando dos amenazas igual de terroríficas: La que tiene que ver con la influencia de las bajas profundidades en el ser humano (la presión del oxígeno, los miedos y ánimos alterados) y la propia amenaza de Namor, el gran protecto de Atlantis, que no dudará en hacer lo que sea para salvaguardar su pueblo.

Otro acierto del cómic: A Namor apenas se le ve, casi ni aparece. Pero sin embargo, está siempre presente. Cede el protagonismo pero sin perderlo del todo. Eso es un recurso enorme para generar tensión. Y lo consigue, uno llega a temer por esa expedición y hasta se pone nervioso. También destacaría la reflexión moral de fondo que trata el cómic, el cómo algunas ideas están tan interiorizadas que no las cambian ni las circunstancias, protegiéndose de cualquier manera. Es simple sí, pero es que el cómic saca partido a todas sus piezas encajándolas con coherencia y buen hacer. Hasta el dibujo me apasiona al final del mismo.

He leído muchas críticas hacia este cómic, algunas feroces. No creo que se trate de innovar ni que este cómic lo pretenda, tampoco es un ejercicio para recuperar a Namor de su ostracismo. Este cómic no está para eso, persigue otras cosas, tiene más de relato que de cómic de superhéroes. Y por lo que pretende y se aventura es por lo que tiene que responder, no por una cosa que no es ni quiere llegar a hacer. Y en ese sentido, el cómic responde óptimamente y funciona, y además, me hace entender nuevamente que de prejuicios no puede vivir el hombre. Un acierto.

Scriers.