Eterno ViajeroEterno Viajero
Eterno Viajero
27 mayo 2010

Hace ya unos meses, cuando la cuesta la veíamos desde arriba y diciendo “uff la que nos espera” tuve una profunda conversación de estas que me encantan sobre filosofía en la educación. Uno de los que participaban era precisamente un (excelente) educador al que le tengo muchísima admiración por sus valores y su integridad. Me chocó especialmente el hecho de que manifestara abiertamente que “a los niños no hay que enseñarles política”.

Esa afirmación me sorprendió mucho por ver de quién salía y por ser la antítesis de mi personal modelo educativo, que tan cercano creí que estaba de este maestro al que me refiero.

Hoy, meses después me reafirmo en mi postura pues creo más que nunca que en este país tenemos, sobre todo, mala educación y mala política.

Enseñar a los niños conceptos tan etéreos como la igualdad, la justicia, los principios, la voz, el pueblo, el voto, las decisiones, las personas, el bien común es algo, no solo apasionante, si no absolutamente necesario.

Los adultos estamos enseñando a las generaciones venideras precisamente lo que los adultos criticamos hasta el hastío de las generaciones venideras. ¿De quién es la culpa de que un niño no sepa vivir sin su Tuenti, su DVD, su DisneyLand, su plasma, su iPad? Dejémos de condenar a los críos o de echar balones fuera culpando a “otros padres”.

Tenemos nuestros institutos llenos de pechugonas y titiboys a los que no les interesa lo más mínimo saber, ni siquiera, entender su país, o su ciudad o su barrio. No tienen asumido lo que es el esfuerzo porque todo lo tienen, no tienen asumido qué es el respeto porque no se lo deben a su familia, no tienen asumido lo que es la responsabilidad porque ‘tienen derechos’. Pero insisto,  ¿por qué culparles a ellos de su ignorancia? Culpemos en primer lugar a su madre o a su padre, que seguramente jamás le habrá explicado objetivamente qué significa votar, después culpemos a la TV porque ‘ya no es la de antes’, después culpemos al sistema porque está lleno de políticos como él, después culpemos a su profesora de infantil, más preocupada en ver a cuantos días tiene derecho si se da baja alegando estrés que en educar a sus pequeños alumnos y después, amigos, culpémosnos a nosotros mismos, porque no hacemos absolutamente nada por impedir que ese chaval en realidad no tenga ni puta idea de cuál es su ideología o de cuál es su deber como ciudadano. Ese mismo chaval, cuando llegue una crisis como la que vivimos hoy, dirá muy convencido “la política da asco” y a mí no se me ocurrirá otra cosa que la de escribir otro artículo con el mismo fundamento que el presente.

Me da tanta rabia pensar que dentro de poco volveremos a tener a ‘los otros’ (ahora que Perdidos se ha acabado) en el mando y que el ciclo se repetirá una legislatura tras otra que ya sólo sé pensar en el absoluto declive político en el que estamos y en el que seguro que empeorará.

Veo cerca la huelga general. Funcionarios, pensionistas, desempleados, inmigrantes, doctores, médicos, ricos, pobres, guapos y feos unidos en un solo gritos ‘Zapatero dimisión’ y será tanto el oportunismo de la gente, de los medios y de los partidos que la política volverá a dar asco. Porque en realidad a la gente no le preocupa la ideología, le preocupa su bolsillo.

Lo que más pena me da es esa falta de coraje, de valentía, de ‘hasta aquí hemos llegado’ por conseguir un cambio, que al único cambio que aspiramos que en la próxima legislatura salga el PP. Y otra vez vuelta a empezar mientras ellos dan una lamentable imagen en el congreso de los Diputados, mientras le vemos ostentosos de su capital, mientras le vemos que a ellos la crisis se la suda, mientras le vemos sonreír ante las cámaras y mientras vemos como nos roban, nos chantajean y juegan con nosotros como quieren.

No sé, de verdad, no me llego a explicar que tiene que pasar para que se recupere la confianza y la ilusión en una política digna. No sé porque cada 2 años vemos como 10 millones de personas votan a los mismos que hace unos años nos robaron en nuestra cara y otras 10 lo hacen a los mismos que demostraron su ineptitud como políticos. Bueno, uno se lee los comentarios de los lectores del 20m  y empieza a atar cabos.

