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16 julio 2010

Con Rafa Caballero nos une su música. Sí, es verdad que Jerez es muy chico y Rafa muy grande y si no fuera por H nos hubiera unido B y al final nos hubiéramos conocido, no me cabe duda. Pero hoy somos amigos (estamos orgullosos de decirlo) y diría que mucho antes, seguidores de su música. Sinceramente, no recuerdo cuando escuché por primera vez los temas de Rafa, si fueron siendo ya Hoja de Ruta y todo vino por Dani Cardiel (magnífico guitarrista y mejor persona), si fue mediante Licor 69 y la conexión canal #Calamaro o si se trató de un concierto fortuito, no se. Puede que en el fondo fuera una mezcla de todas esas cosas y nada de eso, sí, puede, porque la música de Rafa Caballero es como si ya existiera dentro de otras músicas y al final no le hubiera quedado más remedio que descubrirse. Hablo de Calamaro, de Sinatra, de Dylan, de los Stones, de Fito y Platero y todo eso, y de otras músicas de género; digo que le debe al tango como el tango le debe al desamor y que le debe a las rancheras como las rancheras le deben al tequila, y que le debe al medio tiempo, y a las baladas, y al country y a algo parecido al rock&billy y a muchas cosas más. Rafa le debe a la música tanto como la música le debe a Rafa, todo y la vez nada.

El caso es que nos hemos autoabanderado como portavoces de lo que consideramos un trabajo único, una música que merece difusión, reconocimiento y longevidad, una música que ha crecido con nosotros hasta abrazar su mayoría de edad. Hoy, la música de Hoja de Ruta puede presumir de su primer y largo trabajo discográfico, Hoy estoy para seguir. Obviamente, lo consideramos una magnífica noticia, pero el hecho de que este trabajo exista no tiene que ver solamente con los ahora componentes de la banda (Jose, Rafa, Ruri, David y Diego), ingenieros y músicos que soportan el mayor de los méritos, sino que implica a muchos otros, los Moi Cabrera y Dani Cardiel, los Juan Franco y tantos otros que contribuyeron esencialmente a la causa.

Pero no son tiempos de retrospectivas sino tiempo de analizar y desgranar el nuevo trabajo y en eso estamos. No esperen objetividad, aunque prometemos intentarlo. ¿Por dónde empezar? Pues resaltando el carácter ambicioso del disco, catorce temas del repertorio habitual de la banda. Se han quedado atrás temas que merecían un hueco en el pasado y pertenecían a otra estación (ahora me acuerdo de “De un hotel” o “A solas”, por ejemplo, de la grabación con Figueroa y cómo fue todo aquello, y sinceramente, creo que ha envejecido muy bien).

La primera impresión cuando tienes el disco en tus manos es magnífica. Un hermoso Digipack  que ha diseñado Ángel Cardiel con mucha clase (chapeau querido amigo). Luego lo introduces en el equipo y la primera sensación es de extrañeza; por la producción que deja en un primerísimo plano la voz de Rafa, muy limpia, y el carácter ecléctico del disco, variadísimo, pero también porque el disco empieza valiente con lo que en los conciertos era una “bossa” al uso y ahora se halla convertida en una canción dinámica y arriesgada con un toque muy latinoamericano, “Hoy estoy para seguir”.  Es una declaración de intenciones y a la vez un enorme título para el disco. Aviso para navegantes: Esto es Rafa Caballero, sí, pero también Hoja de Ruta, y como son más y muy buenos, pueden jugar más y mejor con las canciones. Y al que tenga los oídos malacostumbrados por otros temas grabados, pues que se agarre. Por cierto, el polifacético Juanito Franco aparece tocando la guitarra bossa.

La segunda confirma estas sospechas, “Retratos”, que la conocíamos en clave intimista, es un rock clásico que a algunos les recuerda a Dire Straits y a otros a Platero y Tú, pero que en el fondo tiene personalidad propia. Podemos considerarla como la presentación rock de la banda dentro del disco y lo hace con un tremendo impacto, homogénea y talentosamente. La letra es algo abstracta, conversacional y antagónica donde la palabra clave es el título de la canción, retratos.

“Que el tiempo pase” es una ranchera al uso, existencialista, trascendente y melancólica (como deben ser las rancheras), igual alegre que triste. El tema está grabado con mucho jaleo y coros de fondo, lo que les une nuevamente a las américas. Para un servidor, la noto partida en dos y es la canción que menos me funciona del disco.

