El Laberinto de Cortázar.
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Esta es un crítica que he hecho sobre el relato “La continuidad de los parques” de Julio Cortázar. La clave es que está hecho como si acabara de ser editado.


El Laberinto de Cortázar

“El mundo es un laberinto fantasmal del que el ser humano ha de intentar escapar”. Cuando Julio Cortázar pronunció estas palabras seguramente no quería definir “La continuidad de los parques”, pero ha de reconocerse que, desde esta frase, podríamos establecer un paralelismo evidente con su cuento.

Y es que, el último cuento de Julio Cortázar es, pese a manejar temas explícitamente realistas (un clásico triángulo amoroso, la víspera de la libertad entre aquellos que tanto la anhelan o la enajenación vital que provoca un trabajo opresivo), un cuento que huye del laberinto del mundo, o del mundo tal y como lo concebimos normalmente. Esto lo hace invirtiendo la perspectiva, es decir, proponiendo otro laberinto, el ficcional, que consigue embarcar al lector en una travesía dónde lo real y lo fantástico se confunden, se tratan y se expresan.

Partiendo de un narrador situado muy próximo al lector, tanto que parece incluso que le acompañemos en el viaje o que adoptemos incluso el papel protagonista, y con la consabida complicidad que exige un texto que podríamos integrar dentro del realismo mágico (es decir, nos creemos lo narrado por encima de las perturbaciones espacio-temporales), Cortázar bifurca sus esfuerzos narrando dos historias al tiempo, primero, la de un atareado empresario cuya jornada laboral ha expirado y se entusiasma leyendo una novela, y segundo, la de la propia novela que está leyendo y que narra el desesperado encuentro entre dos amantes que planean su libertad.

El mérito del relato se sustenta en los recursos empleados para encauzar ambas realidades hasta un mismo plano temporal y espacial, o lo que es igual, hasta una misma realidad. Es en la distorsión del tiempo y el espacio en sus parámetros normales, dónde Cortázar se encuentra más cómodo, pero lo hace sin despegarse totalmente de la propia realidad, dejando enganches invisibles, pues según él mismo, “sin la realidad, lo fantástico se disuelve y no tiene ningún sentido”.

Y para ello Cortázar no duda en emplear parte de sus arsenal literario más característico: Lenguaje poético (“latía la libertad agazapada”, “la sangre galopa”), localismos, cambios de ritmos, suspense bien entendido (aquí podemos distinguir la sombra de Edgard Allan Poe) y autogeneración del cuento. La prosa desplegada por el autor te atrapa del mismo modo que describe a su protagonista (“con un placer casi perverso”) y lo aleja del Cortázar más primitivo, el que caracterizaba sus obras con un fraseo corto y escueto.

El cuento supone, del mismo modo a todo lo anterior, una apología del ideario del autor en términos literarios, que se desprende a través de la relación de su personaje principal con la novela que está tratando y de la superposición en la ficción de una realidad con otra. Tanto desde su estilo narrativo como desde los hechos que cuenta, el cuento trata también la creación literaria y su repercusión en el lector.

Es éste un texto válido para varios tipos de lectores. Los que se conformen con una lectura explícita, encontrarán la historia de un triángulo amoroso con final sorpresivo. A los que le guste un tratamiento más exhaustivo, encontrarán no solo una historia y el despliegue fantástico de los acontecimientos, sino también un texto plagado de simbolismo literario, recursos propios del autor y del tipo de literatura que éste representa. En resumen, de una manera u otra, el autor ha resumido en poco más de medio folio su propia concepción del cuento y lo ha hecho fiel a su idea original, haciendo escapar al lector del laberinto fantasmal del mundo.

Relato original.

Scriers.

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Lo siento Haití, ya no quedan valientes.
Eterno ViajeroEterno Viajero Eterno Viajero

He de reconocer, no sé si fui el único, que al leer la noticia sobre el terremoto en Haití tuve que desempolvar mi viejo atlas (hoy reconvertido a Google Maps) para ver donde estaba localizado en el mapa.

Eso dice bien poco a mi favor de mi conocimiento socio-político de la zona, y por ende, de mi sensibilización con el pueblo haitiano previa al terremoto.

El caso es que, desde mi asiento, tranquilo frente a mi monitor, escuchando música suave, con la estufa encendida (a pesar de las advertencias que nuestro planeta nos arroja en forma de campaña ecologista de Carrefour y su nueva política de bolsas de plástico) debo decir, que, lamentándolo mucho, soy una víctima más de las fauces del lobo del occidentalismo y que me enfrento a la desgracia de Haití de una forma bastante insensible.

