Cómics y Literatura

Cine y TV

Deportes

Música

Opinión

Inicio » Música

Extremoduro. 20 años de rock trangresivo

Redactado y publicado por el Viernes, 29 mayo 20093 comentarios

Aunque ahora parezca algo muy lejano, hubo una época en que los discos no se conseguían a través de un solo click, sino que iban rulando de mano en mano, de cassete en cassete hasta difundirse entre los melómanos. Quien pretendía conseguir un disco especial, fuera de lo común, removía cielo y tierra e iba en busca de las tiendas de discos hasta encontrar su preciada joya. Por entonces, la industria musical generaba muchos millones, más del quíntuple de lo actual, y el negocio del disco podía ser muy rentable. Años después aparecerían las grabadoras, que al principio eran carísimas y resultaba mucho más rentable grabarte los discos en cassete que comprarte una de ellas.

Estamos hablando de unos 15 o 20 años atrás, concretamente del primer lustro de los noventa. Por entonces Roberto Iniesta empezaba a dar sus primeros coletazos con un grupo al que bautizó como Extremoduro, sus conciertos eran un desastre -muchos de ellos no llegaban a terminarse-, sus primeras maquetas horribles y el sonido que sacaban parecía haber salido directamente de un cacharrería. Era un sonido sucio, amateur, farragoso.. eran unos discos pésimos -desde el sentido de la producción y profesionalidad sonora-, pero que escondían el encanto del rock bruto y callejero aderezado con la poesía de Robe, que al principio transgredió y fascinó a propios y extraños.

Extremoduro se habían convertido en una leyenda aún sin quererlo, el boca a boca había funcionado entre la multitud, y los surrealistas métodos de promoción y distribución parecían haber tenido éxito. Era un éxito relativo, que se reducía a unas pocas miles de copias, pero que servía para catalogar a Extremoduro como un grupo underground de gran impacto que amenazaba con poner la sociedad patas arriba. Desde muchos círculos estaban vistos como poco menos que unos endemoniados, incluso en la tierra natal de Robe se habían prohibido sus actuaciones. Se había asociado a Extremoduro con las drogas y el descontrol, con la eterna insatisfacción juvenil. Eran otros tiempos, el escarceo de la juventud con las sustancias ilegales era muy diferente al de ahora. No había tanta información ni la gente se andaba con reparos.

Un Roberto Iniesta algo perjudicado explica el como se dieron a conocer en una entrevista que data del año 91:

Extremoduro había grabado una pauperrima maqueta que empezó a moverse a la velocidad del sonido entre círculos musicales varios. Tras presentarse a varios concursos, el sello Avispa los ficha para publicar el que al final fue titulado como Maquetas 90, con el que la discográfica hizo mucha caja sin pagarle apenas al grupo. Todo resultó una pequeña estafa, y a día de hoy, Roberto Iniesta no reconoce este disco ni esta grabación como algo oficial del grupo.

El hecho es que el disco se difunde y con él crece el mito de Extremoduro. Aunque para ser francos, Maquetas 90 se acerca al surrealismo sonoro. Guitarras con punteos pseudoheavys sin mucho sentido, ecos de grabación, risas a mitad de canción… un disparate ahora en pleno siglo XXI, pero todo un documento sonoro de la época. Canciones como Necesito Drogas y Amor, Central Nuclear o Quemando Tus Recuerdos triunfan entre el público, en noches de rock oscuro, heroína y desfase. Había nacido el rock trangresivo.

Algún periodista tuvo la lucidez de dar con la palabra exacta; trangresión. La propuesta de Roberto Iniesta cautivaba a tantas personas como transgredía. Por entonces muchos no entendían la dureza y el realismo de las letras de Robe, que se hartó de hablar de drogas y de la mujer esquiva. El incomprendido menosprecio social por lo establecido, la rebelde y descarada provocación de Extremoduro sorprendía mostrando un alma romántica capaz de sorprender a poetas ajenos al rock, Robe conectó sin quererlo tanto con la juventud más inconformistas como con los críticos más feroces, que rehuían de su formas pero aplaudían sus modos, sus textos. Algo con verdadero talento nacía entre el desfase generacional: Y vivir, qué cuesta arriba / Y sentir que no sé qué hago aquí / Y andar siempre arrastrado /
Y perder, que no puedo pensar
.

Rockeros malditos, okupas sin hogar, diablos de la noche… a Extremoduro se le adjudicaron tantos adjetivos como público iba ganando, en parte porque entendieron que escoger un camino alternativo había sido un hecho provocado, no una necesidad. El mismo Robe, cuando despegó el Agila lo desmintió: “Ha sido porque han pasado siempre de nosotros, pero yo no he querido ser de culto ni nada por el estilo, ni underground ni nada de eso”.

extrechinato

Al final el grupo fue creciendo hasta llegar a su punto más álgido, el disco de oro con Agila y el reconocimiento completo a nivel nacional. Robe llevaba años afincado en el País Vasco, donde pasaba horas y horas con Iñaki Antón Uoho y Fito Cabrales, cultivando las semillas del rock nacional, ese que ahora la mayoría de grupos tienen como referente único e imprescindible. De esa asociación salieron dos grupos irrepetibles: Extremoduro y Platero y Tu, cada uno a su estilo y cada cual con una propuesta diferente, pero muy cercano en cuanto a público y actitud rockera. La década de los noventa tembló con dos personalidades ya inolvidables: Fito Cabrales y Roberto Iniesta. Juntos y por separado se recorrieron toda la geografía española dando conciertos por doquier. Recuerdo que Platero y Tu tocó en un instituto de Jerez -era muy pequeño para esos ambientes-. Vendrían años de crecimiento y madurez final.

Extremoduro ganaba calidad sonora con cada disco hasta llegar a nuestros días. Robe publicaba -y publica- cuando, como y donde le daba la gana, sin ningún tipo de autoexigencia que no fuera la de las mismas letras, la de la música. Presión externa cero, compromisos ninguno. Así, cuatro años después de un interminable y bonito recopilatorio que titularon Grandes Éxitos y Fracasos,  Robe gestó La Ley Innata. En mi opinión, el mejor disco de Extremoduro y del pasado año. Una colección de seis canciones que solo tendrían sentido como obra coral y no por separado. Un autorretrato de la mente de Robe donde vuelca todos sus demonios y sentimientos en base a una recopilación de imágenes y sensaciones oníricas que, lejos de la rebelde pose inicial, descubre a un autor maduro que vive el tormento del desamor en proceso de la eterna búsqueda de sí mismo (Te estaba dando un beso/ y mis labios no eran esos / igual que un mal sueño).

Maquetas 90 y La Ley Innata. La evolución de toda una generación que descubrimos el rock transgresivo en formato cassete y que ahora una ocupa pequeña parte de la memoria de mi nuevo mp4. Pese a la veloz evolución de los medios, los comienzos discográficos de Extremoduro siguen recordando a la rebelde juventud de los noventa, a pantalones vaqueros rasgados, al calimotxo en el parque con los colegas,  a la despreocupación rockera de la época. Echamos un vistazo atrás y podemos constatar que la madurez de Extremoduro es hasta modélica, nunca se traicionaron a sí mismos, nunca pisaron en falso. Suena mejor -mucho mejor- y más bonito, pero el alma rabiosa del poeta incorformista sigue ahí, en algún lugar, y aunque no salga a relucir tanto como antes algún día reivindicaremos que hubo un tiempo en que la juventud zarandeó al sistema cantándole bajo el rock trangresivo de uno de los grandes poetas de nuestra música. ¿Cuanto más se necesita para ser un Dios?