Lo han vuelto a hacer. Han vuelto a homenajear al género negro con solvencia y elegancia. Esta vez con otro personaje, más duro aún, más letal, casi inhumano, una especie de John Rambo menos torturado e implacable. Brubaker sigue deleitándose con tramas delictivas, ahora con un halo poético de fondo que sienta tan bien a la historia de Tracy Lawless, un exmilitar curtido en mil batallas con la necesidad de una redención personal que le haga comprender y esclarecer la muerte de su hermano y con la cabeza necesaria para comprender el porqué de los hechos y actuar en consecuencia. Queda el regusto amargo del fracaso, el sinsabor propio de estas historias de alimañas callejeras en las que nadie gana y muchos pierden, la sensación final de que Brubaker maneja con precisión los tempos de un guión calculado al milímetro, gestionado a base de flashbacks y saltos temporales. Phillips aplica su trazo grueso y oscuro a una historia a su medida.
Brubaker es el presente de los comics, es unánime su status como uno de los mejores guionistas del momento. No hace nada nuevo. Lo que nos ofrece con Criminal II lo hemos visto muchas otras veces, pero lo hace tan condenadamente bien…
Andrew Zimmerman
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