La verdad es que la crisis acojona a cualquiera, ya no sólo por el hecho de poder quedarte sin tu sueldo, algo que llevábamos viendo desde hace tiempo en cada “tasa de paro” que anuncian, si no por ver que los servicios mínimos se esfuman, por ver como los ayuntamientos ven peligrar la integridad de su ciudad, por ver que se recortan las ayudas sociales, en definitiva por ver que está ocurriendo la hecatombe que tarde o temprano tenía que pasar.

Al margen de la política creo que la crisis debemos afrontarla no con humor pero sí con optimismo. La crisis tiene consecuencias nefastas, pero también creo que humaniza y que nos enseña a superar retos. Me gustaría animar a cualquier que esté sufriendo las garras de este desastre bursátil porque es muy jodido ver como no tienes cómo pagar las extraescolares de tu niño.

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Y mientras tanto otros inyectándole millones a la banca.

PD: He releído otro artículo que escribir hace unos meses y he observado como he repetido muchas ideas. No ha sido intencionado así que disculpad mi reiteración

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Algún extraño conjuro hace que esté descubriendo la obra literaria de Javier Cercas desde su obra reciente hacia atrás, casi antinatura si uno quiere estudiar su evolución. Pero resulta que a Javier Cercas lo leo con entusiasmo de creador literario, analizando su método, cómo y porqué son así sus obras. Era necesario, después de su celebérrima “Anatomía de un instante”, pasar a un terreno puramente ficticio, una novela al uso. Descubrir cómo y de qué manera se enfrenta Javier Cercas a la realidad humana y sus problemas, virtudes o defectos, como se acerca o huye de ella.

El caso de “La velocidad de la luz” resulta un híbrido entre ese estudio ensayístico “anovelado” que es “Anatomía de un instante” y una novela ficcional. Javier Cercas describe y desarrolla el universo de un escritor que, de repente, se ve abrumado por un éxito enorme, el que inesperadamente ha cosechado su quinta novela. Así, “La velocidad de la luz” habla del éxito, pero también de la incertidumbre de la vida, del absurdo de la guerra y de la culpa. Y esto lo hace muy hábilmente Cercas remontándose al comienzo de los tiempos de ese escritor, ahora de éxito, y anteriormente un estudiante buscavidas al que le llegó su experiencia vital literaria en un pueblo perdido de Estados Unidos, Urbana. Allí conoce a Rodney Falk, un excombatiente de Vietnan cuya vida irá irremediablemente unida a la del escritor protagonista, que sentirá el impulso de escribir la historia de su amigo.

Así contado, nada excepcional. Pero desgranando los motivos y sucesos de la novela, uno entiende rápidamente que el protagonista es Javier Cercas o alguien muy parecido a él, mezcla autobiografía con invención pura y dura. Así, su personaje, como él, trabajó en una universidad estadounidense dando clases de Castellano, como él, conoció a un excombatiente de Vietnan, como él, tuvo personas próximas que le acompañaron toda su vida, y como él, tuvo un gran éxito con su quinta novela. De sobra es conocido que Javier Cercas tuvo un grandísimo reconocimiento tiempo después de publicar “Soldados de Salamina”, y en consecuencia, resultan completamente veraces sus reflexiones sobre el éxito y la catástrofe personal que puede llegar a suponer. Lo que no tuvo en vida Javier Cercas es un trauma existencial como el que vive su protagonista, la muerte de sus dos seres queridos más próximos.

Y la novela está contada con una sencillez pasmosa. Cercas no emplea más palabras que las necesarias, usa recursos estilísticos convenientemente y no se complica en querer ser escritor. Sencillamente, lo es. Ni siquiera abundan esas “frases bonitas” a las que hace mención la novela. Tiene todos los ingredientes para que el lector se vea empujado a seguir la historia de Rodney Falk a través de los ojos del ater ego de Cercas, que no es más que su propia historia con motivos diferentes. Y ahí puede haber algún resbalón en la novela. El paralelismo entre personajes principales se ve, en ocasiones, cogido por los pelos, y el deterioro de la vida personal del protagonista también, pero es tal la armonía y precisión de la novela que uno se deja engullir por ese foso reflexivo y literario que cavan sus protagonistas.

