
A ver, bien pensado, REC es un engaño. Se trata de la última película de Jaume Balagueró (Los Sin Nombre, Frágiles, Darkness… OT, la película) y Paco Plaza. Fijénse que de su comunión con el género de terror he visto dos de ellas. Darkness y Los Sin Nombre. Ambas, por cierto, me gustaron mucho. De Los Sin Nombre, recuerdo su tensión contínua y sus inteligente uso de claroscuros. De Darkness la aterradora casa y un ritmo in-crecento. Me gustó enfrentarme a REC con la única información de que se trataba de una cinta que triunfó en Sitges, rodada casi a tiempo real y en plan "La bruja de Blair". Leí, además, algo de telerrealidad. De Balagueró, como personaje cinéfilo, me gusta su respeto al género y su instinto para sobrecoger al espectador sin caer en el manido terror noventero de adolescentes corriendo como pollos sin cabeza, sembrado por Scream y continuado hasta la saciedad.
Atentos que os sitúo. Una reportera de una televisión local sigue cada noche a un colectivo social distinto para mostrar su realidad. Esta noche le toca informar sobre la actividad de los bomberos en la gran ciudad, acompañada únicamente por "su Cámara", Pablo. Toda la acción es recogida a través de su cámara en hombro. Y todo discurre normalmente, sin sobresaltos, hasta que se adentran en una edificio dónde han recibido la alerta de que hay una anciana encerrada en casa chillando ensordecedoramente de manera contínua.
Con este sencillo punto de partida REC construye una historia asfixiante, llena de tensión y terrorífica a más no poder. Cualquier persona que entre en la sala y se deje engañar por su juego, sale completamente acongojado. Para ello, Balaugueró ni siquiera disimula y se arma de tópicos. Todos los personajes los hemos visto ya en infinidad de películas, con otros nombres, con otros rostros. Eso sí, aquí adquieren un aspecto más mundano, trivial, incluso aderezados con toques de humor (la pareja anciana, los chinos, el gay frustrado, hasta la sobreprotectora y cargante madre). El edificio dónde se sitúa la acción es un edificio marginal, de clase media-baja. Estas dos características quizás la sitúan más en consonancia con el cine independiente. Más tópicos, el posible virus, los testimonios magnetofónicos que aclaran la historia. La compresión del espacio (ese acordonamiento), como aquella trampa en la que dos paredes de una habitación se estrechan hasta aplastar a sus ocupantes. Todo milimétricamente estudiado. Todo extremadamente terrorífico.

Otro acierto, el hiperrealismo. Allí dónde se realizan planos decididamente mal hechos, cutres y visualmente difusos no hay más que empeño en teñir de hiperrealidad el decorado. Además, la película no tiene ni un crédito pre-cinta. Nada, ninguno, cero. Cuando abres los ojos ya estás inmerso en el film. Cuando ya acuerdas, estás cerrándolos de puro miedo. Esa metamorfósis de la realidad más cotidiana en situación de pánico me parece plausible.
Y es que, facturación y tópicos a parte, REC es una cinta que consigue con creces lo que propone, y que reinstaura lo inventado para lograrlo. Que sí, que existen miles así, que nada es nuevo, que todo eso ya lo hemos visto… pero puedo asegurar que llevaba muchos años sin pasar tanto miedo en una sala de cine. Por eso, eso que suena por ahí de que se trata de una innovadora película de terror no es más que una patraña (recuerda, sin ir más lejos, a la Bruja de Blair), una mentira, un embuste, como decía al principio, un engaño. Pero está tan bien pensado, consigue tan redondamente su propósito que no nos queda más remedio que sentarnos en la butaca del cine, agarrarnos a la butaca, temblar y gritar, sobre todo gritar. De miedo, por supuesto.
Scriers





