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Alta Suciedad. Alta inspiración.

Redactado y publicado por el Lunes, 17 noviembre 200811 comentarios

Durante el verano de 1996 Los Rodríguez iniciaron una gira mano a mano con Joaquín Sabina que se suponía que le iba a terminar de lanzar al estrellato del rock español. Antes, ambos habían colaborado en el que sería último disco de estudio de los Rodríguez, el sensacional “Palabras Más, Palabras Menos” con una canción para el recuerdo, la romántica “Todavía, una canción de amor“. Cuentan que Sabina le escribió esta canción a Los Rodríguez en una servilleta de papel de un bar, mientras comían.

Durante esa gira, German Vilella y Andrés Calamaro tuvieron varios roces que iban más allá de lo puramente artístico y trascendía a la convivencia diaria. Las tensiones se fueron acumulando e incluso la banda que acompañaba a Sabina y el propio flaco se percataron de la incómoda situación. Por si esto fuera poco, las discográficas tentaron a Calamaro con jugosas ofertas llegadas tanto de Argentina como de España con el fin de relanzar su carrera en solitario.

Andrés exigió un porcentaje económico de las ganancias totales superior al del resto de miembros del grupo. Su teoría era que al compositor y cantante de la gran mayoría de los temas le correspondían mayores royalties por derecho propio, por una cuestión de trabajo. Sus compañeros no estaban de acuerdo con el reparto propuesto por Andrés, aunque en un principio firmaron un nuevo acuerdo. Además, Andrés llevaba tiempo componiendo temas en solitario, aquellos que luego formarían parte del enorme “Alta Suciedad”.

El hilo se fue tensando hasta que se rompió. En 1997 se confirmó lo que era un secreto a voces, el final de Los Rodríguez. Antes publicaron el disco recopilatorio “Hasta Luego” a modo de despedida, un arrollador éxito de ventas.

Calamaro era libre, tenía todo un mundo creativo por delante, un horizonte infinito y contaba con el respaldo total de la compañía, que había apostado fuertemente por él hasta darle casi un cheque en blanco para la creación de su nueva obra.

Alta Suciedad comenzó con dos tandas de maquetas grabadas en el estudio casero de Andrés donde fue dando forma a temas como “Flaca” o “Todo Lo Demás” entre otros: El argentino tenía claro que Joe Blaney sería el encargado de producir el disco para conseguir ese sonido americano que ambos buscaban. Era el productor más capacitado de todos cuantos había por España y el que, gracias a su carácter afable y entrañable, mejor podría aguantar a un Calamaro obsesivo e hiperactivo.

Se instalaron en New York y grabaron las primeras tomas en el estudio IIWII con músicos americanos de gran recorrido, todos experimentados y virtuosos en su especialidad. Steve Jordan, Chuck Rainey, Hugh Mc Cracken eran algunos nombres míticos que habían grabado con anterioridad con artistas de la talla de John Lennon o Tom Waits. Calamaro tuvo al mejor productor posible y a unos prestigiosos músicos de gran profesionalidad pero excesivamente caros. Por este motivo, el disco se tuvo que grabar en apenas dos semanas. El resultado fue impresionante.

(Calamaro y Blaney, en pleno tajo)

Alta Suciedad rompió con el sonido Rodríguez, se alejó de esa etiqueta de rock latino que le acompañaba y apostó por un rock más clásico, decididamente americano. Desde la misma portada (muy parecida a la del “Infidels” de Bob Dylan) notamos a un Calamaro omnipresente y con una confianza ciega en sí mismo y su nueva propuesta.

Abre con la fuerza y contundencia que nos trae “Alta Suciedad“, tema que da nombre al disco y que, a modo de queja, despotrica sobre banqueros, abogados, boxeadores, critica la intoxicación de hipocresía social generalizada en la alta sociedad, sucia de tanto mentir.

En “Todo Lo Demás” juega con los dobles sentidos de una relación que termina. Parece una canción optimista, pero bajo la amabilidad de sus acordes se esconde una gama de reproches, falsa formalidad, contradicciones y reflexiones personales a modo de collage. Una canción con múltiples lecturas conducidas por versos que nos acompañarán siempre: “puedo presumir de poco / porque todo lo que toco se rompe“.

“Donde Manda Marinero” tiene dos versiones (una ocuparía ese disco de edición limitada que fue “Las Otras Caras Del Alta Suciedad“). Ambas venían recogidas en las maquetas que Andrés entregó a Blaney al comienzo de la grabación. La primera versión fue la válida, una canción de aroma argentino, que indaga en el pasado, reflexionando con vistas al futuro. Calamaro se nos pone trascendental con un estribillo de gran trasfondo: “no sé que quiero / pero sé lo que no quiero / sé lo que no quiero y no lo puedo evitar“. Sobresalen la precisión de los coros y la estructura musical, donde todo parece estar en su sitio.

