Freaks In Love, los chicos de los noventa

Diez años después de su edición original Astiberri recupera en un formato digno (y caro, para variar) Freaks In Love, un comic que Subterfuge Comix publicó dando a conocer al autor Sergio Córdoba.
Tiene gracia que con tan solo 32 páginas este comic ha sido considerado por muchos un retrato generacional de la juventud alternativa de principios de los noventa. Por hacer un símil o comparativo, Freaks In Love podría equipararse al Odio americano, mucho más cotidiano y entrañable si cabe, ya que adolece de la ironía y el sarcasmo de la popular serie de Peter Bagge.
Freaks In Love relata dos historias similares, con Oscar y Jorge como protagonistas respectivamente. Y tampoco es que cuente gran cosa, se centra en contar una noche de fiesta que pasan acompañados de sus amigos. En ambos relatos, el protagonista anda detrás de una chica, con lo que básicamente estamos hablando de situaciones de enredo, situaciones que el autor resuelve con buen gusto y cierto derrotismo. Lo verdaderamente reseñable reside en el genial reflejo de la juventud que se marca en los dos episodios, el retrato de una juventud moderna, ilustrada y alternativa.
Muchos de los hoy llamados "popis", cada vez más inclinados a una cultura estética y visual antes que a una puramente intelectual, podrán sentirse reflejados. Prueba de ello son las múltiples referencias a iconos alternativos de hoy, ayer y de siempre. Repasemos; The Velvet Underground, Pixies, Scorsese, Nirvana, etc. Continuos guiños a un lector que si se siente identificado se hallará ante un comic cuanto menos simpático.
El lápiz de Sergio Córdoba recuerda al del también español Sergio Bleda (El Baile Del Vampiro). Caracterizado por el trazo grueso, un buen diseño de la página y una narrativa resultona, en su conjunto el apartado gráfico puede considerarse bastante satisfactorio.
Eso sí, las dos historias se las fulmina el lector en un abrir y cerrar de ojos. Por ese mismo motivo no tiene tiempo para defraudar, sino todo lo contrario, el lector se queda con la miel en los labios, con ganas de profundizar y leer más contenido. Quizás ese sea su mayor defecto, que una obra tan breve consigue agradar, pero tiene difícil conquistar.
Para leerlo tomando un café, con el chip nostálgico en modo off.
Andrew Zimmerman


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