Encadenados al tiempo
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
25 Julio 2008

El otro día estaba en Valencia, en casa de Scriers con dos grandes amigos míos, Amparito y Paco. Hicimos una batalla de Youtube. Me enseñaron un video que me dejó hipnotizado, ensimismado, anonadado, en estado de shock. Fueron tan bellas las palabras, tan aguda la crítica y tan afinado el mensaje, que se ha convertido en uno de mis videos y mis textos preferidos.

¿Han probado alguna vez no tener reloj? Yo no uso, voy viendo la hora en el móvil. Hace poco se me estropeó el móvil, y además de perder todos los números de teléfono, perdí la hora. Estaba aislado del tiempo, liberado del dichoso móvil y de la dictadura de los horarios. Os puedo decir que es una sensación harto extraña, pero a su vez, liberadora. ¿Han pensado en que vivimos encadenados al tiempo?

Cortazar afila su lápiz y se marca un bellísimo texto en clave de crítica social. Supone un rechazo abierto y sincero a las cadenas que el orden social nos impone, una negación al consumismo, a la apariencia, al orden premeditado, al borreguismo que nos convierte en autómatas. Es un texto que reivindica el poder de la palabra porque emociona. Llega al lector y sacude su mente, abandonándolo en la más profunda reflexión. Pero su verdadero valor reside en que es un canto a la libertad del individuo. Palabras hermosas para volar como un pájaro.

 

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj (Julio Cortazar)

"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj. "

 

Andrew Zimmerman

 

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