Y sin tiempo para el respiro, viene otro de los temas nuevos del disco “Yo siempre quise”, un tema de interesante composición, porque parece un mosaico de anhelos y envidias sanas y al final con dos frases se lo lleva al terreno del desamor, que es lo que le da redondez. Uno de los temas que mejor funciona en los conciertos, divertidísimo y que ha quedado directo y festivo en el estudio.

“Desgraciado” era una canción que conocía solo a guitarra rasgada y que ha quedado limpita y saneada que da gusto al estudio. Para mi entender, ha mejorado mucho. El saxo ocupa en este tema un papel diferencial, y la verdad es que David Pardo, de pardo tiene poco, se sale.

“Como antes” es el tema que más conocíamos y que menos ha cambiado. Permítanme el chiste, ha quedado “como antes”. Un rock efusivo, nocturno y muy canalla. Lo cierto es que es una canción que al que no conozca a Hoja de Ruta le va a seducir de inmediato, tiene una conjunción estupenda guitarra-bajo, una melodía de saxo brutal y es aquel tema que todo roquero debería tener si se quiere considerar como tal. Y es que, cabría destacar, ahora que estamos en ello, la evolución de José Escamilla al bajo, que desde que cogió Licor 69 no ha parado de ascender en cuanto a recursos. ¿Cuál será su techo?

“Fuera de lugar” son palabras mayores. No es que tenga bajones el disco, es que muchas de las canciones responden a un estilo musical y están digamos… “contextualizadas”. Son rancheras, rock clásico, bossas, medios tiempos… de indiscutible calidad por cierto, pero hay algunas que marcan y definen qué es Hoja de Ruta con mayor ímpetu. Y me da que “Fuera de lugar” es una de ellas. El tema comienza con una música casi western y con una frase antológica “Del Taj Mahal a Venecia, sin pasar por tu casa, sin llamar a tu puerta”. Luego se entrega a una intensidad in crecento y acaba con un Rafa desbocado en uno de los mayores riesgos vocales del disco. El punteo interestrofas es enorme y la letra es “made in Rafa”, la voz desesperanzada de un chico triste que se siente más fuera que dentro, en conflicto con un mundo que ensucia sus botas y que le deja malvivir con alguien al margen.

Y ahí está estratégicamente situada un tema cortísimo, “Sevilla, Barcelona, Madrid”, un respiro que resta trascendencia al conjunto y aporta ligereza. Los discos también tienen un plan para el oyente.

“Tocando el techo” es uno de mis medios tiempos favoritos de Rafa. Primero porque siempre me han gustado las canciones a armónica, pero también porque es una canción medio susurrada, entregada a imágenes, como un mosaico de recuerdos. Para mí es realismo mágico aplicado al cancionero y en clave de amor (seguro que Rafa siempre pensó que definirían así la canción). Por cierto, para esta versión, le han aplicado violín, clarinete y guitarra española. Casi ná.

“Al pasar de largo” es un rock malote, con un riff agresivo y de frases contundentes, algunas muy memorables “al pasar de largo a veces me encuentro que no encuentro nada por pasar de largo”. Incluso Rafa adapta el juego vocal para la ocasión y se pone máscara de demonio. Aquí encontramos uno de esos momentos en los que bajo y guitarra funcionan casi siameses.

“¿Para qué?” es un clásico hojaruteño, que nos hemos hartado de escuchar, vale, pero que en el disco mantiene todas sus virtudes. Para quién no lo sepa, es un tema que juega con la idea de un suicida imposible, que siempre encuentra motivos para no matarse cuando está a punto de hacerlo. En el fondo, no es más que un canto a la vida y al rock and roll. La guitarra aquí, se exhibe.

En “De carne y hueso: entre Tirso y la Latina” el grupo se la juega y sale airoso. A ver, De carne y hueso es una de las mejores letras de Rafa. Es de tal hondura y tan en primerísima persona que es casi imposible que quién lo escucha no se sienta herido, “al final será verdad que soy de carne y hueso”. Tiene aspecto de bolero, pero no lo es, es un medio tiempo doloroso. Cuando acaba, enlazan con una creación latina, muy cubana y salsera donde se olvida el victimismo primigenio para entregarse a la nostalgia de la noche. El jaleo del final redondea un tema que podría haberse incluido fácilmente en “El cantante”.

