Arte, Yasmira Reza y la amistad
El otro día me reencontré con el teatro. Mentira. Llevaba tiempo moviéndome por el mundo del teatro intermitentemente en lugares recónditos y para poco público, dentro del circuito amateur. Pero esta vez acudí a una sala llena y expectante por ver una obra de una de las escritoras más brillantes del panorama actual, la francesa Yasmira Reza. La obra no es otra que “ART”, o en castellano un sencillo, “Arte”. Es la obra de un autor vivo más representada del mundo.
Tiene trampa para quiénes se atrevan a asumir el reto. Es una obra de reconocida admiración por parte del público y la crítica y tiene un elenco de actores que ya lo han interpretado en España y sobre lo que destacan nombres como Jose María Pou o Ricardon Darín. Lo cierto es que estar a la altura, es una misión bien difícil.
Pero centrémonos en la obra y no en los alrededores de la misma. Si me preguntaran a bote pronto, de qué va Arte, diría que es un tratado sobre la amistad, una reflexión ácida y exagerada de las situaciones que ocurren cuando el tiempo y la vida avanza modificando las amistades que vamos creando. Y de alguna manera, a pequeña escala, esta exageración resulta realista (¿Pero no eran términos antagónicos?) y tremendamente reflexiva. Es cómica, es satírica, pero también nos hace pensar, y desde mi punto de vista eso es algo que en el mundo del entretenimiento y el ocio a raudales, no tiene precio.
¿Por qué la gente se ríe tanto al ver la obra? Porque esa surrealista situación se la cree, se la traga, se la come con patatas. Ellos ven a esos tres personajes y se ven, escuchan a esa madre o a esa novia aparecer en la ficción de los actores y conocen alguien así, alguien que vive situaciones parecidas o que podrían ser los mismos personajes.
Venga, un pista del argumento. ARTE cuenta la historia de tres amigos cuya amistad sobrevive después de quince años. Ellos son Luis Merlo, Iñaki Miramón y Alex O´Doherty. Después de todo este tiempo, uno de ellos, Iñaki Miramón y en la ficción Sergio, se compra un cuadro de 30.000 euros que es totalmente blanco, excepto por el matiz que le imprimen unas finas líneas diagonales igualmente blancas. Esta compra despierta los recelos de Marcos, Alex O´Doherty, que le solicita ayuda a Iván, una persona en una situación emocional de mucho estrés, sobre todo teniendo en cuenta su inmenente boda, y que se deja llevar con facilidad por la opinión de la gente. La intención de Marcos es que abra los ojos después del absurdo de su compra. ¿O no? ¿O esconde algo más?
Como se puede comprobar, una premisa sencilla y absurda, que esconde una obra laureada y archiconocida. El texto es tan rico y los personajes tan potentes, que existe el claro riesgo de no estar al nivel. Pero lo cierto es que los actores cumplen con garantías y la obra, que comenzó algo liviana y parecía no tener demasiada fuerza, va atrapando poco a poco hasta sobrecogerte por completo. Desde mi punto de vista el público, demasiado agitado en Paterna, contribuía a no centrarme demasiado. Por suerte, la obra a golpe de risa y drama, te acapara la atención.
Ya en terreno personal, la actuación de Iñaki Miramón me pareció genial. Contudente, resabiado y culto, a su personaje me lo creía a todas todas. Igual que a Marcos, que era Alex O´Doherty y que mostró mucho empuje, sobre todo al principio. Con el que no simpaticé fue con el personaje de Luis Merlo, excesivamente caricaturizado, ridículo y poco creíble. No obstante, la propia evolución del personaje, que crece a medida que pasa la obra, termina solucionando el asunto.
Otro asunto que no me gustó en exceso fue el montaje y la escenografía, fallona, con sombras dónde no debían, luces mal puestas y algún que otro error técnico (un cuadro que no terminaba de subir, etc.). Creo que restaba fuerza a lo que allí pasaba.
Al final, una obra excelente en casi todo su desarrollo (a mí me sobra el epílogo final) que me hace reencontrarme con las grandes obras del teatro con una sonrisa de oreja a oreja, y que sobre todo me dejó pensativo, sobre la amistad, sobre el amor, sobre el paso del tiempo. Inmenso texto de Yasmira Reza.



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