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El Palacio de las Flores

Redactado y publicado por el Miércoles, 22 noviembre 20062 comentarios

Volvió Andrés. Y esta vez sí, podemos hablar de regreso, con todo lo que ello significa, todas sus letras y todas sus connotaciones. Se publica estos días “El Palacio de las Flores”, su decimotercer album en su longeva carrera en solitario.

No recuerdo bien donde leí que Andrés nunca se pisa su propia sombra porque nunca se ubica. Siempre que parece cómodo en su ámbito, en una situación o ambiente, rápidamente y con ímpetu cambia de escenario y de ubicación no vaya a ser que su propia sombra le atrape y dibuje una silueta en el suelo. Ese síntoma huidizo ha vuelto a ocurrir con el Palacio de las Flores. Ahora vuelve a remar contracorriente firmando un disco muy colorido, con una producción sobresaturada y muchos matices sonoros. ¿Quién es el culpable de este estilo tan instrumental y particular? Litto Nebbia. Un ex-gato salvaje, músico, cantante, productor y artesano de canciones, una vieja gloria de Argentina nunca reconocida por el público quizá porque nunca tuvo tirón Es de resaltar que Nebbia no se ajusta a la figura del productor clásico (ese que busca que el disco suene mejor y más comercial ) no, en este disco se involucra de un modo total, hasta cantando en varios temas. El resultado de ver a Nebbia tan involucrado es algo confuso, te da una extraña sensación de que estás escuchando un disco de rock argentino de los ochenta. Se nos presenta un rock melódico con mucha armonía musical, muy cálido, los ya citados matices y arreglos sonoros en abundancia, muchos instrumentos (violines, flautas, sintetizadores, percusión, piano…) y coros, coros por doquier. Todo muy alejado de la producción limpia, clara y palpable que venía usando Andrés con Javier Limón en sus últimos discos. Muchos opinan que esta producción es como si vistieramos a Andrés con un traje que aunque le va bien, no se ajusta a su perfil, vamos, que le queda muy bien unos tejanos y una americana pero que está mucho más guapo con un vestido elegante, ¿no?. El caso es que nunca hará algo predecible, que nunca tendrá la corriente a su favor porque se empeña en llevar la contraria, de ahí la grandeza del argentino. Recapitulemos, cuando salió el Salmón no tuvo apenas voces amigas y complices, poco después, con el Cantante, la audiencia se preguntaba porque hacía ahora boleros, con el Regreso que si no hacía falta un directo y con Tinta Roja que el tango está anticuado. En fin, que vuelve a despistar a sus seguidores desmarcándose con una jugada inesperada. Decepción para los que intuían un disco totalmente infumable porque tiene momentos muy inspirados (aunque otros no tanto), no se, por centrarnos en las más aplaudidas decir que “La apuesta”, “Mi bandera”, “Corazón en venta”, “El tilín del corazón” o “Corte de huracan” las podría haber firmado en algunos de sus discos más míticos. Es decir, que firma temas que vuelven a emocionar y que pasarán con grandeza a su repertorio en directo. Son letras profundas, inspiradas, sin complejos, con el estilo Calamaro de siempre. Vamos, un gustazo para los oidos y el corazón. El problema está que con esos diecisiete cortes que se nos presenta encontramos muchos altibajos, temas flojos y desubicados. Por ejemplo, a mitad del disco encontramos una versión que relentiza la escucha y no parece venir mucho al cuento, “Contigo aprendí”. Con el corte siguiente “el compositor no se detiene”, más de lo mismo, un tema también a relentí, con una letra algo irrisoria que nos cuenta los quehaceres y sentimientos de un compositor de canciones. Y es que también el tramo final del disco cojea, a ver.. “Rosemary” pues no convence, se nota demasiado que no tiene nada que ver con Andrés y está algo anticuada, y “lo que nunca se olvida”? pues tampoco, vuelve a ser algo insustancial. En fin, que se notan bien los colores y los momentos más Nebbia pues no convencen, para que engañar. Por tanto reconocemos que hay cierta irregularidad en el Palacio de las Flores. ¿Quiere esto decir que sea un mal disco? Pues no lo creo así. La verdad es que es un disco inesperado, arriesgado por el rock clásico y melódico tan argentino que se nos propone y eso hace que sea de complicada asimilación.

Ahora que vuelvo a escuchar el Palacio de las Flores para recrearme en los momentos más inspirados de Andrés, sonrío porque el gaucho loco nos la volvió a jugar, volvió a esfumarse sin dejar ni rastro. Mientras, mi oídos se quedan perplejos con una frase del disco, dice así: “voy siguiendo el ejemplo del salmón/ sólo creo en mi propia dirección..” y vuelvo a sonreir.

2 comentarios »

  • Eterno Viajero comenta:

    Yo también destaco positivamente el tema homónimo ‘El Palacio de las Flores’

  • RC comenta:

    Ya he dejado mi opinión en el foro de la “web-madre”, yo siempre seré fiel, pero me esperaba otra cosa, y discrepo de casi todo, amigo Andrew, ¿buenas letras? no sé, pero… literalmente este disco cojea demasiado. Es la primera vez que tengo algo que objetar ante un disco de Andrés. Musicalmente 10, aunque me esperaba temas “stonianos”, quería rock, pero bueno… las letras, pocas cosas se salvan. Calamaro, se ha enamorado hasta el punto de decir en el disco las palabras “amor” y “corazón” 1000 veces, un poco empalagoso está, y se nota que no consume como antes.
    A ver, es el más grande, y el disco lo oigo y lo disfruto pero… por ahora me resulta empalagoso de escuchar entero, y eso no me pasaba ni con el Salmón, que eran 103 temas de los cuales 40 paranóicos y buñuelistas.

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