“No molestar” es otro “rockabilly” con un ligero tono country clásico de la banda, uno de los terrenos donde la banda más armoniza el conjunto. Parece escrita en un día de borrachera.

“Sin sombrero” es el inmenso broche final de este proyecto musical que se llama “Hoy estoy para seguir”. Para mí, la mejor creación de Rafa y Hoja de Ruta, un medio tiempo precioso, que consigue que comprendas todo sin decírtelo todo, una letra que juega con conceptos supremos (la suerte, la victoria, la derrota, la locura) y lo intercala con trivialidades como tirar dados, arañas, cartas… y que en el fondo habla de amor y el amor es así, supremo y trivial. O puede que no hable de eso, pero sinceramente, me da igual, así es como yo la entiendo.

Y así hemos llegado al final, quién lo diría. Hoja de Ruta tiene su primer disco en la calle y sus seguidores somos un poco más felices. No, miento, mucho más felices. Lo mejor es que esto es solo la primera etapa, que todavía queda lo más importante. Yo ya no imagino camino reversible. Poco a poco irán escalando, y lo que no consigan por su esfuerzo y trabajo, que es mucho, lo conseguirán por su música. A nosotros solo nos queda agradecer su trabajo, seguir insuflando adrenalina y aplaudir. Animar como animan esos seguidores a los ciclistas cuando al comienzo de la ascensión, miran arriba y solo les ocupa un pensamiento: la certeza de que tarde o temprano llegarán a la cumbre.

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PD: Si quieres hacerte con el disco, aquí.

Scriers.

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
5 junio 2010

Cuentan las malas lenguas que desde hace años la relación entre Albertucho y Poncho K es nula. Según se murmura, todo se remonta a un conflicto surgido en un concierto en tierras murcianas, cuando se enfrentaron por ver quien acababa como cabeza de cartel. Desde entonces, dos músicos afines de trayectoria similar, que habían colaborado en varias ocasiones, optaron por la indiferencia. Ni menciones ni halagos, ni mucho menos colaboraciones.

Es sólo un rumor, pero los hechos demuestran que sus últimas apariciones juntos quedan lejanas en el tiempo. Una lástima que dos músicos con tantos puntos en común se distancien tanto.

Porque ambos han dibujado un recorrido análogo marcado por una enérgica irrupción, una coherente estabilidad y una necesaria renovación. Y en esa coyuntura se encuentran, en aventurarse a nuevos retos sonoros.

La transformación más evidente es la de Albertucho, que ya había amagado con una mutación sonora. Para crear su cuarto disco, Palabras Del Capitán Cobarde, acudió a Juan De Dios, un músico curtido en sectores poperos, últimamente mano derecha de Xoel López. Comentaba Albertucho que había descubierto el (sobrevalorado) Fin De Un Viaje Infinito y le había entusiasmado la producción. Que para este nuevo trabajo pasaron horas conectados al Spotify, que se ha deleitado con los clásicos indiscutibles (Dylan, Waits…) y ha indagado en nuevas facetas sonoras. De este modo, aparca el rock de autor poético y áspero marca de la fábrica por una producción más meticulosa, letras aún más introspectivas y un aire americano latente en cada canción. Suena coherente, aventurado y libre de complejos. Sólo chirría un single (“La Primavera”) que suena mejor en directo y una infame colaboración de El Canijo de los Delinqüentes (que colabora porque Diego Pozo toca en todo el disco) innecesaria y desafinada como pocas. El resto encandila porque Albertucho está encantado de mudarse la piel, seguro de que este nuevo camino le hace crecer como músico. En su versión más folk rock convence, y lejos de ser una propuestas cobarde, se distingue por ser el paso más osado de toda su carrera.

En la otra acera se encuentra Poncho K, que publicó su quinto disco días antes y del que ya hicimos referencia en el blog. Decía en el artículo que nada hacía indicar que Una Historia Con Las Manos variara su producción conforme a Cantes Valientes. Estaba en lo cierto, sigue la misma tónica que su antecesor: una voz en primer plano, guitarras graves, sonido limpio y la poesía tosca que todos conocemos… nada sorprendente si no fuera porque se intuye a un autor más calmado que se atreve con varias canciones de aspecto novedoso; la flamenca “Laureles” y la infantil y ácida “Manolito Caramierda”. Lo demás es un compendio entre las virtudes y defectos del sevillano. Al que le gustaba le va a seguir gustando y quien no lo trague, este disco no le va hacer cambiar de opinión. Nos quedamos entonces con cortes como “Amor A Cuentagotas”, “Pistolas” o “Un Golpe Por Seguir Vivo”, que representan la esencia pura de Poncho K en un disco propicio para incondicionales.

