Hablemos de una de las reediciones más esperadas de este año 2008 hecha realidad por Panini: Arma X de Barry Windsor Smith.
Primero, ¿Por qué es una de las reediciones más esperadas? En primer lugar porque trata el supuesto origen de uno de los personajes más carismáticos de Marvel Comics, Lobezno. En segundo lugar porque estamos hablando de una historia clásica, que siempre está en el recuerdo de los fans y que nunca caerá en el olvido. Y en tercer lugar porque fue un proyecto personal del fenomenal dibujante de origen londinense Barry Windsor Smith, uno de los grandes de la industria, y por entonces, uno de los profesionales más respetados del género.
Pues bien, en los noventa, Smith, que se había visto relegado por voluntad propia a un segundo plano y que tenía un curriculum envidiable, volvió a la carga afrontando uno de sus proyectos más personales, Arma X, la consigna era tratar de revelar cual es el origen de Logan y de sus garras de adamantiun.
Y sinceramente, el cómic es una trampa, porque al final, no va de lo que dice que va, y sin embargo, va de otras muchas cosas que lo hacen sencillamente imprescindible y una delicia para los ojos del lector. Veamos:
Logan, al comienzo del cómic, no es más que un borracho espía canadiense que siempre va de gresca en gresca y que lleva una vida solitaria, y finalmente, bastante lamentable. Poco más sabemos de él, salvo que es mutante. Con lo cual, el amigo Barry Smith garantiza el posterior uso del verdadero pasado de Logan, ya que no lo pillamos en el principio de los tiempos sino que lo pillamos con su vida ya rodada y sin oportunidad de mirar su pasado. Él lleva ese existir decadente, pero… ¿Cómo ha llegado allí? Nada se desvela.
Tampoco se desvela bajo por qué razones Logan es secuestrado y llevado a una cápsula-tanque llena de líquidos y cables dónde se le someterá a un tratamiento para la implantación del Adamantium, ni quiénes son realmente los autores de semejante inhumanidad. ¿Militares? ¿Algunos agentes del gobierno? ¿Una empresa privada? ¿Simplemente un científico loco y millonario?
Así pues tenemos la trampa bien hecha, esta historia más que desvelar datos, plantea más preguntas y más dudas por resolver y dota de más misticismo si cabe la figura de su personaje principal (Aquí, casi un secundario pues el peso de la historia lo llevan los tres científicos).Todo un acierto de cara al futuro y un terreno dónde Smith podría experimentar sin restricciones sus ideas.
¿Y cuáles eran las ideas? Pues la idea, sostengo, era plantear un debate sobre el poder del ser humano con respecto a la ciencia y hasta dónde podemos estirar el límite de lo humanamente correcto (Si ésto estaba planteado así, Barry Smith es un genio). Para ello, el guionista se saca de la manga tres científicos que suponen tres posturas diferentes con respecto a la ciencia y a los límites del proyecto X que se traen entre manos. Mucha, muchísima la diferencia entre el profesor y los dos encargados de llevarlo a cabo, tanto Cornelius como Hines. Del “Vale todo” hasta las dudas morales que muy al final plantea Hines, se encuentra un abanico de situaciones que mantiene en vilo al lector. ¿Hasta dónde podemos considerar responsables a el automatismo científico que adoptan algunos de sus personajes, simplemente unos “mandados”? Ojo a la moraleja, con la ciencia acojonado por esa cobaya que se vuelve contra los científicos. Mucho que escarbar en esa idea y al fin y al cabo, una idea que acompaña al ser humano desde hace bastante tiempo.
Lo cierto y fuera de toda duda, es que, en la historia, Logan es sometido a un experimento absolutamente cruel e inhumano, dónde el “paciente” ni siquiera es tenido en cuenta y se le trata como a un animal. Por cierto, que esto de “se le trata como a un animal” sostiene una inmensa reflexión de fondo. ¿Es lícito tratar así a un animal?
Crueldades a parte, el cómic es simple pero tremendamente efectivo en planteamiento (recuerda inevitablemente a Frankenstein) y elevado a los altares gracias a su dibujo. Soberbio Barry Windsor Smith con su estilo barroco y sobrecargado, con la claustrofobia con la que rodea al cómic sometiéndolo a unos márgenes de acción muy estrechos y regulando la intensidad baja-alta-media-alta-altísima dependiendo del grado que pide la historia. Una pena que el color fuera pensado para otro tipo de papel y aparezca aquí demasiado forzado. Pero a resumidas cuentas, la capacidad del autor para describir la agonía que sufre la cobaya es, sencillamente, impresionante.
Y luego nos queda Logan, Lobezno, el protagonista no protagonista. En esta historia se funda una de las características básicas del personaje, la estrecha línea entre su humanidad y su carácter salvaje y animal. La duda que surge entre los que lo someten al experimento es si están tratando con un hombre o con un violento animal. En estos momentos, es cuando el cómic soporta su grado de tensión más alta.
Finalmente decir que se trata de un cómic para adultos, repleto de violencia, claustrofóbico, hiriente y sobrecogedor. Un cómic que no deja indiferente a nadie y que supone una de las grandes historias de los noventa que ha conseguido permanecer en la memoria colectiva tanto tiempo como para ser necesaria esta reedición de lujo con la que Panini se marca un buen tanto.
Imprescindible para los “marvelitas” y un gran cómic para el resto de aficionados, historia y dibujo se conjuran para formar debate acerca de los límites de la moral humana. Un clásico.
Scriers.