Loco” es uno de los temas del disco con mayor proyección comercial. Guiado por un genial sonido de viento y el prodigioso bajo de Chuck Rainey, y apoyado en los coros femeninos de Celeste Carballo, Andrés se desata con una letra simple y eficaz: yo soy un loco / que se dio cuenta / que el tiempo es muy poco. Una canción sobresaliente en lo musical y discreta en sus textos, pero al fin y al cabo una de las más representativas del disco.

Porque su canción emblema es la eterna y sublime “Flaca“. Supone un ejercicio de resignación al amor perdido y una súplica a la traición. “Flaca / no me claves / tus puñales / por la espalda / tan profundos / no me duelen / no me hacen mal”. La decepción y la amarga tristeza de un amor que se desvanece con una dosis de dignidad; “no me mientas / no me digas la verdad / no te quedes callada / no levantes la voz / ni me pidas perdón“. No existen muchas canciones de la magnitud social que contiene “Flaca“, banda sonora de la juventud de muchos jóvenes nacidos en los noventa.

“¿Quién Asó La Manteca?” refleja todo el potencial instrumental de los músicos de este disco. Enorme sesión en clave de funk con un Andrés arriesgando con la voz y con el uso de unos coros acertados. Huele a canción americana y no desentonaría nada en cualquier disco ochentero de Dylan, además de por su música, por sus alusiones al poder y la política.

Media Verónica” utiliza un término de tauromaquia para retratar una historia con gran número de interpretaciones. Está escrita a modo de adivinanza. Podría hablarnos desde el sufrimiento por un amor perdido (de cualquier índole), a una enfermedad que no se nombra o a cualquier otro desgaste dramático. La angustia hecha canción y uno de los momentos más poéticos de la discografía de Calamaro. Pasó rápidamente a ser imprescindible en sus conciertos, utilizada principalmente para calmar al personal tras momentos de intenso júbilo.

La segunda mitad del disco es más calmada. En “El Tercio De Los Sueños” cuenta una historia de amor situada en una corrida de toros. Canción tranquila bajo un lento compás a ritmo de blues. Uno de los temas que pueden pasar más desapercibidos del disco. “Comida China” por su parte, tiene aires de canción de despedida, de fin de año, de clausura sentimental.

Elvis Está Vivo” es un claro homenaje al rey del rock a modo de cariñosa parodia. La música siempre estará ahí, Elvis siempre estará vivo y Bob Dylan lo sabe muy bien. Ha envejecido muy bien de la mano de Candy Caramelo y el propio Andrés durante esta última gira de La Lengua Popular.

Me Arde” es un rock veraniego que bien podría pertenecer, por sonido y estructura, a su anterior etapa con los Rodríguez. Sorprendéntemente, este tema pegadizo y guitarrero ni siquiera salió como single, siendo para siempre una canción secundaria del repertorio de Andrés.

Crimenes Perfectos” es otro de esos temas imperecederos, más propio del patrimonio del pueblo argentino que del mismo Calamaro. Con una referencia al amor perdido y a la generación del Mundial del 78, este es uno de los textos más inspirados de toda su carrera. “Todo lo que termina / termina mal / poco a poco / y si no termina / se contamina mal / y eso se cubre de polvo”. Palabras precisas, poesía con mayúscula al son de un piano sobresaliente tocado maravillosamente por Calamaro. Indiscutiblemente, uno de los temas de más calado emocional del disco.

Nunca Es Igual” es el momento paranoico del Alta Suciedad. Parece un reggae en el que Calamaro nos cuenta una historia cotidiana con alusiones a las drogas, pero a mediados de canción aparece Antonio Escohotado marcándose un monólogo interminable de cariz filosófico que atrapa e hipnotiza al oyente. Decadente y atropellado, el discurso de Escohotado es un notable aporte antes del fantástico cierre del disco con “El Novio Del Olvido”, una canción triste y elegante con función de epílogo que tiene la difícil tarea de poner punto y final. Cumple con creces.

Del Alta Suciedad no falta ni sobra nada, es una obra redonda, compacta, que refleja el estado de forma de un artista único en los pasos previos a su cenit creativo, al que llegaría con el superlativo y urgente Honestidad Brutal. Por estas fechas Calamaro todavía practicaba el autocontrol, era un volcán a punto de erupcionar, un genio que seguía las reglas marcadas por las discográficas pero que estaba a punto de soltarse la melena y guiarse por sus instintos musicales más profundos.

No le importaba ni si quiera las ventas de una obra que acabó arrasando y convirtiéndose con el tiempo en el disco más vendido de su discografía. A día de hoy, las reediciones aun continúan llegando a las tiendas de música. Alta Suciedad es un disco atemporal con el que el rock hispano se hizo adulto, una obra cuyo significado podría compararse con el “Blonde on Blonde” o el “Born To Run” en Estados Unidos.

Con él crecimos, maduramos y con él nos haremos mayores. Porque Alta Suciedad está muy por encima de las modas y de las corrientes musicales del momento, está incluso, por encima del propio Andrés, porque el hecho de que una colección de canciones pase a formar parte de nosotros, del público, y las hagamos nuestras con tanta naturalidad lo pueden lograr muy pocos artistas, semejante logro sólo está al alcance de unos pocos elegidos.

Andrew Zimmerman