Maticemos. No es que sea insensible ante la erradicación de un plumazo de 200.000 personas, que se dice pronto, si no a la vorágine mediática que nos sucumbe día tras día desde ese fatídico 12 de Enero.

Quien me conozca sabrá que soy bastante crítico con el pensamiento dominante, lo cual me convierte a veces en un monstruo especializado en hacer declaraciones desafortunadas; lo sé y cuento con ello.

Pero creo que hoy por hoy me encuentro en el tope. Y lo digo porque no estoy a favor de las reacciones internacionales y de la gente mundana ante la desgracia Haitiana.

Si a alguno se le ha pasado por la cabeza pensar que lo mejor que hacemos es “volcarnos” a título individual con el país azotado creo que se encuentra ante un error. ¿Los motivos? Varios; los paso a detallar.

Desde un punto de visto técnico creo que podemos, o puedo (por no hacer extensible mi opinión a lectores sensibilizados) reprochar que se habla diariamente sobre reconstrucción y de devolver al país a la normalidad. ¿Perdón? ¿Normalidad? Paso a citar:

Haití tiene la renta per cápita más baja de todo el hemisferio occidental, es decir, que puede considerarse el país más pobre de toda América. Haití está en la posición 150 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Aproximadamente un 70% de la población vive en la pobreza.

La pobreza resulta extrema en gran parte de la población, tanto que sus ingresos no les alcanza para adquirir un poco de arroz u otros alimentos básicos, debiendo alimentarse para subsistir con una especie de galletas hechas de lodo (barro), manteca vegetal y sal, que es vendida a bajo precio, lo que acarrea secuelas de desnutrición y otros males físicos.

La causa principal del empobrecimiento del territorio es la explotación forestal excesiva por una población que cada vez aumenta su demanda de leña y madera, lo que ha provocado la erosión del suelo y una tremenda escasez de agua potable.

La ayuda extranjera compone aproximadamente el 30–40% del presupuesto nacional del gobierno.

La ayuda de los Estados Unidos al gobierno haitiano fueron totalmente cortadas entre 2001 y 2004 tras las elección disputadas en 2000 y que el presidente Aristide fuera acusado de varios asesinatos.

En 2005 la deuda externa total de Haití estaba cifrada en 1.300 millones de dólares, que significa una deuda per capita de 169 dólares.

Si con nuestras donaciones por SMS en el programa de Ana Rosa pretendemos devolver a Haití a la normalidad, por favor, apaguemos el móvil.

Queda patente que Haití es un país necesitado, sucumbido a la miseria y la pobreza extrema y desgraciadamente tiene la mala suerte estar en una zona de alto riesgo sísmico, y chicos, mejor no intentar mover las placas tectónicas de sitio, no vaya a ser que Gaia se nos enfade y nos estornude. Dentro de 10 años, cuando todo vuelva a la “normalidad”, las casas volverán a ser la misma chabola que antes del terremoto, y vendrá otro, y tendremos a un país marcado por una historia de desgracias.

Pero siguiendo con el tema, y dando por válida la opción de “Ayudar a Haití”, que la veo perfecta, me planteo desde el lado cómodo, desde Europa, ¿por qué demonios nos volcamos como nos estamos volcando con Haití? ¿Realmente estamos sensibilizados con la realidad de ese país? Joder, yo es que es cierto que veo poca tele, pero antes de 12 de Enero no he visto ningún rótulo en el programa de Ana Rosa pidiendo mandar un SMS para ayudar a Haití a sacarlo de la pobreza.

Y digo yo, ¿no será otro lavado cerebral y ético de nuestra apestosa moral occidental? A mi me pinta que sí, y lo siento por Haití tio, de verdad lo digo, ojalá pudieran vivir la mitad de la mitad de bien que vivo yo; lo deseo, como lo deseo de las gentes de Benín, Bolivia, Burkina Faso, Camerún, Chad, Costa de Marfil, Etiopía, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Guyana, Honduras, Madagascar, Malawi, Malí, Mauritania, Mozambique, Nicaragua, Níger, Rwanda, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona, Tanzania, Uganda y Zambia [sacado de Wikipedia].

