Hace ya unos meses, cuando la cuesta la veíamos desde arriba y diciendo “uff la que nos espera” tuve una profunda conversación de estas que me encantan sobre filosofía en la educación. Uno de los que participaban era precisamente un (excelente) educador al que le tengo muchísima admiración por sus valores y su integridad. Me chocó especialmente el hecho de que manifestara abiertamente que “a los niños no hay que enseñarles política”.
Esa afirmación me sorprendió mucho por ver de quién salía y por ser la antítesis de mi personal modelo educativo, que tan cercano creí que estaba de este maestro al que me refiero.
Hoy, meses después me reafirmo en mi postura pues creo más que nunca que en este país tenemos, sobre todo, mala educación y mala política.
Enseñar a los niños conceptos tan etéreos como la igualdad, la justicia, los principios, la voz, el pueblo, el voto, las decisiones, las personas, el bien común es algo, no solo apasionante, si no absolutamente necesario.
Los adultos estamos enseñando a las generaciones venideras precisamente lo que los adultos criticamos hasta el hastío de las generaciones venideras. ¿De quién es la culpa de que un niño no sepa vivir sin su Tuenti, su DVD, su DisneyLand, su plasma, su iPad? Dejémos de condenar a los críos o de echar balones fuera culpando a “otros padres”.
Tenemos nuestros institutos llenos de pechugonas y titiboys a los que no les interesa lo más mínimo saber, ni siquiera, entender su país, o su ciudad o su barrio. No tienen asumido lo que es el esfuerzo porque todo lo tienen, no tienen asumido qué es el respeto porque no se lo deben a su familia, no tienen asumido lo que es la responsabilidad porque ‘tienen derechos’. Pero insisto, ¿por qué culparles a ellos de su ignorancia? Culpemos en primer lugar a su madre o a su padre, que seguramente jamás le habrá explicado objetivamente qué significa votar, después culpemos a la TV porque ‘ya no es la de antes’, después culpemos al sistema porque está lleno de políticos como él, después culpemos a su profesora de infantil, más preocupada en ver a cuantos días tiene derecho si se da baja alegando estrés que en educar a sus pequeños alumnos y después, amigos, culpémosnos a nosotros mismos, porque no hacemos absolutamente nada por impedir que ese chaval en realidad no tenga ni puta idea de cuál es su ideología o de cuál es su deber como ciudadano. Ese mismo chaval, cuando llegue una crisis como la que vivimos hoy, dirá muy convencido “la política da asco” y a mí no se me ocurrirá otra cosa que la de escribir otro artículo con el mismo fundamento que el presente.
Me da tanta rabia pensar que dentro de poco volveremos a tener a ‘los otros’ (ahora que Perdidos se ha acabado) en el mando y que el ciclo se repetirá una legislatura tras otra que ya sólo sé pensar en el absoluto declive político en el que estamos y en el que seguro que empeorará.
Veo cerca la huelga general. Funcionarios, pensionistas, desempleados, inmigrantes, doctores, médicos, ricos, pobres, guapos y feos unidos en un solo gritos ‘Zapatero dimisión’ y será tanto el oportunismo de la gente, de los medios y de los partidos que la política volverá a dar asco. Porque en realidad a la gente no le preocupa la ideología, le preocupa su bolsillo.
Lo que más pena me da es esa falta de coraje, de valentía, de ‘hasta aquí hemos llegado’ por conseguir un cambio, que al único cambio que aspiramos que en la próxima legislatura salga el PP. Y otra vez vuelta a empezar mientras ellos dan una lamentable imagen en el congreso de los Diputados, mientras le vemos ostentosos de su capital, mientras le vemos que a ellos la crisis se la suda, mientras le vemos sonreír ante las cámaras y mientras vemos como nos roban, nos chantajean y juegan con nosotros como quieren.
No sé, de verdad, no me llego a explicar que tiene que pasar para que se recupere la confianza y la ilusión en una política digna. No sé porque cada 2 años vemos como 10 millones de personas votan a los mismos que hace unos años nos robaron en nuestra cara y otras 10 lo hacen a los mismos que demostraron su ineptitud como políticos. Bueno, uno se lee los comentarios de los lectores del 20m y empieza a atar cabos.
La verdad es que la crisis acojona a cualquiera, ya no sólo por el hecho de poder quedarte sin tu sueldo, algo que llevábamos viendo desde hace tiempo en cada “tasa de paro” que anuncian, si no por ver que los servicios mínimos se esfuman, por ver como los ayuntamientos ven peligrar la integridad de su ciudad, por ver que se recortan las ayudas sociales, en definitiva por ver que está ocurriendo la hecatombe que tarde o temprano tenía que pasar.
Al margen de la política creo que la crisis debemos afrontarla no con humor pero sí con optimismo. La crisis tiene consecuencias nefastas, pero también creo que humaniza y que nos enseña a superar retos. Me gustaría animar a cualquier que esté sufriendo las garras de este desastre bursátil porque es muy jodido ver como no tienes cómo pagar las extraescolares de tu niño.
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Y mientras tanto otros inyectándole millones a la banca.
PD: He releído otro artículo que escribir hace unos meses y he observado como he repetido muchas ideas. No ha sido intencionado así que disculpad mi reiteración








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