El Laberinto de Cortázar.
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Esta es un crítica que he hecho sobre el relato “La continuidad de los parques” de Julio Cortázar. La clave es que está hecho como si acabara de ser editado.


El Laberinto de Cortázar

“El mundo es un laberinto fantasmal del que el ser humano ha de intentar escapar”. Cuando Julio Cortázar pronunció estas palabras seguramente no quería definir “La continuidad de los parques”, pero ha de reconocerse que, desde esta frase, podríamos establecer un paralelismo evidente con su cuento.

Y es que, el último cuento de Julio Cortázar es, pese a manejar temas explícitamente realistas (un clásico triángulo amoroso, la víspera de la libertad entre aquellos que tanto la anhelan o la enajenación vital que provoca un trabajo opresivo), un cuento que huye del laberinto del mundo, o del mundo tal y como lo concebimos normalmente. Esto lo hace invirtiendo la perspectiva, es decir, proponiendo otro laberinto, el ficcional, que consigue embarcar al lector en una travesía dónde lo real y lo fantástico se confunden, se tratan y se expresan.

Partiendo de un narrador situado muy próximo al lector, tanto que parece incluso que le acompañemos en el viaje o que adoptemos incluso el papel protagonista, y con la consabida complicidad que exige un texto que podríamos integrar dentro del realismo mágico (es decir, nos creemos lo narrado por encima de las perturbaciones espacio-temporales), Cortázar bifurca sus esfuerzos narrando dos historias al tiempo, primero, la de un atareado empresario cuya jornada laboral ha expirado y se entusiasma leyendo una novela, y segundo, la de la propia novela que está leyendo y que narra el desesperado encuentro entre dos amantes que planean su libertad.

El mérito del relato se sustenta en los recursos empleados para encauzar ambas realidades hasta un mismo plano temporal y espacial, o lo que es igual, hasta una misma realidad. Es en la distorsión del tiempo y el espacio en sus parámetros normales, dónde Cortázar se encuentra más cómodo, pero lo hace sin despegarse totalmente de la propia realidad, dejando enganches invisibles, pues según él mismo, “sin la realidad, lo fantástico se disuelve y no tiene ningún sentido”.

Y para ello Cortázar no duda en emplear parte de sus arsenal literario más característico: Lenguaje poético (“latía la libertad agazapada”, “la sangre galopa”), localismos, cambios de ritmos, suspense bien entendido (aquí podemos distinguir la sombra de Edgard Allan Poe) y autogeneración del cuento. La prosa desplegada por el autor te atrapa del mismo modo que describe a su protagonista (“con un placer casi perverso”) y lo aleja del Cortázar más primitivo, el que caracterizaba sus obras con un fraseo corto y escueto.

El cuento supone, del mismo modo a todo lo anterior, una apología del ideario del autor en términos literarios, que se desprende a través de la relación de su personaje principal con la novela que está tratando y de la superposición en la ficción de una realidad con otra. Tanto desde su estilo narrativo como desde los hechos que cuenta, el cuento trata también la creación literaria y su repercusión en el lector.

Es éste un texto válido para varios tipos de lectores. Los que se conformen con una lectura explícita, encontrarán la historia de un triángulo amoroso con final sorpresivo. A los que le guste un tratamiento más exhaustivo, encontrarán no solo una historia y el despliegue fantástico de los acontecimientos, sino también un texto plagado de simbolismo literario, recursos propios del autor y del tipo de literatura que éste representa. En resumen, de una manera u otra, el autor ha resumido en poco más de medio folio su propia concepción del cuento y lo ha hecho fiel a su idea original, haciendo escapar al lector del laberinto fantasmal del mundo.

Relato original.

Scriers.

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Federik Freak, sentirnos complices
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

Federik Freak es un joven obsesionado con la cultura fandom. Sus mejores amigos son el gordo Froilan, un obeso con el que comparte extravagantes inquietudes, Benjamín el Gotiquito, un siniestro que siempre amenaza con el suicidio, y un gorila verde que sólo él mismo es capaz de ver y escuchar. Sus preocupaciones son un tanto atípicas; desde adivinar el final de Lost por sí mismo y sin spoilers a preguntarse si realmente vivimos en Matrix. Federik Freak es virgen, nunca ha tenido una relación de más de unas horas con una chica. Sus habilidades sociales son inversamente proporcionales a sus conocimientos sobre la Guerra de las Galaxias. Nunca ha trabajado (ni intención que tiene), y pasa casi todo su tiempo encerrado en su cuarto frente al ordenador. Si, Federik Freak es un friki, pero no un friki cualquiera, como él dice hoy se le llama friki a cualquier persona que haga cualquier cosa, sino uno capaz de aprenderse de memoria todos los extras de la saga de Alien en sueco y masturbarse con dibujos animados.