A mi todo esto me huele muy mal y debo decir, por cabrón que parezca, que me parece otra tomadura de pelo, o mejor dicho, otro condicionador social… vamos, un negocio. Y el caso es que se me escapan las cifras. Pero soy muy mal pensando, y no entiendo como ahora todos, empresas incluidas, nos apuntamos al carro de salvemos Haití, ¿Por qué? ¿Para limpiar la imagen de una empresa insolidaria con sus trabajadores o sus clientes?

Y es que en cada concierto benéfico hay técnicos de sonidos, hay contrataciones de hostelería, hay movimiento hotelero, hay dispositivos de seguridad, hay especialistas en pirotecnia, escenario, luces, merchandisign; todo cubierto con la preciosa capa de “el dinero de la entrada irá destinado a Haití”. Y creo que los eslóganes deberían cambiar y poner “todo el dinero resultante de los beneficios del concierto irán destinados a una asociación que lucha en pro de los derechos humanos, ahora volcada con Haití”. Pero a todos esos profesionales, hay que pagarles ¿no? ¿o es que al de los baños portátiles no se le paga? ¿ni el escenario tampoco? ¿Y al artista? No sé no se… Unos sacan el beneficio de la mejora de la imagen pública, el mercado colindante se frota las manos y los que van al concierto vuelven a sus casas con su conciencia tranquila acostándose en su cama aun con el enajenamiento de la fiesta de la noche concluyendo ¡He ayudado a devolver a Haiti a la normalidad! … Tócate los huevos.

La cosa sigue, y la gente lava sus podridas conciencias enviando un mensajito de texto tipo SALVA HAITI al 5386 o ingresa 20 euritos, que es lo que se puede este mes, a una cuenta corriente del BBVA que se lleva, por supuesto, sus 90 céntimos correspondientes de comisión. Basura, pura basura mediática.

El caso es que uno hace eso creo que para lavar su conciencia, pregonar a los cuatro vientos que él apoya la causa Haitiana, que ahora mola, y para no ser sacado de su aletargamiento moral que en el mundo occidental vivimos. Doy 20 euros a Unicef pero … dejadme en paz, quiero seguir mi vida despreocupada de la realidad mundial, hasta próxima catástrofe natural (que os aseguro que habrá alguna en el futuro).

Podría valer la excusa de “bueno, al menos aporta lo que puede”. Pues sí, es cierto, y es de agradecer, la verdad. Pero hilando fino, me sigue tocando los huevos, y continúo. ¿Acaso no vivimos en un país rico? Sí, os pongáis como os pongáis mentéis o no mentéis a la crisis. Somos muy ricos, y muy afortunados. Quizás tu que me lees no, ni yo, ni muchos, pero nuestro país sí lo es. Y sinceramente, creo que sería un gesto mucho más honorable que España aumentara considerablemente la partida presupuestaria de urgencia a Haití en vez de que empresas privadas nos pidieran colaboración.

¿No pagamos impuestos? Pues eso, sacrifiquemos el bien común (lease, partida presupuestaria a armamento, o desarrollo tecnológico, o no poder terminar la vía del AVE hasta 2015) en pro de mejorar a la comunidad haitiana. Desde hace un tiempo sostengo que en el mundo en el que vivimos hablamos de pobres “en general” y hablamos de ricos “en concreto”. Suframos las consecuencias de apretarnos el cinturón por Haití no con esos 20 euritos que este mes puedo aportar, si no viviendo un 2010 con un estado algo más empobrecido. Eso se llama solidaridad internacional. No quiero que Orange me pida dinero por Haití, ni quiero que lo haga Carrefour, ni Antena 3, ni Cadena 100, quiero que España ceda un % de sus arcas, que llenamos todos (yo desde este año) a mejorar ahora la vida Haití, y mañana a cualquiera de otro país pobre.

Con todo, me gustaría enviar todo mi apoyo al país americano, mucha fuerza, mucho coraje y y más autodefensa.

¡Salvemos Haití, pero de verdad! ¡Hay otras muchas maneras de mejorar la calidad de vida de Haití, pero para ello se necesitan a valientes, y en los tiempos que corren escasean demasiado!

