La virtud de ganar y el legado estilístico
España no es la que era. Eso lo sabemos todos. Tampoco es que queramos que siempre sean invencibles, no se equivoquen. Pero fastidia un poco que ande a ralentí y con la sensación de que no aprovecha y multiplica sus magníficos recursos y la camada de jugadores más talentosa que nunca tuvo el país. La España del tiqui-taca de Aragonés ha mutado hacia una selección con dos medios pivotes de contención, algunos despistes de bulto y varias diferencias sustanciales con respecto al plan de manejo de la pelota que poponía el Sabio de Hortaleza. Sospecho que era el plan inicial de Del Bosque, no el que tiene que ver con sus defectos, claro, sino el que tiene que ver con sus nuevas virtudes. Es más largo que ancho, más vertical, tira más a puerta y consta de “otras variedades”. Los Cesc y Silva de reemplazo (más tiquitaca) se ven mermados en su participación por Navas-Llorente (clásicos del juego de extremo que centra a delantero boya). Xavi ha quedado convertido en una especie de enganche-mediapunta con mucha bajada para distribuir y el rol de Ramos recuerda a la asimetría que practicaba Del Bosque en su versión madrileña con Zidane a la cabeza.
Sinceramente, no me gusta. No me gusta porque lo que podría ser la manuntención y perseverancia de la selección en un estilo que marque a España para siempre (igual que a Brasil le caracterizó el juego alegre, a Alemania la competitividad, a Holanda el rombo y juego por los extremos, a Inglaterra la verticalidad o a Italia el Catenaccio competitivo), se queda en el eco del exitoso experimento de la Eurocopa gestionados por una concepción más clásica del fútbol. Y si antes sabíamos que España podía o no ganar pero era incontestable en su abrumador trato a la pelota y se sabía que en la mayoría de sus partidos iba a “jugar mejor”, ahora de todo eso se duda. Se duda que España maneje los partidos, que merezca ganar y que su posesión signifique un estilo. No lo digo yo, lo han dicho jugadores y entrenadores, lo ha dicho Maradona, lo han dicho los alemanes, lo han demostrado los Chilenos (que fueron mejores) y los Paraguayos, que todavían están conque el árbitro les robó un gol legal.
Es cierto que España aún auna magníficas virtudes y que entre ellas está la mejor de todas: Ha aprendido a competir. Con ello, ha salvado escollos que antes, por muy fáciles que fueran (Bélgica o Corea) fueron insalvables. Ha metido goles cuando tenía que meterlos, ha parado penaltis cuando tenía que pararlos y da la sensación de que en cualquier buen partido, pueden volver a la excelencia. También le ha acompañado la suerte. Y eso está bien, pero un resultado satisfactorio no crea necesariamente una selección y un legado satisfactorio, y unos buenos resultados no servirán para el futuro, solo para el presente. Por eso, ese es el gran error de la selección, que pese a tener más o menos los mismos jugadores, puede que más calidad y mejor resultados que nunca, corre el peligro que se le escape esa filosofía que consiguió decadas encontrar y que halló Aragonés en su perseverancia y cabezonería. La única filosofía que la aupó a la excelencia: la del toque y toque, del movimiento sin balón, de las posiciones variables, de la presión más arriba.
Y es que hay maneras y maneras de ganar, mientras la fórmula Eurocopa era de un valor incontestable, ahora estamos en semifinales, generalmente contentos y con el gusto más puro posible que deja la victoria, eso sí, sin matices ni profundidades. Hacemos lo que tenemos que hacer y hay un resultado que así lo indica. Pero ahora, desde luego, me gusta menos. Muchísimo menos.
Scriers.




Completamente de acuerdo. Escribo después de que España gane el Mundial. Es algo histórico y brutal, pero hemos perdido un partido imaginario con Brasil. Con el Brasil clásico, ponle el del año 70 (el metro-patrón del futbol según los periodistas).
Del Bosque tenía en sus manos un tesoro y lo ha retocado, no se si por temor o por su querencia habitual (ha copiado el estilo del Madrid de Zidane, colocando a Iniesta a la banda contraria), pero ha dejado pasar la oportunidad de marcar época en el mundo.
Lo ha hecho en España y le estaremos eternamente agradecidos, pero siempre con la sensación de que nos perdimos algo. Esa magia, esa superioridad basada en el abuso del toque.
Luis Aragones hablaba sobre todo de tener el balón, Del Bosque de equilibrio (ataque-defensa, perfecta esta última en el mundia, juego corto-largo, pausa-velocidad). Esperemos que el haber ganado le libere un poco.
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