
Fue llegar y besar el santo. Con su primer trabajo, un trío de jerezanos con dos componentes que no llegaban a los veinte años, revolucionaba el rock andaluz siguiendo los pasos de Veneno, Silvio, Triana, o por decir algo más cercano, los mismos Mártires del Compás. Contaban con un tremendo descaro y un sorprendente desparpajo, impropio de su edad, por no hablar de una increíble madurez sonora. Y eso con solo un disco en el mercado. En las calles de Jerez ya se seguían los pasos del trío calavera, era una especie de secreto a voces, se sabía que iban a firmar por una de las grandes multinacionales, pero no por cual. Al final, y tras un viaje a los madriles para aclarar el asunto, Virgin fue la que más se implicó en el proyecto, poniendo sobre la mesa un contrato a largo plazo, así se llevó el gato al agua.
Con “El Sentimiento Garrapatero Que Nos Traen Las Flores”, Los Delinqüentes se dieron a conocer y se asentaron como propuesta de futuro. Si mi memoria no me falla y no confundo los datos, creo que llegaron a ser disco de oro, que por entonces se asentaba en cincuenta mil copias. Fueron sintonía de algún programa, de los juegos ecuestres, sonaron en las radios y se patearon media España (Festimad inclusive) tocando allá donde se la gente los querían escuchar. Y el boca a boca hizo su función y en poco más de año y medio Los Delinqúentes eran conocidos en gran parte de la geografía española.
Lamentablemente tan rápida ascensión trajo consecuencias negativas para el grupo. Aunque ellos seguían girando y girando con una sonrisa en la cara, su alma mater, Miguel Benitez ya andaba coqueteando con las drogas. Tampoco pretendo ahondar mucho en este tema, sólo lo menciono por las consecuencias que trajo musicalmente, y es que, en su segundo trabajo, el sonido garrapatero de los Delinqüentes pierde, por momentos, matices y colores, y se envuelve en un tono grisáceo, como si de un día de lluvia se tratase.
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“La Arquitectura Del Aire De la Calle” pasó de puntillas frente al público. Aunque su promoción no fuera espectacular, fue el propio grupo, cuando ya comenzó a tener problemas, el que no pudo defenderlo como se merecía. Y es que aquí encontramos los momentos más inspirados de toda su discografía, sí, como efecto inexplicable argumentaremos que cuanto más oscuros se vuelven, cuanto más se alejan de su sello distintivo (la alegría y el desenfado), mejor suenan.
Hablo de momentos puntuales del disco, claro está, no hay que pensar que estamos ante un disco tétrico ni mucho menos. De hecho, en general, el disco sigue la estructura de su antecesor. Tiene una presentación a modo de carromato cirquense para abrir boca, en “Los Delinqüentes y La Banda Del Ratón” nos cuentan un poco sus orígenes y su personalidad garrapatera.
Le sigue “La Niña De La Palmera”, un tema que compuso Miguel y que formaba parte de la primera maqueta del grupo, tema que fue retocado varias veces, en su música y su letra, hasta ser el single de este segundo trabajo. Como single me parece una buena elección, es pegadizo y alegre, también romántico, incluso nostálgico. Tiene un estribillo arrebatador; “solo, solito voy bajo la luna llena, de tus ojos soy cautivo, de tus labios centinela”, ¿no os parece?.
Después comienza ese encrudecimiento sonoro del que hago mención. Y precisamente comienza con ello el Canijo, “Caminito del Almendro” es una `seudoapología a la naturaleza, habla de la playa, del viento, de los amigos, de hogueras, de lagartijas y tomates. Vamos, que el Canijo sigue con su surrealismo naturista para invitarnos a huir de la ciudad, irnos a la playa y tocar la guitarra. Por mi perfecto. Como anécdota, comentar que formó parte de la banda sonora de uno de mis veranos más bonitos de mi vida, el del año 2004.
“Poeta Encadenado” es la razón de ser de este post. Un temazo de principio a fin, bien construido, mejor desarrollado y perfectamente ejecutado. Parece como si Triana hubiese renacido y se marcara el tema con los Delinqüentes. Diego Pozo está sublime a las guitarras, er Migué está en su mejor canción, parece que canta con el corazón encogido, y a los coros el Canijo, reforzando la voz de su colega. Todo parece congeniar perfectamente en esta falsa bulería que nos habla de la relación del compositor con las drogas, la catarsis creativa bajo el estado de libertad que los estupefacientes ofrecen, relata la batalla, el tira y afloja contra él mismo. Temazo, temazo y temazo.
“La Ragazza Del Elevatore” es un homenaje a Silvio, a ese rockero sevillano que murió con su inagotable buen humor en la barra de los bares. Es un tema que ayuda a digerir ese Poeta Encadenao y que reconduce al disco por el camino de la alegría. “Medicina y Mucho Ruido” me parece el tema más flojo del disco, su intención, imagino, que debía ser la de divertir al personal, pero no termina de convencerme. Ni letra ni música. Prescindible.
Y llegamos al tercer momento de oscuridad. “La Madriguera”. Este en clave de desamor puro y duro. Sin duda, otro gran momento del disco. Abre la canción unos simpáticos coros que no hacen presagiar el torrente nostálgico que se avecina. Es entonces cuando se arranca er Migué “niña que tristeza hay en tu alma, que pena están gritando tus pupilas..”. A partir de ahí huir del tema me parece una misión imposible.
A este tema le sigue una crítica feroz del Canijo a los managers de las discográficas. “El Telescopio Cósmico” es un corte divertido e imaginativo, ya que compara a estos señores con extraterrestres malvados en busca de poder. Por si acaso alguien duda de los Delinqüentes, ellos lo dejan claro con un pegadizo estribillo “Que no, que no, que no me cambian los colores”.
“Joaquín Carachapa y la Pequeña Nube” es otro desvario de surrealista del Canijo. Una historia llena de personajes inventados, elementos naturales, dinero, persecuciones, amor y desamor, un conglomerado de imágenes que relatan la historia de Joaquín Carachapa. El Canijo se marca la voz, se hace los coros, los ruidos, prácticamente todo, es surrealismo puro y duro, pero surrealismo garrapatero, claro está.
“Amor Plutónico”, “Gato Callejero” y “El Rey Del Regaliz” cierran un disco que, quizás, fue demasiado heterogéneo para conseguir un resultado conceptual y decididamente coherente.
Para mí “La Arquitectura Del Aire De la Calle” siempre será el disco oscuro de los Delinqüentes, un disco que, pese a que siempre estará en un segundo plan, marcó un antes y un después en el grupo. Con él, y como si de una mala predicción se tratase, se cerró el ciclo de Miguel Benítez en Los Delinqüentes, perdiendo para siempre parte de su alma.
Años después, el Canijo y el Ratón supieron esquivar los problemas y las enormes adversidades, hacerse fuertes hasta recuperarse del terrible destino, y, al tiempo que escondían los pañuelos lacrimosos, sacaban la guitarra y entonaban aquello de “después del humo negro, hay que ser valiente y despertar”.
Andrew Zimmerman