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Anatomía de un instante, Cercas se gana el olimpo
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Siento algo parecido a la pesadumbre cada vez que un novelista en España habla de su próximo proyecto y éste tiene algo que ver con el prefranquismo, posfranquismo o franquismo, a secas. Creo que es un periodo histórico que se debe superar literariamente o simplemente, ya no me interesa porque soy de otra generación y llego a contrapié a lo que fue la etapa histórica que más ha marcado a nuestras generaciones anteriores. El caso es que hablando al respecto, algunos, o muchos coinciden en que no estará tan muerta esta etapa histórica o no se habrán suturado las heridas o necesitará de análisis y más análisis antes de seguir adelante, si es que una gran parte de los novelistas en España tratan directa, o indirectamente, el tema.

Y el tema es tratado indirectamente, o directamente, porque es consecuencia mismo del franquismo, en “Anatomía de un Instante”, el último trabajo de Javier Cercas. Él se excusa en que adivinó que tenía material para una novela cada vez que veía la imagen de Adolfo Suárez solo en el congreso de los diputados durante el atentado del 23 de Febrero de 1982. Aunque más tarde confiesa que no es exactamente así, el análisis de ese instante, cuando el teniente coronel Tejero dispara sus balas por el congreso y todos los diputados se agachan y se esconden bajo sus asientos, excepto tres personas: Adolfo Suárez, el general Gutierrez Mellado y Santiago Carrillo, líder por entonces del Partido Comunista, es el centro neurálgico del libro de Javier Cercas y una de las obras más interesantes que han concurrido en las letras españolas estos últimos años.

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A través de cuatrocientas páginas, el autor elabora un estudio concienzudo, documentado de manera exhustiva, dónde los hechos que sucedieron antes, durante y después del golpe de estado se analizan desde una perspectiva diría yo que neutral y una voz sincera con un ligero toque moral. Lo hace centrándose en los tres personajes que quedaron entonces en pie, construyendo sus semblantes como personas y personajes políticos, y trasladando esa visión hacia la visión de la España de entonces, sus fracturas, su fragilidad, sus miserias.

Y lo mejor, Cercas se lanza a la aventura realizando un estudio de indudable mérito que además noveliza, digamos que trata la situación y a los protagonistas como si fueran personajes de una novela, trenza la información presentándola como quién cuenta una historia de ficción, solo que de ficción no tiene nada. Y lo hace sutilmente y sin dejar de hacer un ensayo. Es decir, el libro parece tres libros, pero en el fondo es uno. Es un ensayo sobre el 23 F (pero también sobre España, también sobre la sociedad, también sobre Suárez, también sobre Carrillo, también sobre Gutierrez Mellado), es un libro histórico y es lo que parece una novela pero no lo es.

Imprescindible por su concepción del estilo, imprescindible si quieres conocer a fondo uno el hecho más importante de la historia reciente de España, imprescindible por el retrato de sus personajes principales (genial el de Suárez) y por el retrato coral de la España política y militar de entonces, el libro de Javier Cercas se me antoja uno de los libros más importantes publicados en España y un proyecto tan valiente que bien merece todo el reconocimiento que está teniendo. Chapeau.

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Recopilación de artículos relacionados:

Artículo Elpaís.

Crítica de Elpaís.

Según Ojosdepapel.

Según elmundo.

Scriers.

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Redes P2P, legalidad y ética. Reflexiones de un imposible
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

pirata

Mariano me pide que hablemos de las descarga de archivos P2P o lo que es lo mismo, de aquellas comunidades cuyos usuarios comparten archivos. De telón de fondo, la piratería, y en el caso que nos ocupa hablamos de música y su efecto perjudicial para artistas y discográficas.

Y empezaré con dos confesiones; la primera es que, por si no os habéis dado cuenta, suelo descargar archivos de estos portales y consigo música, cine, literatura y comics gratis. Eso es un hecho. A su vez soy un gran consumidor (y comprador) de cultura. La segunda revelación es que este debate me supera y desborda por todos los  lados, sobre todo por el teórico. Desconozco la leyes sobre la propiedad intelectual y que se considera o no delito.

Pero si se que hasta la fecha ningún juez en este país ha dictado que compartir estos archivos sin ánimo de lucro sea ilegal. Yo no lo hago con ánimo de lucro, por tanto no estoy cometiendo ningún delito. Foros como vagos.es o pordescargadirecta.com no parecen tener ningún tipo de publicidad u otros métodos lucrativos, así que entiendo que si estos portales sobreviven es porque cumplen la legalidad, sino se habrían cerrado.