Mezclando ficción y realidad, “La velocidad de la luz” es una novela que supuso la constatación de Javier Cercas como uno de los más destacados novelistas del país, uno de los más imaginativos y a la vez, uno de los más humildes. Después de Soldados de Salamina, a Cercas le esperaba un avispero de críticos dispuestos a masacrarle. Superó la prueba con elegancia e ingenio, con indudable calidad literaria. Después, con “Anatomía de un instante” triunfó mucho más allá que con la novela que le dio a conocer. Y ahora, por fin, Cercas no tiene nada que demostrarle a nadie, es presente y futuro de nuestra literatura.

Scriers.

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Scriers
23 febrero 2010

Esta es un crítica que he hecho sobre el relato “La continuidad de los parques” de Julio Cortázar. La clave es que está hecho como si acabara de ser editado.


El Laberinto de Cortázar

“El mundo es un laberinto fantasmal del que el ser humano ha de intentar escapar”. Cuando Julio Cortázar pronunció estas palabras seguramente no quería definir “La continuidad de los parques”, pero ha de reconocerse que, desde esta frase, podríamos establecer un paralelismo evidente con su cuento.

Y es que, el último cuento de Julio Cortázar es, pese a manejar temas explícitamente realistas (un clásico triángulo amoroso, la víspera de la libertad entre aquellos que tanto la anhelan o la enajenación vital que provoca un trabajo opresivo), un cuento que huye del laberinto del mundo, o del mundo tal y como lo concebimos normalmente. Esto lo hace invirtiendo la perspectiva, es decir, proponiendo otro laberinto, el ficcional, que consigue embarcar al lector en una travesía dónde lo real y lo fantástico se confunden, se tratan y se expresan.

Partiendo de un narrador situado muy próximo al lector, tanto que parece incluso que le acompañemos en el viaje o que adoptemos incluso el papel protagonista, y con la consabida complicidad que exige un texto que podríamos integrar dentro del realismo mágico (es decir, nos creemos lo narrado por encima de las perturbaciones espacio-temporales), Cortázar bifurca sus esfuerzos narrando dos historias al tiempo, primero, la de un atareado empresario cuya jornada laboral ha expirado y se entusiasma leyendo una novela, y segundo, la de la propia novela que está leyendo y que narra el desesperado encuentro entre dos amantes que planean su libertad.

El mérito del relato se sustenta en los recursos empleados para encauzar ambas realidades hasta un mismo plano temporal y espacial, o lo que es igual, hasta una misma realidad. Es en la distorsión del tiempo y el espacio en sus parámetros normales, dónde Cortázar se encuentra más cómodo, pero lo hace sin despegarse totalmente de la propia realidad, dejando enganches invisibles, pues según él mismo, “sin la realidad, lo fantástico se disuelve y no tiene ningún sentido”.

Y para ello Cortázar no duda en emplear parte de sus arsenal literario más característico: Lenguaje poético (“latía la libertad agazapada”, “la sangre galopa”), localismos, cambios de ritmos, suspense bien entendido (aquí podemos distinguir la sombra de Edgard Allan Poe) y autogeneración del cuento. La prosa desplegada por el autor te atrapa del mismo modo que describe a su protagonista (“con un placer casi perverso”) y lo aleja del Cortázar más primitivo, el que caracterizaba sus obras con un fraseo corto y escueto.

El cuento supone, del mismo modo a todo lo anterior, una apología del ideario del autor en términos literarios, que se desprende a través de la relación de su personaje principal con la novela que está tratando y de la superposición en la ficción de una realidad con otra. Tanto desde su estilo narrativo como desde los hechos que cuenta, el cuento trata también la creación literaria y su repercusión en el lector.

Es éste un texto válido para varios tipos de lectores. Los que se conformen con una lectura explícita, encontrarán la historia de un triángulo amoroso con final sorpresivo. A los que le guste un tratamiento más exhaustivo, encontrarán no solo una historia y el despliegue fantástico de los acontecimientos, sino también un texto plagado de simbolismo literario, recursos propios del autor y del tipo de literatura que éste representa. En resumen, de una manera u otra, el autor ha resumido en poco más de medio folio su propia concepción del cuento y lo ha hecho fiel a su idea original, haciendo escapar al lector del laberinto fantasmal del mundo.

