Con Rafa Caballero nos une su música. Sí, es verdad que Jerez es muy chico y Rafa muy grande y si no fuera por H nos hubiera unido B y al final nos hubiéramos conocido, no me cabe duda. Pero hoy somos amigos (estamos orgullosos de decirlo) y diría que mucho antes, seguidores de su música. Sinceramente, no recuerdo cuando escuché por primera vez los temas de Rafa, si fueron siendo ya Hoja de Ruta y todo vino por Dani Cardiel (magnífico guitarrista y mejor persona), si fue mediante Licor 69 y la conexión canal #Calamaro o si se trató de un concierto fortuito, no se. Puede que en el fondo fuera una mezcla de todas esas cosas y nada de eso, sí, puede, porque la música de Rafa Caballero es como si ya existiera dentro de otras músicas y al final no le hubiera quedado más remedio que descubrirse. Hablo de Calamaro, de Sinatra, de Dylan, de los Stones, de Fito y Platero y todo eso, y de otras músicas de género; digo que le debe al tango como el tango le debe al desamor y que le debe a las rancheras como las rancheras le deben al tequila, y que le debe al medio tiempo, y a las baladas, y al country y a algo parecido al rock&billy y a muchas cosas más. Rafa le debe a la música tanto como la música le debe a Rafa, todo y la vez nada.
El caso es que nos hemos autoabanderado como portavoces de lo que consideramos un trabajo único, una música que merece difusión, reconocimiento y longevidad, una música que ha crecido con nosotros hasta abrazar su mayoría de edad. Hoy, la música de Hoja de Ruta puede presumir de su primer y largo trabajo discográfico, Hoy estoy para seguir. Obviamente, lo consideramos una magnífica noticia, pero el hecho de que este trabajo exista no tiene que ver solamente con los ahora componentes de la banda (Jose, Rafa, Ruri, David y Diego), ingenieros y músicos que soportan el mayor de los méritos, sino que implica a muchos otros, los Moi Cabrera y Dani Cardiel, los Juan Franco y tantos otros que contribuyeron esencialmente a la causa.

Pero no son tiempos de retrospectivas sino tiempo de analizar y desgranar el nuevo trabajo y en eso estamos. No esperen objetividad, aunque prometemos intentarlo. ¿Por dónde empezar? Pues resaltando el carácter ambicioso del disco, catorce temas del repertorio habitual de la banda. Se han quedado atrás temas que merecían un hueco en el pasado y pertenecían a otra estación (ahora me acuerdo de “De un hotel” o “A solas”, por ejemplo, de la grabación con Figueroa y cómo fue todo aquello, y sinceramente, creo que ha envejecido muy bien).
La primera impresión cuando tienes el disco en tus manos es magnífica. Un hermoso Digipack que ha diseñado Ángel Cardiel con mucha clase (chapeau querido amigo). Luego lo introduces en el equipo y la primera sensación es de extrañeza; por la producción que deja en un primerísimo plano la voz de Rafa, muy limpia, y el carácter ecléctico del disco, variadísimo, pero también porque el disco empieza valiente con lo que en los conciertos era una “bossa” al uso y ahora se halla convertida en una canción dinámica y arriesgada con un toque muy latinoamericano, “Hoy estoy para seguir”. Es una declaración de intenciones y a la vez un enorme título para el disco. Aviso para navegantes: Esto es Rafa Caballero, sí, pero también Hoja de Ruta, y como son más y muy buenos, pueden jugar más y mejor con las canciones. Y al que tenga los oídos malacostumbrados por otros temas grabados, pues que se agarre. Por cierto, el polifacético Juanito Franco aparece tocando la guitarra bossa.
La segunda confirma estas sospechas, “Retratos”, que la conocíamos en clave intimista, es un rock clásico que a algunos les recuerda a Dire Straits y a otros a Platero y Tú, pero que en el fondo tiene personalidad propia. Podemos considerarla como la presentación rock de la banda dentro del disco y lo hace con un tremendo impacto, homogénea y talentosamente. La letra es algo abstracta, conversacional y antagónica donde la palabra clave es el título de la canción, retratos.
“Que el tiempo pase” es una ranchera al uso, existencialista, trascendente y melancólica (como deben ser las rancheras), igual alegre que triste. El tema está grabado con mucho jaleo y coros de fondo, lo que les une nuevamente a las américas. Para un servidor, la noto partida en dos y es la canción que menos me funciona del disco.
Y sin tiempo para el respiro, viene otro de los temas nuevos del disco “Yo siempre quise”, un tema de interesante composición, porque parece un mosaico de anhelos y envidias sanas y al final con dos frases se lo lleva al terreno del desamor, que es lo que le da redondez. Uno de los temas que mejor funciona en los conciertos, divertidísimo y que ha quedado directo y festivo en el estudio.
“Desgraciado” era una canción que conocía solo a guitarra rasgada y que ha quedado limpita y saneada que da gusto al estudio. Para mi entender, ha mejorado mucho. El saxo ocupa en este tema un papel diferencial, y la verdad es que David Pardo, de pardo tiene poco, se sale.