Sin embargo, esas campañas publicitarias sobre la piratería que invaden nuestros cines y en las que nos muestran a un internauta como si de un terrorista se tratase, me parecen de una demagogia alarmante. En ese sentido estoy bastante de acuerdo con reacciones como las del siguiente video:

Yo también opino que compartir no es lo mismo que robar. La industria musical y cinematográfica no ha sabido responder a la evolución tecnológica con nuevas tácticas de venta y productos actualizados. A semejante revolución siguieron apostando por los discos a 20 euros y potentes anticopys hoy superados. Observaron a los medios digitales como el enemigo y nunca se aliaron con ellos hasta que no vieron que intentan frenar lo irremediable era poco menos que imposible. Pero ahora obtienen beneficios con iniciativas como Spotify o Itunes. Demasiado tarde quizás. El Napster fue el detonante. Su cierre povocó una avalancha de nuevos soportes de intercambio de archivos. Fue la primera victoria de los medios digitales sobre la industria.

Entiendo entonces que no se trata de hacernos sentir culpables a los usuarios, sino de buscar alternativas y reestructurar de arriba abajo las líneas de actuación y estrategias de promoción para con Internet. Ese cambio exigiría un enorme esfuerzo por parte de discográficas, autores y consumidores. Exigiría trabajar para la remodelación de un engranaje que rueda a favor de los usuarios.

Comprendo que los autores estén enfadados. Los últimos discos de Sabina y Fito los estaba escuchando antes de que salieran a la venta. Por tanto, el efecto sorpresa de estos trabajos, a poco que entiendas de como funciona la red, era nulo. Quizás con una campaña de promoción previa se hubiera paliado el desastre, o quizás no, pero porque no intentarlo. Entiendo, de veras, todas sus pataletas (en este artículo de Efeeme encontramos opiniones para todos los gustos) pero lo que me fastidia es querer obtener de Internet y sus redes solo la parte beneficiosa. Son muchos los que dicen: como forma de promoción sí, pero como modo de intercambio no. Ajam.

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En el fondo quieren volver a finales de los noventa, cuando músicos como Alex Ubago, La Oreja de Van Gogh o Estopa consiguieron despachar un millón de discos de sus respectivos trabajos. La industria prefiere, logicamente, este panorama a tener que trabajar de verdad para buscar una alternativa. Si por las discográficas fueran terminarían de un plumazo con las redes de intercambio mediante una ley, a modo de “ley seca”.

Pero es obvio que los tiempos han cambiado y ahora es más fácil obtener la música a modo de usar y tirar. Caben en aparatos minúsculos y no tienen ni nombre, como dice Julio de la Rosa. Pero los amantes de la música seguirán comprando discos. En el 2008 compré unos 50 discos (cifra arriba, cifra abajo). Entre regalos, autoregalos y gangas llegué a una cifra bastante respetable. De los 50 ya había escuchado unos 45. El modus operandis ha cambiado. Antes el melómano compraba el disco y en su casa lo escuchaba. Ahora lo escucha en su casa y si le satisface lo compra. Bienvenidos al siglo XXI.

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En este sentido estoy de acuerdo con el argumento de que hay que cuidar todo el producto. Desde el contenido musical hasta el libreto pasando por la promoción. Todo. Cuanto más ofrezcas, más posibilidades de vender tu trabajo. No es lo mismo el último disco de M-Clan con su espectacular diseño y su elegante libreto que las pobres cuatro paginillas que estamos acostumbrados a ver.

Y termino ya, que me voy por los cerros de Úbeda. Tampoco es la misma la coyentura socioeconómica de hoy día que la hace una década y eso los artistas lo deben entender. Los jóvenes, digamos que con unas edades comprendidas entre 15 y 40 años (clientes potenciales de música y cine) no tenemos apenas recursos económicos para ir por ahí comprando discos y dvds. Si suplicamos por un sueldo de mil euros por favor.

Entiendo por tanto, que la gente utilice su ordenador y almacene música en sus reproductores de mp3. No hay demasiado dinero para consumir y por 30 euros que vale un reproductor puedes escuchar lo que quieras. ¿Hay que sentirse mal por ello? Demasiado tengo con subsistir con mi paga como para entrar a debatir con Loquillo sobre temas de propiedad intelectual. Y sí, suena a demagogia pura, pero la otra opción es educar a los usuarios y hacerles pensar sobre el futuro del arte y lo perjudicial para nuestros sentidos.

