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Houellebecq o el modernismo fallido

Redactado y publicado por el Lunes, 13 agosto 2007No hay comentarios

En mi intento de acercarme a la literatura más moderna, o posmoderna incluso, me vi atraído por una novela de Anagrama, editorial que en relación calidad-precio más sorpresas positivas me confiere, llamada Plataforma, de Michael Houellebecq.

 
La novela narra la vida de Michel, que parece a todas luces un alter ego del autor, un desesperanzado y solitario soltero de unos cuarenta años que a raíz de la muerte de su padre, la cual tampoco le ha afectado mucho, decide hacer un viaje a Tailandia, a descansar, hacer algo de vida social y disfrutar del turismo sexual. Allí conoce a Valérie, una mujer de gran personalidad que lo irá enamorando con el pasar de las páginas. Se trata de una experta en la industria del Turismo, y entre ambos deciden pasar una vida común al tiempo que las ambiciones de esta última profesionalmente se van viendo colmadas.
 

Con este plot lo de Houellebecq parece más un ensayo frío y calculado sobre nuestra época. Una crítica demasiado áspera, asentimental y rígida que llega a su punto culmen cuando el lector se reconoce en medio de esa sociedad vacía, estadística y repleta de máscaras que el autor describe. Pero la boca del autor es del autor, y por eso, a veces refleja la personalidad del que es, y sorprende con rebuscadas teorías sobre el amor, la amistad, el racismo, la diferenciación de clases o los valores supremos de la vida. Aquí el sexo, el poder y el dinero se magnifican al tiempo que se minimizan conceptos que se entienden como elementos diferenciadores del ser humano, los sentimientos, el deseo de estabilidad, de bienestar personal… etc. Y si esta es la personalidad y la visión de Houellebecq la verdad es que la persona, que son sus opiniones, no me ha gustado en absoluto.

 

Tampoco la novela. Aquí la poesía está abandonada a su suerte (aunque bien es verdad que quién se acerca a esta novela no irá buscando precisamente esto), los recursos narrativos son escasos y de escasa calidad, válgame la redundancia, y la novela, en sí misma, decae entre sus sermones político-mercantiles, su visión del individuo de hoy y sus, repito, disparatadas teorías sobre el mundo. Se olvida de profundizar en Valérie, que parece un simple esbozo, se queda cojo el comienzo, se antoja precipitado el final y en general, la novela, como novela, en su concepto primitivo, “Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.”, no es de gran calidad.

 

Buena es la reflexión, la sensación molesta de que está diciendo más verdades de las que quieres creer, bueno es el acercamiento a la novela ultramoderna (¿O es posmoderna? He ahí un debate), pero como novela no me ha dado gran placer leerla. Y es curioso porque he leído a algún protegido suyo, y me ha gustado, Fréderic Beigdeber y su gran Windows on the World, pero en definitiva la experiencia Houellebecq ha fracasado. Quizás es que soy lector de otra época. Vaya por dios, otra coincidencia más con el autor.

Scriers