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Hijos De La Anarquía, moteros sin clase

Redactado y publicado por el Lunes, 19 julio 2010115 comentarios

Llevo meses buscando una serie a la que engancharme. Mi objetivo es revivir las sensaciones que me produjeron títulos emblemáticos como Los Soprano, The Wire o A Dos Metros Bajo Tierra, citando así mis tres series preferidas. Esa necesidad de ver otro capítulo nada más terminar uno de ellos, la tensa espera entre uno y otro o el hecho de visualizar la intro sonriendo, sabedor del gustoso momento que me espera.

Hoy, ninguna serie despierta en mi tales sensaciones. La que más se acerca a ello podría ser la nueva serie de David Simon, Treme, que aborda la reconstrucción de Nueva Orleans después del paso del huracán Katrina en clave musical. Soul, blues, country, rockabilly… una delicia para los oídos con un excelente reparto coral, pero en el fondo, una serie a la que le falta pellizco, emoción, que se pierde conscientemente en la cotidianeidad de la desgraciada ciudad norteamericana.

Descartada Treme, más preocupada por el continente que por el contenido, mi esperanza recaía en Breaking Bad (de la que ya hablamos en su día por El Club). Sin embargo, no conecto con la ajetreada vida de Walter White ni con esa ambientación tejanolatina tan angustiosa. Me hallo en el ecuador de la segunda temporada y todavía contemplo desganado episodio tras episodio. Aguantaré porque mi buen amigo Fresús asegura que la espera merece la pena, que la traca final es de aupa y la tercera temporada antológica. Me fío de su criterio.

Mi último intento ha sido visionar Hijos De La Anarquía, que viene respaldada por excelentes críticas y una comparativa común, erigirse como la nueva Los Soprano. Muchos mencionaron incluso a Shakespeare por su carácter poético y dramático. Sólo me han hecho falta dos episodios para estar convencido que la serie de Kurt Sutter (antes enrolado en la osada The Shield como guionista) difícilmente llegará al nivel de la portentosa serie de la HBO.

Hijos De La Anarquía podría definirse como un Melrose Place a lo motero, un coctel con los mejores ingredientes de un culebrón al uso; sexo, pasiones, secretismo, enredos y una palpable violencia gratuita. A su favor, un reparto interesante con actores de mucho recorrido y una imagen, una iconografía, muy lograda . En su contra: la sensación asistir a un desarrollo de la acción encajado con calzador, el maniqueismo latente, el discutible gamberrismo de los Hijos De La Anarquía, la irrisoria hombría de los protagonistas, el hecho de poder adelantarte a los acontecimientos con pasmosa facilidad…

¿Es aventurado sentenciar la serie habiendo visto tan sólo sus dos primeros episodios? Sin duda alguna. Pero comprendedme, dado el poco tiempo del que dispongo para ver películas y series, no me conviene perderlo con un producto que se agarra a la violencia y a la extrema visceralidad como ejes fundamentales de su desarrollo. A mi estos moteros tan machos alpha me repelen más que me seducen, y por ello, seguiré en mi búsqueda de alguna serie que discuta el podio a las tres insignias de HBO, hasta hoy, tan indiscutibles como inalcanzables.