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Las calles de arena, Paco Roca y el realismo mágico

Redactado y publicado por el Miércoles, 29 abril 2009No hay comentarios

Nuevo trabajo del flamante premio nacional de Cómics, por Arrugas, Paco Roca. Lo cómodo hubiera sido encasillarse en otro retrato social, escoger otra de las grandes injusticias de nuestros días y realizar un cómic documentado, igualmente bien dibujado y con todos los elementos para seguir viviendo del éxito. Pero no. Paco Roca arriesga con su nueva obra y nos trae un relato que podemos situar dentro del contexto del realismo mágico, repleto de personajes simbólicos y estridentes, y nos deforma la realidad para convertirla en un cuento sobre la búsqueda de uno mismo a través de las circunstancias. Todo esto tiene un nombre, Las calles de arena.

El que no tiene nombre, es su protagonista, que partiendo de una base sencilla, se pierde por la ciudad a la hora en la que había quedado con su asfixiante pareja para firmar un crédito y se introduce sin quererlo en un mundo dónde “nada tiene sentido”. Partiendo de influencias siempre literarias, el Doppelgänger, podemos distinguir “ramalazos” de “Alicia en el país de las maravillas”, Poe, Cortázar, Kafka o Doctoievski, el relato comienza desconcertando, hasta que aceptas las reglas del juego y vas empatizando con sus personajes, todos enredados en sus propias obsesiones, todos una metáfora de intenciones, de sueños que están por cumplir.

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Así, tan importante son los recursos narrativos que muestra a la hora de enfrentar a su personaje “sin nombre” con el resto que configuran la acción, como el contexto y el lugar dónde asientan, y es aquí, dónde Paco Roca exhibe sus cualidades, recreando un “mundo oculto” con unas construcciones y arquitecturas envidiablemente bien dibujabas. Y es que, en mitad de este relato, uno entiende que su personaje principal, que se va dejando llevar por todo lo que acontece, evoluciona, y pasa de esa resistencia tenaz a sumergirse en un mundo onírico donde entiende, que, quizás, es el lugar donde puede encontrar su camino y no precisamente dando la vuelta atrás. Como elemento desestabilizador de esa realidad, nuestro hombre sin nombre es espectador y centro de la acción al mismo tiempo, un hombre sin nombre que parece reflejo de muchas de esas personas que, aceptando una realidad que destestan, se pierden en una sociedad plana, dónde la lógica y el orden existencial impera.

Desde el señor Rueda al señor Diógenes, pasando por la recepcionista, la cartera o cualquiera de los que pueblan el relato, todos tienen su encanto y ofrecen su mano al léctor para que acepte este mundo de ensueño, repleto de historias con moraleja, y se sumerjan en este encantador entretenimiento que se llama las “las calles de arena”. Paco Roca arriesga y sale bien parado, y un servidor disfruta al tiempo que nota crecer la admiración por el autor valenciano.

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