Microrrelatos (II) Navegando entre montañas
Navegando entre montañas, a través de aquella ventanilla, pude divisar como el ala derecha del avión emitía una frondosa cortina de humo negro. Parecía, en primera instancia, el confuso resultado del “Jet lag”, de la fase R.E.M superando la vigilia, de las largas y recientes noches en vela sabiéndote a la espera de que mi aliento empañara tu nuca. Me levanté, tambaleándome, pidiendo permiso para alcanzar el pasillo del avión. El resto del pasaje permanecía tranquilo, envuelto en una asentada calma. Desde mi posición, seguía distinguiéndose ese espeso humo color carbón. Esquivé una azafata de vuelo que tenía tus mismos ojos y alcancé la tripulación de cabina. Una lluvia de brazos intentó retenerme pero, con violencia, logré zafarme de todos ellos. Muchas preguntas inundaban el ambiente desde ese mismo instante. “¿Dónde va? ¿Pero qué hace? ¿Está usted loco? ¿La ama o no la ama?”. “¿Es que no lo veis? ¡¡El avión está en llamas!!” contesté gritando, después de abrir de una patada la puerta de la cabina de pilotos. Entonces, uno de los pilotos giró la cabeza y exclamó: “¿Es que no lo ve? ¡Sólo le queda rezar!” Quedé petrificado. Luego permanecí de cuclillas, pues ya no tenía sentido retroceder. Sentí un infierno ardiendo a mis espaldas. Te añoré más que nunca desde el mismo momento que supe mis días acabados. Y entonces comprendí que sí quería casarme contigo.


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