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Memoria De Mis Putas Tristes. La vejez según García Márquez.

Redactado y publicado por el Viernes, 18 abril 2008No hay comentarios

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Recuerdo que cuando era un chaval rebuscaba libros en las estanterías de mi padre con la esperanza de encontrar alguno que me ocupara las horas vacías en casa. Un día, entre una multitud de obras, escogí “Cien Años De Soledad”. Unas cuantas páginas me bastaron para decidir que ese tipo de libro no era el que buscaba, pues no tenía ni el estilo ni la temática adecuada para mis gustos de por aquel entonces. Debía tener unos catorce o quince años.

Una década después me he atrevido, por fin, con una obra de Gabriel García Márquez, pero me he topado con su último libro publicado, “Memoria De Mis Putas Tristes”.
Reconociendo mi simpatía por personajes mundanos liberados de misticismo u otras parafernalias, encontrar como protagonista a un anciano de 90 años, todavía escritor de una columna periodística, me parecía de un indudable atractivo. Es curioso, pero los tres últimos libros que he leído tenían como protagonistas a escritores, con lo que ya va siendo hora de cambiar de tercio.
A lo que íbamos, Memoria De Mis Putas Tristes recoge las memorias de un escritor que acaba de cumplir noventa años, y que reconociendo estar próximo a la muerte, decide darse un homenaje carnal encargando un encuentro con una prostituta virgen.

Narrado en primera persona, la prosa de García Márquez resulta sencillamente abrumadora. Tal perfección en el uso del lenguaje le da a uno la impresión de estar leyendo a un maestro de maestros que parece tener la palabra precisa en el momento oportuno. Ni una palabra desentona. Elegante hasta la médula, el autor es capaz de confeccionar un relato ambientado en prostíbulos, con varias escenas sexuales y personajes de la clase más humilde, sin usar ni una sola palabra malsonante, y no por ello pecar de cursilería. Eso sí, utilizando un castellano clásico, con antiguas palabras hispanoamericanas que hacen todavía más realista las memorias del anciano protagonista. En cualquier caso, la prosa de García Márquez roza lo sublime.

Esta pequeña novela, que apenas tiene un centenar de páginas, no deja de ser un canto a la vida, una reflexión acerca del pasar de los años y de cómo asumir la cercanía de la dama negra. Un relato que describe a un personaje que a sus noventa años descubre el amor verdadero no puede significar otra cosa que no sea una apología de la vida.

A su vez, es un ejercicio de melancolía a través de los ojos de un anciano que cuenta, con humor inteligente, su vida pasada la noventena. Las páginas desprenden el aroma de una vieja fotografía de color sepia, esconden una mirada nostálgica bajo la sabiduría que atesora la experiencia que te da el pasar de los años. En el fondo, estas memorias tienen un optimismo rebosante.

Una excelente toma de contacto con García Márquez aunque me haya dejado un poco anonadado con su magistral prosa. Siendo una obra menor del autor, es un libro interesante, que se lee de un plumazo y que deja un magnífico sabor de boca. Lo curioso de todo esto es que me ha quedado una sensación de que esta pequeña obra, redonda como pocas, parece haberla escrito sin ni siquiera despeinarse, con ese talento innato que sólo tienen unos cuantos elegidos. Envidia cochina.

Andrew Zimmerman