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Braveheart, corazón, valentía y desatinos éticos

Redactado y publicado por el Jueves, 26 noviembre 20095 comentarios

Estamos ante la que posiblemente sea una de mis películas favoritas y como os podéis imaginar eso no ayuda en lo referido a la objetividad con la que debemos escribir los que hacemos críticas de ellas.

Braveheart es como la mayoría de vosotros sabréis una superproducción (magistralmente) dirigida y protagonizada por Mel Gibson que cuenta la falsa historia de William Wallace, un campesino convertido a héroe para vengar la muerte de su esposa y sobre todo, para llevar a Escocia a la independencia política.

Considero Braveheart una película absolutamente imprescindible por su corazón luchador, rebelde y esperanzador para cualquier oprimido pero además la recomiendo por la emotivísima historia de amor que nos cuenta.

Está rodada con muchísimo gusto, con muchísimo cariño y a pesar de las licencias históricas que se tomaron para darle forma consigue una linea argumental muy sólida, con una utilización de los ritmos frantástica mezclando con mucha destreza batallas trepidantes y preciosísimos pasajes románticos. La ambientación de la Escocia medieval es de las más logradas que he visto en el cine.

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Las secuencias bélicas son espléndidas y creo que ningún otro largometraje ha conseguido esa crudeza y realismo que se vive en la batalla de Stirling y Falkirk. De esta última destaco el dramatismo y la desolación ante la traición de los nobles.

Me parecen especialmente bonitos los pasajes de la flor en el entierro, la despedida de la primera en sufrir la prima nocte, el casamiento de William, la cara de Murron, las melodías prohibidas tocadas con gaitas prohibidas, el llanto de la princesa en la celda, la sonrisa de Murron y como no, la ejecución. Cada vez que la veo, lo siento, la vivo en mis carnes, se me cuela en mis retinas, y no puedo dejar de llorar.

Reconozco y publico sus errores; exagerados fallos de script, encuadres que revelan furgonetas y latas de cocacola, hachas presumiblemente de goma y dobles que se reconocen a leguas precisamente por no parecer dobles de Mel Gibson. Pero se le perdona todo porque para mi es la mejor película bélica hecha en el siglo XX y en lo que llevamos del XXI.

Pero hay algo que ahora, con casi 15 años más que en 1995 me deja un regusto ético y político que hace que no disfrute tanto de la película (aunque lo sigo haciendo, os lo aseguro) , y es su controvertido mensaje interior procedente de una de las voces públicas más fundamentalistas, anquilosadas en pensamientos retrógrados y desafortunados comentarios como lo es Mel Gibson, un actor manifiestamente ultra-católico. Y no es que ello me produzca desazón, faltaría más, si no que como católico que soy me parece chocante el alarde de venganza que se respira en la película, con asesinatos violentos y a sangre fría.

Y dando un pasito más allá, ¿acaso la ideología que nos muestra en Braveheart de lucha por la independencia, de violencia contra los opresores y demás agresivos contenidos de la que tan orgullosos nos hemos sentido cuando éramos adolescentes pensando en las heróicidades de Sr. William Wallace no nos recuerda a “algo” de nuestro tiempo y nuestro país? A mis 14, W.Wallace era para mi uno de mis “héroes”, de mis “referentes” (aun sabiendo de sobra lo muy adulterado que está ese personaje de la película con el histórico); hoy a mis 24, W.Wallace era un revolucionario, armado y asesino, tanto o más como los ingleses que luchaba ciegamente por su patria y su tierra. Eso lo dice hoy uno, y va sin contemplaciones a la carcel.

Yo, por suerte, sigo pensando en la resolución de los conflictos con la palabra, de unos y de otros, y las armas y la violencia, cuanto más lejos mejor. Pero todo lo contrario es lo que se vive en la película, que evidentemente sería bastante diferente, por decirlo de alguna manera, sin ese tono bélico-sangriento.

Algo que también me incomoda es el auto-endiosamiento que Mel G. demuestra a lo largo de las casi tres horas que dura el film. De echo muchas escenas nos llevan a comprarlas con las que hace unos años rodó en La pasión de Cristo, siendo por supuesto él el salvador y mesías.

Con todo me reafirmo en mi absoluta devoción a este grandioso film, adorado por muchos y abucheado por otros.

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Como colofón final he dejado lo que para mi es el rotundo diez de Braveheart. Su banda sonora es completamente insuperable, de principio a fin, y que llega de manos de James Horner. Fue uno de los primeros CDs que me compré cuando niño con mi dinero. Aun lo conservo y lo escucho con bastante frecuencia. Creo que hay pocas B.S.O. que encajen tan magistralmente con cada fotograma de la película. Es mágica, trágica … como la película. Sin duda, lo mejor que tiene Braveheart es su música, lo tengo clarísimo.

Destaco los pasajes delicados, The Secret Wedding, For the love of a Princess, Betrayal & Desolation y The Princess Pleads for Wallace’s Life. Una joya sonora. A quien le guste la música clásica y la instrumentación celta, se dará cuenta que esta banda sonora no tiene precio.

Existe una versión de 14 Gb colgada en Internet de esta película, con una calidad de sonido 5.1 extrema y una definición de imagen insuperable. Además, lo mejor de todo, es que tiene doble canal de audio; español e inglés. Si ese grito de Libertad te gustó, no te digo nada de como suena Freedom. Es otra de las tantas películas que gana muchísimo en V.O.S.

A pesar de mis debates morales internos, esta película me ha marcado y creo que a muchos también. Es sencillamente preciosa, llena de rabia y de pasión; un regalo para los sentidos.