Albertucho y Poncho K, estandartes del rock de autor sevillano en este nuevo siglo, suman y siguen. Su madurez artística representa la consolidación de sus respectivos proyectos y la confirmación de ser dos mentes inquietas y creativas, que siempre en movimiento, ofrecen con seguridad canciones dignas. Todo un logro en los tiempos que corren.

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
24 mayo 2010

Si en algo se ha distinguido a lo largo de los años Andrés Calamaro es por su versatilidad. Desde sus comienzos en Raíces y Los Abuelos De La Nada apuntaba a músico polifacético, carácter que aparcó con Los Rodríguez, pero que más tarde acentuó con su segunda etapa en solitario. Fue sobre todo con el Honestidad Brutal y El Salmón, cuando demostró dominar multitud de registros con sorprendente habilidad. Calamaro lo mismo se marcaba un medio tiempo rockero que un tango, una ranchera que un blues, un tema dylaniano que otro más “decadente”. El repertorio era amplísimo en estilo y número.

Luego, tras recluirse en algún lugar del mundo durante cuatro años, regresó de la mano de la Bersuit Vergarabat primero, y de Javier Limón (El Cantante y Tinta Roja) y Litto Nebbia (El Palacio De Las Flores) después. Discos conceptuales, uniformes, bajo un mismo patrón vocal y sonoro. Obras menores para el gran público pero mayúsculas para los incondicionales.

Poco iba a durar esta etapa. No es fácil retener a un huracán camaleónico como el bonaerense. Con La Lengua Popular volvía a los discos convencionales, guiado por su antiguo compañero Cachorro López y liberado de una producción tan personal y rígida como las de Limón o Nebbia. Significaba que Calamaro volvía a coger el mando, su verdadero regreso. El disco volvía a ser un collage sonoro con canciones tan dispares como ’5 Minutos Más’, ‘Comedor Piquetero’ o ‘La Espuma De Las Orillas’ entre otras. Evidentemente, su toque Dylan seguía ahí, entre líneas, pues fue, es y será una constante en sus discos. La Lengua Popular fue una obra celebrada entre sus seguidores, que tuvieron justo aquello que anhelaban, al salmón más libre y variable.

On The Rock podría catalogarse como la segunda parte de La Lengua Popular, pues sigue la misma tónica: enorme variedad estilística, letras ligeras pero poéticas y gran riqueza musical. En este sentido, las variaciones más importantes se centran en las excesivas colaboraciones que reúne (su antecesor carecía de ellas) y el perfil más rockero de su conjunto.

Su heterogeneidad puede tomarse de varias maneras. Una es asumiéndola y abrazándola, concebirla como un carácter positivo del disco. Al fin y al cabo, no es sencillo mostrar tantas versiones de uno mismo  grantizando un mínimo de calidad. Otra opción es vivirla con incomodidad, como es mi caso. Echar de menos una linealidad en su conjunto, una coherencia interna común en cada una de las canciones. Una coherencia que no se percibe en On The Rock, que parece ser una colección de Caras B, esas canciones que reunían los vinilos en la segunda parte del disco y que constaba de versiones, remezclas o inéditas. Quizás por el abuso de las colaboraciones, una tendencia que antiguamente era excepcional pero que se ha vuelto cada vez más superflua. ¿Le hacía falta a Andrés la presencia de Calle 13, El Langui, Bunbury, Vicentico y Diego El Cigala en On The Rocks? En mi opinión, no. Ninguna de las cinco contribuciones desmerece, pero tampoco pasarán a la historia. Alguna, como la de Bunbury en una mediocre ‘Te Solté La Rienda’, parece estar grabada (la voz) en distintos estudios y se antoja desaprovechada. Otras, como la de Calle 13 convence por lo extraño del tandem.