“Como antes” es el tema que más conocíamos y que menos ha cambiado. Permítanme el chiste, ha quedado “como antes”. Un rock efusivo, nocturno y muy canalla. Lo cierto es que es una canción que al que no conozca a Hoja de Ruta le va a seducir de inmediato, tiene una conjunción estupenda guitarra-bajo, una melodía de saxo brutal y es aquel tema que todo roquero debería tener si se quiere considerar como tal. Y es que, cabría destacar, ahora que estamos en ello, la evolución de José Escamilla al bajo, que desde que cogió Licor 69 no ha parado de ascender en cuanto a recursos. ¿Cuál será su techo?
“Fuera de lugar” son palabras mayores. No es que tenga bajones el disco, es que muchas de las canciones responden a un estilo musical y están digamos… “contextualizadas”. Son rancheras, rock clásico, bossas, medios tiempos… de indiscutible calidad por cierto, pero hay algunas que marcan y definen qué es Hoja de Ruta con mayor ímpetu. Y me da que “Fuera de lugar” es una de ellas. El tema comienza con una música casi western y con una frase antológica “Del Taj Mahal a Venecia, sin pasar por tu casa, sin llamar a tu puerta”. Luego se entrega a una intensidad in crecento y acaba con un Rafa desbocado en uno de los mayores riesgos vocales del disco. El punteo interestrofas es enorme y la letra es “made in Rafa”, la voz desesperanzada de un chico triste que se siente más fuera que dentro, en conflicto con un mundo que ensucia sus botas y que le deja malvivir con alguien al margen.
Y ahí está estratégicamente situada un tema cortísimo, “Sevilla, Barcelona, Madrid”, un respiro que resta trascendencia al conjunto y aporta ligereza. Los discos también tienen un plan para el oyente.
“Tocando el techo” es uno de mis medios tiempos favoritos de Rafa. Primero porque siempre me han gustado las canciones a armónica, pero también porque es una canción medio susurrada, entregada a imágenes, como un mosaico de recuerdos. Para mí es realismo mágico aplicado al cancionero y en clave de amor (seguro que Rafa siempre pensó que definirían así la canción). Por cierto, para esta versión, le han aplicado violín, clarinete y guitarra española. Casi ná.
“Al pasar de largo” es un rock malote, con un riff agresivo y de frases contundentes, algunas muy memorables “al pasar de largo a veces me encuentro que no encuentro nada por pasar de largo”. Incluso Rafa adapta el juego vocal para la ocasión y se pone máscara de demonio. Aquí encontramos uno de esos momentos en los que bajo y guitarra funcionan casi siameses.
“¿Para qué?” es un clásico hojaruteño, que nos hemos hartado de escuchar, vale, pero que en el disco mantiene todas sus virtudes. Para quién no lo sepa, es un tema que juega con la idea de un suicida imposible, que siempre encuentra motivos para no matarse cuando está a punto de hacerlo. En el fondo, no es más que un canto a la vida y al rock and roll. La guitarra aquí, se exhibe.
En “De carne y hueso: entre Tirso y la Latina” el grupo se la juega y sale airoso. A ver, De carne y hueso es una de las mejores letras de Rafa. Es de tal hondura y tan en primerísima persona que es casi imposible que quién lo escucha no se sienta herido, “al final será verdad que soy de carne y hueso”. Tiene aspecto de bolero, pero no lo es, es un medio tiempo doloroso. Cuando acaba, enlazan con una creación latina, muy cubana y salsera donde se olvida el victimismo primigenio para entregarse a la nostalgia de la noche. El jaleo del final redondea un tema que podría haberse incluido fácilmente en “El cantante”.
“No molestar” es otro “rockabilly” con un ligero tono country clásico de la banda, uno de los terrenos donde la banda más armoniza el conjunto. Parece escrita en un día de borrachera.
“Sin sombrero” es el inmenso broche final de este proyecto musical que se llama “Hoy estoy para seguir”. Para mí, la mejor creación de Rafa y Hoja de Ruta, un medio tiempo precioso, que consigue que comprendas todo sin decírtelo todo, una letra que juega con conceptos supremos (la suerte, la victoria, la derrota, la locura) y lo intercala con trivialidades como tirar dados, arañas, cartas… y que en el fondo habla de amor y el amor es así, supremo y trivial. O puede que no hable de eso, pero sinceramente, me da igual, así es como yo la entiendo.

Y así hemos llegado al final, quién lo diría. Hoja de Ruta tiene su primer disco en la calle y sus seguidores somos un poco más felices. No, miento, mucho más felices. Lo mejor es que esto es solo la primera etapa, que todavía queda lo más importante. Yo ya no imagino camino reversible. Poco a poco irán escalando, y lo que no consigan por su esfuerzo y trabajo, que es mucho, lo conseguirán por su música. A nosotros solo nos queda agradecer su trabajo, seguir insuflando adrenalina y aplaudir. Animar como animan esos seguidores a los ciclistas cuando al comienzo de la ascensión, miran arriba y solo les ocupa un pensamiento: la certeza de que tarde o temprano llegarán a la cumbre.
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PD: Si quieres hacerte con el disco, aquí.
Scriers.
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