Relato original.

Scriers.

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Eterno Viajero
27 enero 2010

He de reconocer, no sé si fui el único, que al leer la noticia sobre el terremoto en Haití tuve que desempolvar mi viejo atlas (hoy reconvertido a Google Maps) para ver donde estaba localizado en el mapa.

Eso dice bien poco a mi favor de mi conocimiento socio-político de la zona, y por ende, de mi sensibilización con el pueblo haitiano previa al terremoto.

El caso es que, desde mi asiento, tranquilo frente a mi monitor, escuchando música suave, con la estufa encendida (a pesar de las advertencias que nuestro planeta nos arroja en forma de campaña ecologista de Carrefour y su nueva política de bolsas de plástico) debo decir, que, lamentándolo mucho, soy una víctima más de las fauces del lobo del occidentalismo y que me enfrento a la desgracia de Haití de una forma bastante insensible.

Maticemos. No es que sea insensible ante la erradicación de un plumazo de 200.000 personas, que se dice pronto, si no a la vorágine mediática que nos sucumbe día tras día desde ese fatídico 12 de Enero.

Quien me conozca sabrá que soy bastante crítico con el pensamiento dominante, lo cual me convierte a veces en un monstruo especializado en hacer declaraciones desafortunadas; lo sé y cuento con ello.

Pero creo que hoy por hoy me encuentro en el tope. Y lo digo porque no estoy a favor de las reacciones internacionales y de la gente mundana ante la desgracia Haitiana.

Si a alguno se le ha pasado por la cabeza pensar que lo mejor que hacemos es “volcarnos” a título individual con el país azotado creo que se encuentra ante un error. ¿Los motivos? Varios; los paso a detallar.

Desde un punto de visto técnico creo que podemos, o puedo (por no hacer extensible mi opinión a lectores sensibilizados) reprochar que se habla diariamente sobre reconstrucción y de devolver al país a la normalidad. ¿Perdón? ¿Normalidad? Paso a citar:

Haití tiene la renta per cápita más baja de todo el hemisferio occidental, es decir, que puede considerarse el país más pobre de toda América. Haití está en la posición 150 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Aproximadamente un 70% de la población vive en la pobreza.

La pobreza resulta extrema en gran parte de la población, tanto que sus ingresos no les alcanza para adquirir un poco de arroz u otros alimentos básicos, debiendo alimentarse para subsistir con una especie de galletas hechas de lodo (barro), manteca vegetal y sal, que es vendida a bajo precio, lo que acarrea secuelas de desnutrición y otros males físicos.

La causa principal del empobrecimiento del territorio es la explotación forestal excesiva por una población que cada vez aumenta su demanda de leña y madera, lo que ha provocado la erosión del suelo y una tremenda escasez de agua potable.

La ayuda extranjera compone aproximadamente el 30–40% del presupuesto nacional del gobierno.

La ayuda de los Estados Unidos al gobierno haitiano fueron totalmente cortadas entre 2001 y 2004 tras las elección disputadas en 2000 y que el presidente Aristide fuera acusado de varios asesinatos.

En 2005 la deuda externa total de Haití estaba cifrada en 1.300 millones de dólares, que significa una deuda per capita de 169 dólares.

Si con nuestras donaciones por SMS en el programa de Ana Rosa pretendemos devolver a Haití a la normalidad, por favor, apaguemos el móvil.

Queda patente que Haití es un país necesitado, sucumbido a la miseria y la pobreza extrema y desgraciadamente tiene la mala suerte estar en una zona de alto riesgo sísmico, y chicos, mejor no intentar mover las placas tectónicas de sitio, no vaya a ser que Gaia se nos enfade y nos estornude. Dentro de 10 años, cuando todo vuelva a la “normalidad”, las casas volverán a ser la misma chabola que antes del terremoto, y vendrá otro, y tendremos a un país marcado por una historia de desgracias.

