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El Gran Timador, Charles Chaplin

Redactado y publicado por el Viernes, 28 marzo 2008No hay comentarios

El cine funciona como la vida. De la misma manera. Cuando te acercas a una película y te cautiva, porque cautiva, cuando decepciona, porque decepciona, pero al final, todo se reduce a esa sensación que evoca "la primera vez" y que nunca más se volverá a repetir. A veces, en el momento en que me sorprendo disfrutando, emocionado en la butaca, en el sofá, en un tren o dónde sea, pienso en entregarme a ese placer inigualable que sólo consiguen un grupo selecto de películas. Algunas forman parte del universo personal. Otras, sencillamente, emocionarían a cualquiera por la inmensidad de la obra en sí.

Y el otro día, a mis veinticinco años, me emocioné, y mucho, con "El Gran Dictador", de Charles Chaplin.

 

Ahora deberían comenzar los sonidos de viento, abucheos y risas irónicas. "Ahora vas a venir tú a descubrirnos Roma". Pues no, quede lejos de estas líneas esa intención. Simplemente quería describir mis sensaciones:

En primer lugar, esperaba una película con medios más limitados Me ha sorprendido, para su fecha de edición, unos decorados tan bien elaborados y una ambientación más que digna. Creía que la sátira al nacionalsocialismo implicaba más precariedad, creí que los medios lastrarían la puesta en escena, pero no. Bravo por Chaplin y su meticulosidad en ese aspecto.

Más sorpresas. El humor, que se mueve bien entre el humor inteligente, la mofa y el absurdo, no solapa el verdadero drama de la película y supone un acierto el evidente engaño al que nos somete Chaplin durante toda la película. Porque Chaplin, aquí, es además de una gran dictador, un gran timador. Nos engaña con su mundanal sonrisa, con esa apariencia que tiene "Charlot" de no enterarse de nada, de estar en otro mundo, de ser feliz en su mundo de fantasía ajeno a la realidad… Y es así, hasta que… ¡Zas! Zarpazo final, golpe de timón descomunal que desemboca en un discurso final histórico en el cine y en el arte, apasionante y apasionado. Probablemente una de las escenas que más me han impactado como espectador de cine. Mucho habría que discutir sobre el discurso y mucho sobre el contenido, pero no será aquí, pues no quiero destripar ese final sublime.

Así que sólo por el final ya es una película indispensable. Pero tiene más, unas cuantas escenas míticas (Hinkel jugando con el globo del mundo, la escena de los pudding que contienen monedas, el lío de la azotea, la sesión de belleza de Chaplin a su amada… etc.), una extensa colección de críticas implícitas, guiños al mejor cine mudo, momentos entrañables y muchos más detalles, que, seguro han escapado a mi atención. Destacar también a sus actores, Paulette Goddard, Reginald Gardnier, Maurice Moskovich y a Jack Oakie, quién obtuvo una nominación al oscar por su interpretación como Napaloni, Dictador de Bacteria.

Para admirar más esta película cabe destacar que se realizó antes de la segunda guerra mundial, que significó la primera película en la que Charlot habló (¡Y de qué manera!) y que ha sobrevivido a mucha censura de la mejor manera posible: emocionándome y jugando con mi persona como espectador, denunciando y concienciando.

Scriers

 

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