Literalmente copio el título de un breve artículo aparecido la semana pasada en el País. Y es que dentro del selecto grupo de noticias culturales, se colaba un artículo dedicado a Alan Moore, el célebre guionista de cómics, gran escritor y mejor narrador que hizo del cómic un vicio adulto, le dio alas, le inyectó vitaminas y lo dejó andar solo. La madurez del medio lleva su nombre. Muchas de las mejores obras jamás escritas llevan su firma. Que recuerde aquí reseñadas, La broma asesina, algún comentario esporádico de Andrew Zimmerman sobre Watchmen (que por cierto nos invade las tiendas en formato abolute con nueva traducción) y poco más. Supongo que en el subconciente colectivo flota la sensación de que ya está todo escrito sobre su obra, todos reconocemos que es una trayectoria implacable y magistral y no hace falta darle más vuelta a la tortilla, pues ya está en su punto.
Pero la reseña a continuación no gira en torno a la faceta seria del autor, esas eternas obras maestras, sino en la que más se divierte. Es decir, en La Liga de los Hombres Extraordinarios, cuya segundo volumen ha sido editado después de mucho tiempo. ¿Ha merecido la pena la espera?

Pues sí. Y mucho. El tomo recoge la segunda gran saga de las aventuras y desventuras de estos míticos héroes de la literatura clásica, en la cual se enfrentan a una invasión alienígena al más puro estilo "La Guerra de los Mundos", de Herbert George Wells. De hecho, tanto físicamente como en la manera de actuar, la referencia queda bastante clara. Tampoco se pretende disimular, dicho sea de paso.
Los protagonistas son: Miss Murray, la protagonista del Drácula de Bram Stoker, Allan Quatermain, mítico explorador inglés protagonista de Las minas del rey Salomón, Nemo y su inseparable Nautilus (20000 leguas de viaje submarino), Mr Hyde, del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, y finalmente, Hawley Griffin, que no es, ni más ni menos, que el Hombre Invisible. La idea, según ha confesado Moore en algunas entrevistas era realizar un supergrupo al estilo 4 Fantásticos o Vengadores ambientado en la época victoriana.
Y el resultado de la apuesta es espectacular. No sólo por la facilidad con la que Moore adopta personajes emblemáticos hasta el punto de hacerlos propios, sino, porque el grupo, a su peculiar manera, funciona. Tomando como jefa de operaciones a Miss Murray, y seguramente debido a la caballerosidad típica inglesa, miembros tan dispares y en ocasiones enfrentados, asumen el liderazgo de esta mujer, una mujer de armas tomar con un caracter indomable. La mano derecha Quatermain, el más cuerdo de todos, y el resto de miembros demasiado tienen con enfrentarse a sus propios demonios o con confabular estratagemas que les beneficie personalmente. Moore se divierte, hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere (la historia está plagada de licencias de órdago) y encima lo hace bien. Se nota que es un enamorado de la literatura y se nota que se encuentra agusto recreando historias con estos personajes a su mero gusto.
Así Moore se ríe un poco de Inglaterra y de sus intocables, y teje un cómic impregnado de literatura, divertidísimo y bien apoyado por el impresionante trabajo en el apartado gráfico de Kevin O´neill, que recrea a los personajes como si estuviera conectado a la mente de Moore, liberándolos de tópicos y dotándoles de imperfecciones por todos lados (desde la monstruosidad de Hyde tipo "la Cosa" hasta las cicatrices de Quatermain y Murray. Algunos Flash Page son, también, espectaculares e imprescindibles.
Por si fuera poco Planeta se porta añadiendo un relato posterior a la historia aquí presentada (nos situará de lleno en el tercer tomo), así como múltiples pasatiempos, portadas, pin ups y material diverso. Todo un lujo.

Venga, a la de tres: More Moore! More Moore! More Moore!
Scriers.