Pero siguiendo con el tema, y dando por válida la opción de “Ayudar a Haití”, que la veo perfecta, me planteo desde el lado cómodo, desde Europa, ¿por qué demonios nos volcamos como nos estamos volcando con Haití? ¿Realmente estamos sensibilizados con la realidad de ese país? Joder, yo es que es cierto que veo poca tele, pero antes de 12 de Enero no he visto ningún rótulo en el programa de Ana Rosa pidiendo mandar un SMS para ayudar a Haití a sacarlo de la pobreza.

Y digo yo, ¿no será otro lavado cerebral y ético de nuestra apestosa moral occidental? A mi me pinta que sí, y lo siento por Haití tio, de verdad lo digo, ojalá pudieran vivir la mitad de la mitad de bien que vivo yo; lo deseo, como lo deseo de las gentes de Benín, Bolivia, Burkina Faso, Camerún, Chad, Costa de Marfil, Etiopía, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Guyana, Honduras, Madagascar, Malawi, Malí, Mauritania, Mozambique, Nicaragua, Níger, Rwanda, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona, Tanzania, Uganda y Zambia [sacado de Wikipedia].

A mi todo esto me huele muy mal y debo decir, por cabrón que parezca, que me parece otra tomadura de pelo, o mejor dicho, otro condicionador social… vamos, un negocio. Y el caso es que se me escapan las cifras. Pero soy muy mal pensando, y no entiendo como ahora todos, empresas incluidas, nos apuntamos al carro de salvemos Haití, ¿Por qué? ¿Para limpiar la imagen de una empresa insolidaria con sus trabajadores o sus clientes?

Y es que en cada concierto benéfico hay técnicos de sonidos, hay contrataciones de hostelería, hay movimiento hotelero, hay dispositivos de seguridad, hay especialistas en pirotecnia, escenario, luces, merchandisign; todo cubierto con la preciosa capa de “el dinero de la entrada irá destinado a Haití”. Y creo que los eslóganes deberían cambiar y poner “todo el dinero resultante de los beneficios del concierto irán destinados a una asociación que lucha en pro de los derechos humanos, ahora volcada con Haití”. Pero a todos esos profesionales, hay que pagarles ¿no? ¿o es que al de los baños portátiles no se le paga? ¿ni el escenario tampoco? ¿Y al artista? No sé no se… Unos sacan el beneficio de la mejora de la imagen pública, el mercado colindante se frota las manos y los que van al concierto vuelven a sus casas con su conciencia tranquila acostándose en su cama aun con el enajenamiento de la fiesta de la noche concluyendo ¡He ayudado a devolver a Haiti a la normalidad! … Tócate los huevos.

La cosa sigue, y la gente lava sus podridas conciencias enviando un mensajito de texto tipo SALVA HAITI al 5386 o ingresa 20 euritos, que es lo que se puede este mes, a una cuenta corriente del BBVA que se lleva, por supuesto, sus 90 céntimos correspondientes de comisión. Basura, pura basura mediática.

El caso es que uno hace eso creo que para lavar su conciencia, pregonar a los cuatro vientos que él apoya la causa Haitiana, que ahora mola, y para no ser sacado de su aletargamiento moral que en el mundo occidental vivimos. Doy 20 euros a Unicef pero … dejadme en paz, quiero seguir mi vida despreocupada de la realidad mundial, hasta próxima catástrofe natural (que os aseguro que habrá alguna en el futuro).

Podría valer la excusa de “bueno, al menos aporta lo que puede”. Pues sí, es cierto, y es de agradecer, la verdad. Pero hilando fino, me sigue tocando los huevos, y continúo. ¿Acaso no vivimos en un país rico? Sí, os pongáis como os pongáis mentéis o no mentéis a la crisis. Somos muy ricos, y muy afortunados. Quizás tu que me lees no, ni yo, ni muchos, pero nuestro país sí lo es. Y sinceramente, creo que sería un gesto mucho más honorable que España aumentara considerablemente la partida presupuestaria de urgencia a Haití en vez de que empresas privadas nos pidieran colaboración.