¿Y cuál es este futuro? Pues música, cine, comic y cualquier manifestación artística que se precie sobrevivirán al curso de los acontecimientos. Porque sobrevivió en épocas peores y siempre habrá un duende en el estómago de algún artista que le haga expresarse e intentar llegar al público. Los artistas, como todos, tendrán que apretarse el cinturón, pluriemplearse y luchar por un panorama más justo. Igual que el periodista, el educador o el jardinero. Porque a todos nos ha llegado esta crisis. El caso es que es la primera vez que un sector tan intocable como los artistas la palpa con sus propias manos.

Y esa es mi difusa visión del asunto. Una opinión poco meditada, inconexa y torpe, que servirá de poco pero que al menos genererá debate entre los lectores y escritores del club. Ahora te toca la réplica Mariano. No me defraudes.

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Un desolador 2009
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

Lo que a priori se podía considerar como un año esperanzador para la escena musical española se está convirtiendo, una vez que pisamos diciembre y podemos hacer balance, en un curso decepcionante. Los grandes músicos patrios han defraudado con sus nuevos trabajos y la industria musical, hundida en la crisis económica, se muestra reacia a invertir en nuevos talentos mientras que sus apuestas caminan sobre senderos obvios y seguros.

Antes-De-Que-Cuente-Diez---Fito-&-Fitipaldis-(2009)Pese al panorama, esperábamos con ilusión el retorno de Fito y sus nuevos Fitipaldis y nos encontramos un reiterativo y descafeinado nuevo trabajo que nos dejó fríos, a la espera de que el bilbaino, quizás dentro de otros cuantos años, cambie de tercio y explore nuevos sonidos. El retorno de Sabina también era una excelente noticia para sus seguidores, pero Vinagre y Rosas decepciona con cada escucha, pierde fuelle y aclara que al flaco ni le sientan bien las vivencias ajenas ni las producciones obsoletas. Loquillo prefirió darse un brutal autohomenaje lanzando al mercado una caja con su discografía, ignorando que abundan recopilatorios sobre su obra. Al menos nos dejó uno de los mejores videoclips del año.

Solo Quique González ofreció una nueva cara con Daiquiri Blues, un trabajo que no me emociona pero del que aprecio su valentía y honestidad. Al madrileño le apeteció facturar un disco a lo americano y se dió el gustazo. Suena tan bien, tan limpio, tan claro que pierde por su estética americana el sentimentalismo al que acostumbra, pero hizo algo novedoso y traicionero para su público. Y esa osadía, ese atrevimiento me gustó. Pereza intentó cambiar el chip, con un disco más tranquilo y ‘adulto’, pero ni hizo su Honestidad Brutal particular, ni se desmarcó del mainstream todo lo que uno hubiera deseado y al final todo quedó en un disco notable dentro de su carrera pero lejísimos de los grandes grupos de su estilo (Los Rodríguez, MClan..).

Como novedades no se vislumbraron grandes grupos. No estaba la coyuntura para grandes inversiones. La discográficas siguen demasiado preocupadas en ajustar sus cuentas y llevarse el 5% de la facturación de los conciertos de sus artistas como para dar la oportunidad a nuevos grupos o solistas. Cuando lo hacen aparecen cosas como Sidecars, auténticos clones de otras propuestas de éxito.

Surge como medida de autodefensa el boom de la autoedición o el paulatino crecimiento de discográficas pequeñas, únicas preocupadas en un reparto justo de lo royalties. Son aquellas a las que acabaron acudiendo los músicos que huían de las grandes compañías, siempre feroces en las negociaciones. La crisis es buena excusa para cometer todo tipo de abusos en los contratos.

cabra-mecanica-27-10-09El 2009 nos dejó la despedida de la Cabra Mecánica por motivos conceptuales y filosóficos, pero ese es un tema que probablemente tenga su propio post.

Haciendo balance, reflexiono sobre varias cuestiones. La primera es la sensación de depresión generalizada en la industria, motivada claro está por la situación económica. Un desolador paisaje en el que se aprecia un inmovilismo musical preocupante. La segunda, mucho peor, es que la producción de canciones ha disminuido, y con ella, un bajón considerable en los temas que me llegan al corazón. En mi lista del Spotify tengo poquísimas canciones actuales y debo acudir a revisar viejos clásicos o grupos que desconozco y de los que me apetece saber más para así encontrar canciones para el recuerdo.

Os propongo hacer recuento. Decidme al menos una decena de canciones memorables de este 2009. Es tan difícil que creo que podriáis contarla con los dedos de una sola mano.

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