Nunca me ha gustado encontrarme con la obra de un autor en retrospectiva, es decir, primero hacerme con una obra actual de un determinado artista, luego con la anterior, luego con la anterior a la anterior, y así hasta el principio de los tiempos. Muy al contrario, a mí lo que me gusta es avanzar con el autor, ver su evolución (o involución), comprender los pasos que va siguiendo a lo largo de su carrera, hasta tener una percepción global. Así, en el caso de Adios, Chunky Rice, me acerqué a la obra con esa desconfianza que me hace volver andando hacia atrás, como un vulgar cangrejo.
Pero en el caso de este cómic ha sido como encontrarme a un viejo amigo que hace mucho tiempo que no veía. Desde su irrupción en mi vida con la fenomenal Blankets, cada paso que da Craig Thompson acapara de inmediato mi atención. En este caso, Astiberri, la editorial española que edita al autor, ha decidido recuperar "Adiós, Chunky Rice", su ópera prima.
La obra narra la despedida de Chunky Rice, una tortuga, de una pequeña ciudad portuaria, con la fricción que esto supone con respecto a sus relaciones habituales. Y especialmente en la relación que mantiene con Dandel, una ratita, que bien podría ser su pareja, o su mejor amigo, o incluso su mejor amiga. La novela deja claro su universalidad desde el primer momento. El lector, puede trasladar esta ciudad a su propia ciudad, esta relación a cualquier relación que se haya roto en su vida a causa de la distancia. La universalización de sus elementos es concienzuda, ya que Thompson deja sin nombre a la ciudad, sin género a los protagonistas (sólo en una ocasión se hace alusión a los mismos), sin destino específico al viaje emprendido. Lo cierto es que la obra no se puede entender si no tenemos en cuenta que tiene un carácter eminentemente autobiográfico. Thompson recrea una despedida real, la que tuvo que emprender él mismo al marchar de Wisconsin. Es, también, una pequeña despedida de una época específica, la infancia. Y es, para más inri, Craig Thompson dixit, la despedida de uno de los grandes amores de su vida.

Partimos pues de los sentimientos que te evoca una despedida, sí, pero la obra tiene muchas otras cualidades. Una, impagable, es la calidad de los personajes secundarios. Todos, absolutamente todos, por un lado o por otro, dan lástima. Se trata de personajes particulares en su forma, pero no en su contenido, con una personalidad muy diferenciada, pero a la vez entrañables, simpáticos, redondos. Particularmente, es de lo que más me ha gustado de esa novela. Partiendo de la trama central, la subtramas adyacentes son geniales, Solomon y Merle, el pájaro, Charles y Glenda, y las impagables Livonia y Ruth, dos hermanas siamesas. Más cualidades, la narración gráfica. Se trata de un dibujo formado por líneas que varían de grosor en el mismo trazo. La sensación que da es de completo dinamismo, de espontaneidad y frescura, las viñetas están en contínuo movimiento. Adquiere mucha importancia el mar como elemento que sustenta y une las partes de la novela. Comienza en el mar y acaba en el mar. Al leer te da la sensación de estar, al igual que Chunky Rice, navegando. Y finalmente, la poesía que baña y embadurna toda la historia. Ideas sencillas que tratan sobre la añoranza, la nostalgia, la evolución, la amistad, y como no, el amor.
En conjunto, una obra emotiva, humana, gráficamente personalísima y realmente enternecedora. Una obra, que además, rompe otro de mis prejuicios, y de paso deja a Craig Thompson, con tan sólo tres obras, donde estaba, es decir, en el Olimpo de mis autores favoritos.
Scriers.