¿No pagamos impuestos? Pues eso, sacrifiquemos el bien común (lease, partida presupuestaria a armamento, o desarrollo tecnológico, o no poder terminar la vía del AVE hasta 2015) en pro de mejorar a la comunidad haitiana. Desde hace un tiempo sostengo que en el mundo en el que vivimos hablamos de pobres “en general” y hablamos de ricos “en concreto”. Suframos las consecuencias de apretarnos el cinturón por Haití no con esos 20 euritos que este mes puedo aportar, si no viviendo un 2010 con un estado algo más empobrecido. Eso se llama solidaridad internacional. No quiero que Orange me pida dinero por Haití, ni quiero que lo haga Carrefour, ni Antena 3, ni Cadena 100, quiero que España ceda un % de sus arcas, que llenamos todos (yo desde este año) a mejorar ahora la vida Haití, y mañana a cualquiera de otro país pobre.

Con todo, me gustaría enviar todo mi apoyo al país americano, mucha fuerza, mucho coraje y y más autodefensa.

¡Salvemos Haití, pero de verdad! ¡Hay otras muchas maneras de mejorar la calidad de vida de Haití, pero para ello se necesitan a valientes, y en los tiempos que corren escasean demasiado!

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Siento algo parecido a la pesadumbre cada vez que un novelista en España habla de su próximo proyecto y éste tiene algo que ver con el prefranquismo, posfranquismo o franquismo, a secas. Creo que es un periodo histórico que se debe superar literariamente o simplemente, ya no me interesa porque soy de otra generación y llego a contrapié a lo que fue la etapa histórica que más ha marcado a nuestras generaciones anteriores. El caso es que hablando al respecto, algunos, o muchos coinciden en que no estará tan muerta esta etapa histórica o no se habrán suturado las heridas o necesitará de análisis y más análisis antes de seguir adelante, si es que una gran parte de los novelistas en España tratan directa, o indirectamente, el tema.

Y el tema es tratado indirectamente, o directamente, porque es consecuencia mismo del franquismo, en “Anatomía de un Instante”, el último trabajo de Javier Cercas. Él se excusa en que adivinó que tenía material para una novela cada vez que veía la imagen de Adolfo Suárez solo en el congreso de los diputados durante el atentado del 23 de Febrero de 1982. Aunque más tarde confiesa que no es exactamente así, el análisis de ese instante, cuando el teniente coronel Tejero dispara sus balas por el congreso y todos los diputados se agachan y se esconden bajo sus asientos, excepto tres personas: Adolfo Suárez, el general Gutierrez Mellado y Santiago Carrillo, líder por entonces del Partido Comunista, es el centro neurálgico del libro de Javier Cercas y una de las obras más interesantes que han concurrido en las letras españolas estos últimos años.

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A través de cuatrocientas páginas, el autor elabora un estudio concienzudo, documentado de manera exhustiva, dónde los hechos que sucedieron antes, durante y después del golpe de estado se analizan desde una perspectiva diría yo que neutral y una voz sincera con un ligero toque moral. Lo hace centrándose en los tres personajes que quedaron entonces en pie, construyendo sus semblantes como personas y personajes políticos, y trasladando esa visión hacia la visión de la España de entonces, sus fracturas, su fragilidad, sus miserias.

Y lo mejor, Cercas se lanza a la aventura realizando un estudio de indudable mérito que además noveliza, digamos que trata la situación y a los protagonistas como si fueran personajes de una novela, trenza la información presentándola como quién cuenta una historia de ficción, solo que de ficción no tiene nada. Y lo hace sutilmente y sin dejar de hacer un ensayo. Es decir, el libro parece tres libros, pero en el fondo es uno. Es un ensayo sobre el 23 F (pero también sobre España, también sobre la sociedad, también sobre Suárez, también sobre Carrillo, también sobre Gutierrez Mellado), es un libro histórico y es lo que parece una novela pero no lo es.

Imprescindible por su concepción del estilo, imprescindible si quieres conocer a fondo uno el hecho más importante de la historia reciente de España, imprescindible por el retrato de sus personajes principales (genial el de Suárez) y por el retrato coral de la España política y militar de entonces, el libro de Javier Cercas se me antoja uno de los libros más importantes publicados en España y un proyecto tan valiente que bien merece todo el reconocimiento que está teniendo. Chapeau.

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Recopilación de artículos relacionados:

Artículo Elpaís.

Crítica de Elpaís.

Según Ojosdepapel.

Según elmundo.

Scriers.

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