Black Snake Moan; Samuel se marca un blues.
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
23 Enero 2008

Black Snake Moan (algo así como "el gemido de la serpiente negra") es una película dirigida por Craig Brewer estrenada el pasado año con escasa repercusión, pasando casi desapercibida entre crítica y público.

Encuadrada en el género dramático y contextualizada en un pequeño pueblo del estado de Tennesse, Black Snake Moan cuenta una historia de perdedores que se encuentran.

Lazarus (Samuel L. Jackson) es un agricultor que es abandonado por su mujer tras confesarle esta que mantiene una relación con un amigo común. Solo y desamparado, encuentra cobijo entre tragos de vodka y su vieja guitarra. En otro lugar cercano, Rae (Christina Ricci) acaba de despedir a su novio Ronnie (Justin Timberlake), que embarca para servir al ejercito de los EEUU. Esta sufre ninfomanía y, sin nadie que la controle, comienza a dar rienda suelta a todos sus impulsos. Tras una noche pasada de ácido, es abandonada en una cuneta tras recibir una paliza. Lazarus encuentra a Rae semidesnuda e inconsciente y la lleva a su casa. Entre ellos se forjará una peculiar relación.

Craig Brewer elabora una película sobre el fracaso y el modo de hacer frente a este. Los protagonistas parecen haber tocado fondo y gracias a la compañía que se prestan consiguen ahuyentar ciertos fantasmas del pasado y asumir su presente. Lazarus vive atormentado con la infidelidad de su mujer y su posterior fracaso matrimonial, y Rae revive una y otra vez los abusos sexuales a los que era sometida en su niñez. Ambos consiguen asumir sus problemas tras un convulso (y forzoso) periodo de convivencia juntos.

 

El blues acompaña a lo largo de todo el metraje brindándonos grandes y emotivos momentos, siendo realmente acertado su uso en varias escenas. Ayuda a reflejar la abrumadora soledad de Lazarus cuando este desenpolva su vieja guitarra y comienza a tocar y acompaña la fuerte excitación de Rae en el concierto final, cuando se marca un baile deliberadamente sexual.

Samuel L. Jackson realiza un trabajo soberbio interpretando un papel que parece haber sido escrito a su medida. Resulta divertido verlo caracterizado como un viejo agricultor canoso, abandonado a su suerte. Afortunadamente, resulta más que convincente, soportando el peso interpretativo de la película. Christina Ricci cumple pero no convence. En un papel que debería derrochar sexualidad destaca más bien por su desgarbada estética, ignoro si este sería el principal propósito del director.

 

Cabe detenerse en la dirección artística, destacando el verosímil ambiente en el que se desarrolla la historia. El retrato de un pueblo de la América profunda de un modo tan fidedigno. El interesante despliegue musical combinado con esa apropiada puesta en escena eleva la calidad media de la película.

Dentro de su extravagancia y su singular guión, Craig Brewer consigue despertar el interés del espectador, y aunque en su nudo se pierde y no se sabe muy bien hacia donde nos quiere llevar la historia, la empatía que surge entre los dos protagonistas sustenta la cinta.

Notable en cuanto a intenciones pero fallida en su ejecución. No puede ser considerada una gran película porque no consigue maravillar, pero es un grato ejercicio sobre la redención de las personas. Para aquellos que se agarran al "borrón y cuenta nueva" y creen que después de una gran tormenta puede brillar el sol.

Andrew Zimmerman

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2 respuestas para este articulo:

  1. Nestor dice:

    La verdad, ayer descubrí esta película en Cinecanal, y me encantó. El final es medio abrupto y fuera de lugar, pero el resto de la peli ser pasa.

  2. Andrew Zimmerman dice:

    Me encantó esta película de personas que se encuentran tras experiencias que le hacen plantearse su propia vida. Es una película de perdedores que acaban encontrando su propia redención. Mmmm debería revisarla :-)


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