Pero colaboraciones al margen, On The Rock nos deja a un Calamaro vestido con su traje más rodriguero en la genial ‘Me Envenenaste’, más duro en ‘Flor De Samurai’ y ‘El Pasodoble De Los Amigos Ausentes” y rallando lo convencional con “Los Divinos”. Son temas sólidos que desmuestran que el sobrado talento y oficio que atesora. Muchos años de profesión en los que Calamaro aprendió sus puntos fuertes y en los que ha sabido renovarse constantemente sin dejar de producir este tipo de temas marca de la casa, demandados por sus seguidores más cercanos.

Pero, si hay algo que sorprende en esta nueva entrega es precisamente la ausencia total de hits. No se precian canciones tipo ’5 Minutos Más’, ‘Estadio Azteca’ o ‘Flaca’… Todos los temas podrían catalogarse como secundarios. Y eso acentúa su sensación de disco de Caras B. Sin minusvalorar sus nuevas creaciones, falta un momento rompedor, universal, una canción incontestablemente Calamaro.

No hay que alarmarse, Calamaro se ha reinventado tantas veces que hemos perdido la cuenta. On The Rock supone su enémisa reivindicación de libertad, la creación sin cadenas. Seguirá haciendo lo que le venga en gana, aquello que el cuerpo le pida aunque navege contracorriente. Los que llevan años pidiendo un Honestidad Brutal o un Alta Suciedad pueden desistir. Son otros tiempos. Calamaro abandonó su etapa convulsa de finales de los noventa y principios del nuevo siglo, por una vida más sosegada. Ahora,  rondando los cincuenta, el argentino prefiere moldear las canciones una a una, sin prisas ni patrón establecido.

El tiempo pondrá a On The Rock en su lugar (aunque dudo que sea un disco especialmente recordado) mientras que engrandecerá sus creaciones más frenéticas, aquellos tiempos en los que Calamaro hacía gala de un descomunal repertorio siempre guiado por el sentir de un corazón roto que buscaba recomponer. El desamor al servicio de una mente hiperactiva e hipersensible que hizo historia en el rock. Llámenme nostálgico.

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Este fin de semana dio comienzo la nueva gira de Ariel Rot, en la que presentará su nuevo trabajo, Solo Rot, por gran parte de la geografía española. Quisimos ir a su primer concierto, en la sala Long Rock de Córdoba. Ariel es un seguro de buen rock & roll. El argentino tiene el oficio que le ha suministrado una larga y meritoria carrera, primero en Tequila y después en Los Rodríguez, alternando etapas en solitario como en la que se encuentra actualmente. No está entre mi ‘top-five’ de músicos preferidos, pero admiro su tenacidad, su legado y su virtuosismo con la guitarra. Y su elegancia, porque Ariel es un rockero de estética setentera, clásico y cercano. También parece haber tomado el elixir de la eterna juventud. 50 años y contar con ese aspecto da mucha envidia.

Pues bien, allá fuimos, a una coqueta sala que parecía un templo del rock & roll, decorada con imágenes de los Beatles, de Elvis, de los Stone… el escenario ideal para tal evento. Un recinto con aforo limitado para unas 300 personas que llenaron el lugar. Todo parecía indicar una noche mágica, pero no fue del todo así, se quedó en un buen concierto, que no es poco. ¿Por qué? Pues porque un concierto necesita funcionar bidireccionalmente, no de manera unidireccional. Y si el músico se entrega y el público no responde del mismo modo, el show desluce. Y eso pasó en Córdoba.

Crece la tendencia de asistir a los conciertos y verlos como aquel que observa un dvd musical. La propia naturaleza de la música invita a lo contrario, a bailar, moverse, cantar. Pero los cordobeses, a los que parecía molestarle el alboroto, tan solo despertaron con el “Mucho Mejor”, que tararearon con entusiasmo anticipándose al guión de la banda. Antes, el concierto fue seguido con languidez.

Ariel combinaba algunos de sus grandes temas (“Adios Carnaval”, “Baile de Ilusiones”, “Lo Siento Frank”…) con sus nuevas creaciones, y ojo, que el nuevo disco promete ser una colección de grandes canciones, en la línea de sus dos últimos trabajos. En su página web se pueden escuchar unos adelantos que pintan bien.

El bonaerense ha montado una banda joven pero del todo fiable, con un batería eficiente y guitarra y bajo ejerciendo de perfectos acompañantes para su portentoso dominio de la Fender. Sin olvidar a un teclista en estado de gracia. Solo cabe esperar que surja esa sincronización que otorgan los ensayos y la propia gira.