El mundo del entretenimiento, la ciencia ficción y la fantasía siempre ha sido un potente generador de frikis. Con Federik Freak, Ruben Fernández autoparodia este círculo social con gracia, mala baba, ironía y conocimiento. Porque para dibujar esta tira cómica, una de dos, o su autor es un entendido en la materia o debe haber realizado una gran labor de documentación. Y obviamente me inclino por lo primero. Fernández, a pesar de ser politicamente incorrecto, nunca resulta grosero, y es capaz de hacer referencias a “2Girl1Cup” o la muerte de David Carradine con chispa e ingenio. El desfile de personajes populares acerca al personaje a la jocosa actualidad. Por sus viñetas pasan Michael Jackson, el Papa, Bill Gates o Mr T, entre otros, criticando ferozmente aquellos más poderosos. Esa mezcla de irreverencia, humor absurdo y crítica aguda hace de Federik Freak una tira muy apetecible, que conviene leer de un tirón, pues en pequeñas dosis pierde fuelle, sabe a poco.

Cabe destacar ese dibujo sencillo (que no simple), de trazo grueso y enormemente expresivo al que acompaña una paleta de colores muy efectiva. Pero lo que hace especial a esta tira de El Jueves (que acompañó en un pequeño tomo a la revista la semana pasada) no es su dibujo, es su comunión con el lector. Cualquier friki disfrutará con estos macabros y divertidos gags sobre el mundillo con una sonrisa en la boca y con el riesgo de soltar una enorme carcajada. Tenía que existir una tira así, porque el autorretrato de un friki se presta a ello, y joder, porque resulta sano y divertido reirnos de este mundillo, trivializarlo todo y sentirnos felizmente comprendidos.

Enlaces Relacionados:

- El Blog de Ruben Fernández

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The Times They Are A Changin
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

Hace poco debatiamos en El Club sobre redes p2p y el intercambio de archivos. En los comentarios de dicho post, llegábamos a la conclusión de que apenas comprábamos discos. Y es que, como Eterno Viajero apuntaba, los cds que adquiriamos acababan por coger polvo en la estantería. Su uso en nuestras vidas (y en una gran parte de la juventud actual) hoy día es ínfimo. Hemos cambiado de costumbre y ahora el CD apenas se escucha en casa, para eso disponemos del ordenador portatil o los reproductores de mp3, que conectamos directamente a los altavoces. Cuestión de hábitos. Ahora nos resulta más cómodo hacer lo segundo. Resulta más rápido, funcional y no necesitamos un soporte tangibe. Tampoco dinero, y esta gratuidad en tiempos de crisis, se agradece un rato.

Si nosotros, melómanos y coleccionistas por naturaleza, hemos sucumbido a la comodidad que nos ofrecen las nuevas tecnologías, no quiero ni pensar en aquellas personas para los que la música es algo totalmente secundario.

¿A qué viene todo esto? Pues a la noticia publicada por Promusicae que hace balance de las ventas de cds del pasado año. Durante el 2009, tan solo tres discos, los nuevos trabajos de Joaquín Sabina, Fito & Fitipaldis y Alejandro Sanz, superaron las 100.000 copias. Si comparamos el 2009 con finales de los noventa y/o principios del milenio, los datos hablan por sí solos. En esos años, discos como los debuts de Estopa y Alex Ubago, el “Estrella de Mar” de Amaral, o “El Viaje de Copperpot” de la Oreja de Van Gogh, por ejemplificar, superaban el millón de ejemplares vendidos. En la actualidad es raro el disco que llega a vender 10.000 unidades. Un 90% menos en los discos que ocupan los primeros puestos de la lista de venta. ¿Estamos viviendo la agonía de la industria discográfica?

No. Simplemente hemos cambiado de formato. La anterior noticia puede complementarse con esta otra para ampliar la perspectiva: El 27% de los ingresos actuales de la industria discográfica proceden de formatos, servicios y canales digitales, llámese Spotify, Vodafones, Itunes o como se quiera llamar. Es decir, que gran parte de su facturación procede, no de la compra directa de un cd, sino de los medios digitales. El coste de estas operaciones es más reducido que fabricar un disco. O sea, que las discográficas sacan partido de Internet. Más tarde de lo debido, pero finalmente han tenido que adaptarse a un formato que demandaba el propio consumidor. Evidentemente, la libre circulación de archivos mp3 sigue siendo una tónica general, pero pese a ello, el trozo del pastel es considerable.

