Avería y Redención , Quique González
Hace unos años, un acontecimiento musical a nivel doméstico era que Quique González editara nuevo disco. Ahora, que me he distanciado un poco de sus discos y de su obra, es cuando precisamente está sacando discos más cercanos a la música que escucho habitualmente, songwriters americanos o grupos alternativos. Porque este disco, y en contra de lo que se podía esperar (multinacional, simbiosis con Leiva “Pereza”, legión de fans), es el menos “comercial” de Quique González. Avería y Redención es una colección de diecisiete canciones que nos muestran al Quique de siempre en terrenos baldíos. ¿Qué ha cambiado?
Pues, en primer lugar, la banda. Ahora a Quique se le ve acompañado de una nueva banda, “La Aristocracia del Barrio”. Importante dato este para poder calibrar el sonido del disco, para entenderlo. A Quique González le solíamos ver acompañado de dos músicos esenciales en su carrera, Toni Jurado y Carlos Raya. Por no anquilosarse, dice, falta Jurado, y sospecho, también, por el pluriempleo de Carlos Raya, que suele acompañar ahora a Fito & Fitipaldis, sustituidos por Javi Pedreira y Charly. Con la mutación de la banda, el sonido se ha vuelto más crudo, desnudo, casi áspero a veces. Lo dice el propio Quique, elementos distintivos como la Mandolina o el Pedal Steel brillan por su ausencia. La incorporación de nuevos instrumentos, sumados a la restructuración de otros imprescindibles, se nota. Y mucho. Así, el primer contacto con el disco desconcierta, es raro, es diferente, es… un reto.
Más cambios. La agudización de la voz, y el recurso del susurro. Ya venía avisando con ese “Caminando en círculos” del Ajuste de cuentas, disco directo-recopilatorio previo a este, gran entrada en la multinacional DRO (¿Pero no era Quique quién peleaba a lo contra?), la voz de Quique González se agudiza hasta cotas inéditas en sus trabajos de estudio. No es al primero que le pasa, o que lo busca, hay algunos que la rompen, hay otros que la afilan, como si estuvieran limando una piedra encontrada en el campo. Dylan en eso fue pionero. En cualquier caso, el cambio también desconcierta, pero no hay problema, te acostumbras pronto.
Y más cambios. Éste de carácter emocional. Quique González ha sufrido un desengaño amoroso durante este tiempo. “¡Bieeeennn”, algunos se frotarán las manos. Ya se sabe, que desde el dolor, desde el desencanto, las canciones son más canciones, la empatía con el oyente, que también es sufridor, mucho mayor. En cualquier caso, las canciones de Quique González se basan en concederle la palabra a un cronista, más narrador de historias que confesor de vivencias, algo impermeable. Quiero decir, aquí no hay nada demasiado obvio, aunque si buceas, encuentras. “Vete con cuidado”, “Los desperfectos” y sobre todo, “Doble fila” podrían responder a canciones surgidas desde la ruptura amorosa. Entre líneas, camufladas en otras canciones, también se encuentran más desperfectos.
Ejemplo: “Ando estos días aterrorizado con tus pesadillas, y me estoy robando cada día por ser más gallo. Esta es la vida que yo quería para mí, pero no es la vida que tú querías para mí, díselo, cuéntaselo de forma sencilla, seguiré aparcado en doble fila.”
Otros: “Me gustaba escuchar tus canciones detrás de la puerta”. “Me voy recortando mi campo de acción, en vez de reparar en los motivos”. “Yo tengo el corazón en duelo, y el dolor en el cuerpo”.
Y por fin, nos frotamos las manos, nos humedecemos los labios y nos limpiamos bien los oídos quienes disfrutamos con este autor, claro. El disco está bien plagado de narraciones en tercera persona, como si quién relatara fuera un Grand Voyeur, un invitado no deseado, un intruso que pasa desapercibido. Canciones muy cinematográficas, enraizadas a la música y al paisaje americano. Gasolineras, lavanderías, restaurantes, Aeropuerto, Las Vegas, gente que va y que viene, personajes de ficción (Lady Drama que recuerda a Miss camiseta mojada), otros que podrían ser tu vecino… Como cronista Quique pasa la prueba del algodón, sigue en buena forma. Hay quién pensará que repite el discurso, que hay lugares demasiado comunes, pero… ¿Alguien le dice eso, acaso, a alguna película? ¿Hay que pedírselo a las canciones?
Y para rematar, una prueba, un experimento, una osadía. El tema se llama “Vete con cuidado”. Dura casi nueve minutos. Ya avisa la letra, “Dan ganas de romper con todo”. Es una especie de improvisación en estudio, un tema riquísimo a nivel instrumental que abre una vereda por la que puede bucear el autor, canciones de largo desarrollo, con guitarra más afiladas, distorsión… (Neil Young, Wilco?¿). La constatación de que Quique González no se acomoda, sino que sigue buscando nuevos terrenos que dejar en barbecho.
En resumen, un disco variado, de digestión lenta (sospecho que con el tiempo me gustará más), del que ya me gustan mucho algunos temas como “Avería y redención”, “Doble fila”, “Lady Drama”, “los desperfectos”, “nos invaden los rusos” y sobre todo, “Trucos fáciles para días duros”. Un desvío por la tangente, sin dejar de lado su impronta personal. Un disco acertado y digno surgido de una carrera coherente, después de una situación personal complicada. ¡Ah!, pero si lo dice el mismo título; Avería y Redención, claro, Avería y Redención.
Scriers.



Maravillosa reseña de un grandísimo disco.Me tiene enganchado.
Es una tontería, pero en realidad el disco se llama “Avería y redención #7″
De hecho uno de sus temas es “Número 7″
Creí que este disco no lo iba a saber encajar, pero sí, me gusta… y mucho
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