MClan, Memorias De Un Espantapájaros. Los Murciélagos lo bordan.

Conviene olvidar viejos prejuicios y someterse a un pequeño proceso de lobotomía para hacer frente a "Memorias De Un Espantapájaros", de los murcianos MClan. Tradicionalmente, los murciélagos se han movido entre los entresijos del mainstream patrio y la vieja escuela rockera, influenciada por el rock anglosajón de las décadas de los setenta y ochenta, rollingstones y demás viejas glorias que siempre tenemos presentes.
Poco se le perdona a los MClan, en la memoria de los más críticos apenas tiene cabida el perdón, y Carolina y Maggie sobrepasaron el límite de los más sibaritas, que perdieron el interés a partir del Sin Enchufe, puede que incluso antes. Después de sus últimos pasos (Defectos Personales y Sopa Fría), el porvenir de la banda no era demasiado halagüeño, más bien todo lo contrario, casi desesperanzador. Afortunadamente, musicalmente no existe un guión establecido y peores aves fenix se han visto volar.
Este renacimiento quizás tenga un nombre propio, Carlos Raya, o no, puede que todo se reduzca a pura actitud. El discurso cambia, la preponderancia a tener ojo avizor a las estadísticas parece olvidada y sustituida por una madurez que les aporta seguridad. No es un adjetivo al uso, Mclan parece haber envejecido una década con este nuevo trabajo. Con el "que dirán" olvidado y superado, la propuesta adquiere convicción y contundencia.
Pero centrémonos en sus principales virtudes, en el porqué de este giro de tuerca, hablemos de la producción del disco. Un ex-Sangre Azul que camina entre el heavy y el rock clásico se hace con el timón de un barco que ni Alejo Stivel ni Nigel Walker había conseguido domar contra la marea. Y lo hace provocando una sensación de "dejar hacer" muy apropiada para la banda, sobre todo para una formación que prescindió de Santi Campillo por diferencias conceptuales y en la que la enorme lucha de egos trajo consigo al propio Raya, recibido como nuevo guitarrista del grupo. En "Memorias De Un Espantapájaros" el ya conocido "Sonido Raya" se hace omnipresente, la producción gana enteros por su sonido limpio y claro, una aportación compositiva que ya tiene señas claras de identidad predominando los sonidos oscuros pero pulcros, una estética rockera de corte eléctrica caracterizada por sus riffs endiablados, los punteos marca de la casa y el inimitable uso de la guitarra slide.

A pesar de todo, el llamado "Efecto Raya" no se distingue como la principal novedad del disco, si no más bien supone una evolución continuista a su incorporación a la banda. El mayor logro del sexto disco de estudio de Mclan reside en su resurgir compositivo. Melodías y textos alcanzan una nueva dimensión en cuanto a calidad se refiere. De repente todo encaja, todo parece seguir un patrón, una sorprendente coherencia literaria y musical que extrañará a propios y extraños. Tarque parece dejar atrás algunas de sus insulsas y triviales composiciones para firmar unos escritos muy dignos, adultos y pegadizos, para nada sonrojantes, que acallarán muchas voces, sobre todo la de aquellos que valoren las letras por encima de todo. El que siempre fue el talón de Aquiles de la banda murciana se convierte, por primera vez, en un arma afilada que hará de este disco, el mejor de su discografía.
La misteriosa, triste y desoladora portada es un fiel reflejo de la alta carga sentimental que encontramos en el disco. Desde el single al último tema, las letras están cargadas de nostalgia, desengaño y melancolía. Parecen ser escritas en un angustioso estado de aflicción, pero sin dramatizar, más bien de un modo adulto, con resignación tal vez. Echando mano de una palpable simbología, Tarque por fin puede librarse de la etiqueta de mero vocalista para licenciarse como letrista, sin complejos, con la cabeza bien alta, pero sin descuidar de ninguna manera la faceta que le ha llevado a ser la mejor voz del rock patrio, su dominio de los registros vocales resulta sencillamente envidiable.
Toda esta atmósfera viene perfectamente acompañada por el majestuoso diseño gráfico del album. A una de las mejores portadas conocidas podemos sumar el diseño del libreto, elegante donde los haya. Thoman Canet y Ana Maynero merecen una mención aparte por un trabajo de una categoría sobresaliente. Es sin duda otra forma de luchar con la piratería, con tácticas puramente artísticas. El público podrá obtener el cd de un modo u otro, pero para disfrutarlo al completo se precia comprarlo original, no hay excusas que valgan.
Ya ven, ni siquiera hemos tenido que centrarnos en desengranar el album tema por tema, con los grandes discos no es necesario tal ejercicio. Como mencionamos antes, en "Memorias De Un Espantapájaros" no falta ni sobra nada, todo está en su sitio, bien colocado. El sorprendente renacer del clan de los murciélagos puede tener varias respuestas; una madurez tardía, el haber encontrado su sitio libres de presiones públicas y discográficas, o un simple y oportuno cambio de ciclo. Pero en gran medida la resurrección se debe a la correcta interpretación de un lenguaje universal de sobre conocido, el lenguaje del Rock and Roll en estado puro, un motivo tan sincero como sencillo. Bravo murciélagos, lo habéis bordado.
Andrew Zimmerman


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