Si tenemos en cuenta que el número de conciertos que se realizan en España está creciendo desde hace varios años (y por consiguiente, el número de espectadores) y que las discográficas, con una política más que cuestionable, han decidido cobrar royalties a sus músicos (hablo de memoria, pero creo que se sitúa en torno a un 5 o 10% de la recaudación total de cada concierto), las cuentas de la industria no son tan ruinosas. Eso sí, está obligando a los músicos a ganarse el pan poniéndose el mono de trabajo, saliendo a la carretera y duplicando el número de recitales. Las pequeñas giras del principio de los noventas han dado lugar a macrogiras de año y medio. Sencillamente porque el músico ya no puede sentarse a esperar como crece su cuenta bancaria por la venta de discos. Ahora se ven obligados a tocar y tocar. Para ellos resulta más incómodo pero más gratificante. Así que todo queda en la vocación de cada cual.

Sin embargo, esta medida puesta en marcha por las discográficas con más peso, está provocando una paulatina tendencia a la autoedición y el crecimiento de sellos independientes, aquellos que no cobran al músico por su propio recital. Todavía está en pañales, pero la autoedición es el futuro. Tiempo al tiempo.

Como Enrique Dans decía, la evolución digital no conlleva que se escuche menos música o se vean menos películas, simplemente se trata de un cambio en las vías de consumo y que todo el sistema económico está reorganizándose. Se consume más música que antes, eso no hay ninguna duda, pero años atrás la industria discográfica se lucraba más facilmente con un método directo y eficaz: sacaba discos al mercado y hacía caja. Ahora tiene que investigar nuevas fórmulas de venta, modernización y desarrollo. Tiene que negociar con los músicos, (algunas) reconvertirse a promotoras y conectar con el público joven. El problema es que les pilló el toro porque nunca pensaron que la caída en las ventas de discos fuese tan precipitada. Y claro, deben ponerse al día cuanto antes, pues el que más rápido se adapte a los cambios, mayor tajada conseguirá.

El victimismo de la industria y los músicos se debe en gran parte a que no toleran que sus trabajos circulen libremente por la red. En este sentido, mi reflexión es la siguiente: ¿no han pensando en la cantidad de seguidores que han ganado gracias a la difusión digital de sus obras? Porque el incremento en el número de espectadores que acuden a los conciertos está directamente relacionado, eso me parece evidente. Y ese es un dinero que percibe directamente cada músico.

Por tanto, el intercambio de archivos otorga información al consumidor y abre un mundo de posibilidades. Muchos de los incipientes festivales de hoy en día nacieron en la red. Algunos grupos ascendieron al mainstream gracias a portales como Myspace o Youtube. De esta forma, las redes pueden considerarse el mayor enemigo de la industria o también una poderosa arma de difusión, promoción y desarrollo. Todo depende del cristal con que se mire y lo lejano o cercano que nos alcance la vista.

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Pozos de Ambición; sanguinolento retrato de la codicia
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

Paul Thomas Anderson es uno de esos cineastas modernos que siempre intenta, con mayor o menor fortuna, imprimir un sello distintivo a cada una de sus películas. A sus prometedores comienzos con Sidney o Boggie Nights le sucedió su gran obra maestra, Magnolia, la que tranquilamente puede considerarse la obra coral más interesante de cuantas haya facturado Hollywood. Poco después sorprendía a propios y extraños con la delirante e hipnótica Punch-Drunk Love, que recibió un hostil varapalo por parte de la crítica. Cal y arena en la obra de un director singular, que con su último estreno, Pozos de Ambición, vuelve a demostrar una personalidad única e irreverente a la hora de hacer cine. En esta ocasión deja al espectador perplejo con un durísimo relato sobre la explotación petrolifera en EEUU durante las primeras décadas del siglo XX. Anderson teje una oscura trama sobre la avaricía y la desconfianza humana contextualizándola en los áridos paisajes de Texas, y cediendo lo galones a un exagerado Daniel Day-Lewis, cuya cara de pocos amigos se perpetúa a lo largo de las casi dos horas y media de película. Sobreactuaciones al margen, la ambientación de la cinta recuerda inequívocamente a la de la serie Deadwood, no solo por el hecho de acentuar el realismo sucio, sino también por su recreación del Oeste y la falta de escrúpulos en las escenas de conflicto. Crudeza extrapolable al carácter de Daniel Plainview, un petrolero en busca de fortuna preso de sus ansias de poder, obsesionado por no dejarse pisotear. A través del deterioro de su vida personal, tan emergente como su patrimonio, Anderson indaga en otras muchas cuestiones tales como las relación paternofilial, la corrupción empresarial o el fanatismo religioso. Pero en su intento por facturar una descarnada adaptación de la novela de Upton Sinclair, