Alexander Payne, director de una prometedora carrera detrás de la cámara, realizó su película más aclamada en el año 2004, cuando facturó Entre Copas. Acaparadora de numerosos premios fue recibida con gran agrado por la crítica, consiguiendo entre otros premios, un Oscar al mejor guión adaptado y dos Globos de Oro, uno al mejor guión y otro para la mejor película comedia. Se puede decir sin temor a equivocarnos que Entre Copas fue la película independiente del año.
La película es algo parecido a una road-movie vinícola. Creo que para explicar esto es necesaria una sinopsis aclaratoria.
Dos colegas de la juventud inician un viaje a modo de despedida de soltero de uno de ellos, Jack, un actor de clase media, vividor, canalla y seductor que pretende desfasar en los días previos a su enlace. Miles por su parte, es un profesor de literatura deprimido por su divorcio incapaz de pasar página claro fanático de los vinos. Solo pretende enseñarle a su amigo los distintos viñedos de la zona en un viaje gustoso para su paladar. Pero no todo sale tal y como lo tenían planeado.
Payne consigue un tono perfectamente equilibrado entre el drama y la comedia, dejando una sensación agridulce que permanece a lo largo de la película. Sus dos personajes principales se complementan el uno al otro, pero evidentemente el peso protagonista recae sobre Miles, interpretado por un excelente Paul Giamatti, que durante estos últimos años está labrándose una trayectoria envidiable. Miles vive entre sus continuas lamentaciones por su fracaso matrimonial y su obsesión vinícola y por sacar su novela adelante. En él, se adivina un sentimiento de hastío e inseguridad que le hacen fracasar en sus propósitos, recibiendo las cariñosas burlas de Jack, un tipo mucho más seguro de sus posibilidades pero que atraviesa una crisis de los cuarenta prematrimonial. El buen dúo que resulta la pareja protagonista lo complementan las otras dos actrices Sandra Oh (conocida por el gran público por su papel en Anatomía de Grey) y Virginia Madsen, notables en su actuación.
En el fondo, Entre Copas es una película de sentimientos enfrentados, de las dudas existencialistas de un mundo adulto y complicado en el que cada cual lucha por encontrar un hueco confortable. Nos presentan personajes que están de vuelta. Tanto Miles y Maya como Stephanie vienen de relaciones fracasadas, buscando una segunda oportunidad amorosa. En ellos se pueden ver miradas de decepción, de esperanza, de tedio o de complicidad. La figura de Miles, que vive entre la cobardía y el victimismo, es clave para entender el mensaje de Entre Copas, basado en un brillante guión que da pie a algo más de dos horas de metraje. Lejos de parecer larga, si la película cala en el espectador puede parecer hasta corta.
Pero un aviso, no todos comulgarán con esta película por varias razones; su peculiar sentido narrativo, su humor demasiado personal deudor del estilo inglés, y la extraña química de la pareja protagonista, que en algunos momentos puede parecer inverosímil. Aún así, todo reside en captar la dinámica de la película y dejarse llevar por ella.
Una comedia adultísima que a través de sus personajes da un recital de cine melancólico y fija su atención en el ser humano, inmerso en una lucha contra la vida misma. Un enfoque con tono desenfadado que habla de lo que al fin y al cabo nos guía a todos en esta vida, los sentimientos.
Andrew Zimmerman





