Vuelvo con una de mis rarezas. O no tanto.
Escuchar esta canción hace que automáticamente se me pongan los pelos de punta. No puedo aportar mucho sobre Silvio Rodríguez… sólo que se voz, sus melodías, sus revoluciones cubanas han sonado y resonado en mi casa años atrás, sábado a sábado, mientras mi madre las coreaba alegre mientras planchaba la ropa o preparaba el puchero de después… y yo, con apenas 8 añitos me preparaba para irme a los Scouts.
Y me he vuelto a topar con ella, y veo que sigue gustando, que es una de esas canciones que no dejan indiferente. Tiene dos lecturas, o al menos, yo le doy dos… una política y otra romántica. La rebelde o la tierna.
Sé que Silvio ha generado mucha controversia, que tiene tantos seguidores como detractores. No me voy a meter en eso, porque sinceramente no conozco tanto su vida y obra.
Pero canciones como ésta, o como La Maza, transforman mis sentidos, me dejan perplejo y uno sigue notando la magia de la música 40 años después de haberse creado la canción.
Del video que os dejo me sorprende sobre todo la cara de emoción del público en los últimos segundos. Me transmite la intensidad de cómo la viven, de como la trasladan a su vida… de como una canción, verdaderamente, puede cambiar el mundo.
Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo.
Y cómo pasa el tiempo que de pronto son años
sin pasar tú por mí, detenida
Te doy una canción si abro una puerta
y de las sombras sales tú.
Te doy una canción de madrugada,
cuando más quiero tu luz.
Te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor,
y si no lo apareces no me importa:
yo te doy una canción.
Si miro un poco afuera me detengo:
la ciudad se derrumba y yo cantando,
la gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.
Creen que lo digo todo, que me juego la vida,
porque no te conocen ni te sienten.
Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar.
Te doy una canción con mis dos manos,
con las mismas de matar.
Te doy una canción y digo: “Patria”,
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo,
como un libro, una palabra, una guerrilla:
como doy el amor.