Como buen comienzo de gira, la banda acusó en algunos momentos su falta de rodaje, pero en cualquier caso, Rot y los suyos ofrecieron un concierto notable y elegante pensado para el lucimiento de su protagonista, que parecía encontrarse realmente cómodo sobre el escenario.

Ariel se mueve como pez en el agua en las distancias cortas, en recintos de media entrada donde puede demostrar a poca distancia su habilidad con las seis cuerdas. Las manos expertas de este Rodríguez son una garantía de cara al público. Esté dónde esté, y toque con quien toque y frente a quien sea, siempre cumple. Un ejemplo de constancia.

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
5 abril 2010

Corría el año 2001 cuando en diversos foros musicales surgió la figura de Poncho K, un jovencísimo músico sevillano que contaba por entonces con apenas veinte años, y que, con una voz áspera y textos metafóricos y poéticos, sorprendió a propios y extraños, no sólo por lo precoz de su aparición, sino por lo cercano de su sonido a grupos relevantes como Extremoduro o Gérmenes.

Alfonso Caballero Romero comenzó su andadura en un grupo punky llamado Desacato, pero al poco de comenzar la banda se disolvió y fue entonces cuando decidió emprender su carrera en solitario. Se llamaría Poncho K. Su maqueta, Mejor Solo… Que Mal Acompañado, sonó por los garitos sevillanos hasta hacerse reconocible. En la capital andaluza, era un secreto a voces que una nueva hornada de cantautores rock estaba floreciendo.

BMG-Ariola, que por entonces vendía millones de discos, había dado con la gallina de los huevos de oro con el fichaje y posterior boom de Estopa, que aunque estilisticamente pueda parecer lejano, la maqueta de los de Cornellá  no parecían tan diferente. Con Poncho K quisieron explorar un sector de la audiencia aficionada al rock urbano, al estilo de Extremoduro o Fito & Fitipaldis, que por entonces despuntaban en Dro. Para ello, financiaron el primer disco de Poncho K, No Quiero Empates, que salió a la luz en el año 2002, y que no obtuvo los resultados esperados.

Basicamente porque era un disco difícil de digerir aunque tuviera un componente de originalidad indudable. Poncho K consiguió mezclar rock de autor y momentos punk con música clásica, y es que a la mayor parte de los temas de su maqueta les agregó el sonido de la Orquesta Filarmónica de España. También colaboraron Albert Pla, Javier Limón o el Niño Josele entre un nutrido grupo de músicos que fue desfilando por un disco tan costoso como irregular.

Pero su inexperiencia a la hora de coordinar su primer disco -seguramente estuvo condicionado por las exigencias de la discográfica- la disimulaba con un descaro y arrojo impropios de su edad. Poncho tenía en mente irrumpir en la escena rock con un disco único e irrepetible. Por ello el añadido de la música clásica y la elaboración de unos textos que no eran sino un compendio de irreverencia juvenil, actitud macarra panfletaria y pluma de poeta. Poncho combinaba la rebeldía del recien llegado con la madurez del veterano.

De este modo, agarró su guitarra y ofreció varios conciertos promocionando su primer disco. Fue una minigira que lo llevó por las principales emisoras de radio y por pequeñas salas para dar a conocer su música. Conciertos acústicos. La guitarra y él, tan solo eso.

Poncho K no consiguió las ventas que esperaban en su compañía discográfica. Según diversas fuentes, No Quiero Empates apenas despachó 20.000 copias. Las malas ventas condicionaron su segundo disco, Destino De Pluma y Mano, que no contó con los medios necesarios ni en producción ni en difusión para el correcto devenir del mismo. Por ello acabó en El Diablo, aunque más tarde volviera con Sony.

En cualquier caso, del debut de Poncho K queda un buen puñado de canciones para el recuerdo. Blablabla, Duermes, Estoy, Me Voy, Sol Que Ausenta En Estiercol… son temas que calaron hondo en un sector muy determinado de público, aquellos jóvenes rockeros y punkis que apenas superaban la veintena y que conectaron con los textos poéticos de Poncho.

Esta fue la génesis de la carrera de Poncho K. El próximo martes el sevillano publicará su quinto trabajo de estudio, Una Historia Con Las Manos, disco que en cuanto a produccción pretende seguir la línea de su antecesor, el inspirado Cantes Valientes. En este enlace podéis escuchar un adelanto. Nada parece indicar que haya un giro de tuerca en su sonido, por lo que sus seguidores habituales estarán bien servidos. Sin embargo, la fórmula Montesinos evindencia síntomas de agotamiento. Necesita de viento fresco, savia nueva que potencie sus virtudes. De lo contrario, Poncho K corre el riesgo de estancarse.

