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Cine Lento (I), Una Historia verdadera.

Redactado y publicado por el Viernes, 4 abril 2008Un comentario

 

Entre mis conocidos soy absolutamente caricaturizado por el tipo de libros, cine y cómics que me gustan. Incluso me pasa con la música. Así que como "Vendetta" voy a crear una particular sección que se dedicará a analizar el tipo de películas que suelo ver. Lo llamaré, en un alarde de originalidad, Cine Lento. Para inaugurar la sección, he elegido un film mítico que acabo de ver hace unas horas, Una historia verdadera, del señor David Lynch.

Y qué decir, que es la película menos Lynch (aunque aseguran que la implicación de Lynch en el proyecto fue igual o superior a las que realiza con guión propio) y, paradójicamente, de largo, la que más me ha gustado del autor. En la historia y el guión, basado en una hecho real, tiene mucho que ver la mujer de Lynch, Mary Sweeney. Ojo, que sigue manteniendo una serie de características propias del director: personajes únicos, peculiares, juegos de cámara, de sonido, gran importancia de la música y la fotografía…  etc.

Sin embargo, el cine sensorial de Lynch, ese despiste al que juega con sus films más arriesgados, desaparece completamente en esta película. Aquí no hay ni trampa ni cartón, Lynch nos traslada a una América profunda, dónde el mundo parece transcurrir a dos velocidades por debajo del resto. Familias que pasan la tarde en el jardín al sol, tractores que cruzan campos, bares de carretera, personas de buena fe que trabajan y buscan hacer mejor su universo particular. También tienen, por supuesto, sus miserias. Sus alegrías. Nada más. Nada menos. Así, resumir "la historia verdadera" es muy simple, un anciano Alvin Straight, se entera que su hermano ha sufrido un infarto. Llevan diez años sin hablarse. La combinación de autobuses no existe, no sabe conducir, apenas ve, su cuerpo soporta el lastre de una guerra. ¿Qué hacer? Pues recorrer un estado entero, 500 millas a bordo de un cortacésped que arrastra una carretilla llena de trastos para el viaje.

Pero la película soporta algo más que un original punto de partida. A través de la excelentísima actuación de Richard Farnsworth, el guión saca a relucir los conflictos cotidianos que podemos sufrir cualquiera de nosotros con la familia, con el tiempo, con el azar, con el pasado y con el futuro. Pero sobre todo, la película es presente. Se saborea en cada una de las conversaciones con las que nos deleita un personaje que viene de vuelta, honesto y sincero, un gran "escuchador", un gran orador. Alvin Straight persigue algo más que hacer las paces con su hermano, persigue demostrar que el mundo no le ha vencido. No es el único personaje que busca y encuentra. Los secundarios, cada uno, a su estilo, en sus breves apariciones, se hacen seres creíbles y sinceros. Me recordó esa estructura a la famosa novela de "El Principito", no se muy bien porqué.

Hablar también de las atmósferas que Lynch recrea a partir de la fotografía, la música y los elementos propio sde la naturaleza es asunto obligado. Esta película es bella. Extraordinariamente hermosa para quién aprecia esas pequeñas obras de arte que aparecen cada día. Lynch las recrea y nos empapa de ellas. Como muestra, esos cielos repletos de estrellas que aparecen intermitentemente en la película.

Una película, en fin, para saborearla, para quererla, para vivirla.

Scriers