Nota de Prensa sobre el nuevo disco:

El 13 de abril de 2010, Poncho K publica su nuevo álbum Una historia con las manos. Producido por Fernando Montesinos, este disco es por derecho la obra cumbre de la carrera de este compositor, su quinto álbum en el que eleva al grado máximo su esencio de “rock con pinceladas flamencas, poesía callejera”, como él suele decir.

Con una actitud de rock callejero, duro, independiente, y una altura en los textos muy poco habitual en la música española, Poncho K se ha asentado en un estilo del que se ha convertido en referencia, apoyado por un trabajo inagotable de conciertos y giras a pie de carretera. Poncho K es un creador elegido que derrocha inspiración en cada estrofa que pare sin conceder tregua a la mediocridad y eso es prestigio ganado canción a canción, noche a noche, verso a verso.

Canciones de Una historia con las manos:

1. Amor a cuentagotasQue no, que ya no quiero un amor con cuentagotas. Mi paciencia no está rota, es que me cansé de dar abrazos a desconocidos… El cambio a una nueva etapa me renueva y me da otra expectativa más optimista ante la vida”, dice Poncho K de la canción.

2. Un golpe por seguir vivoDestrocé la lección del abuelo buscando mi propia historia, aprendí a desmembrar entresijos leyendo un poco de historia… Para coger un nuevo camino tienes ke empezar por matar el pasado y buscar tu propio motivo”.

3. Una historia entre las manos Déjame que te cuente una historia con las manos que te sepa a caramelo, que me estrelle con tu boca, que eyacule en tu barriga, que me siembre en tu agujero, que te grite como un cerdo… A un amor ke deja huella siempre se le escribe una canción”.

4. Manolito CaramierdaPrepara el cazo y amarillea la habitación, otro lonchazo le pone la pila y lleva en la mente la cara de 20 que en la clase es un pringao y está harto de escuchar: Manolito er Caramierda…
Una historia aparentemente cachonda pero ácida en el fondo, porque no está tan lejos como pensamos, aunque espero que lo llegue nunca
”, dice Poncho K del tema.

5. PistolasCorro sin tregua y no escucho revueltas, si no paro es por los palos que me han vuelto majareta. Sé bastón en mi camino y faro que nunca encuentro… La búsqueda de mi yo después de una decepción“.

6. Con LaurelesMe gusta que que no duermas sola y a media noche desvelarme, pegarme un roce de espalda y acurrucarme, sabiendo que por la mañana me va a mirar con cara larga.”

7. El último solA la vuelta de la esquina estaba ayer corriendo como un descosido, pensando que se iba la vida, si ya no hay templos que me aguarden ni jaleo en este antro para tomarme otra copa.” mandolinas y voces a cargo de Rubén Pozo de Pereza “Una noche de parranda en la que se me vienen ráfagas de responsabilidad por la moral impuesta desde el principio de mis días”.

8. Punki gitanoSoy huracán de pasiones, rabia incandescente que no se conforma con mirar desde el otro lado del puente… Pasión desbokada por reivindicar una forma de kerer desde las mismas raíces”.

9. ¿El tren de la rendición?Mientras se derrumba el mundo me lavo los dientes. No quiero oír más rumores que apaguen los soles de mi porvenir”, con la aparición de María Malapinta “Soy siempre yo el que marco mi vida sin patrones, sea komo sea”.

10. EstrépitoBuscando un pedazo de tierra que le de rienda suelta a mi rabieta, como un gallo peleón… La reflexión de una tarde cualkiera desde mis ojos diminutos mirando al mundo”.

11. El ojo en el ladrillo, una canción emocionante, un homenaje a Marcos Ana, poeta salmantino de 90 años y uno de los símbolos de la lucha antifascista, que al final del tema recita un fragmento de su poema Micorazón es patio: “Soñé que el mundo era un redondo espectáculo envuelto por el cielo, con ciudades y campos en paz, con trigo y besos, con ríos, montes y anchos mares donde navegan corazones y barcos. Pero el mundo es un patio donde giran los hombres sin espacio”.

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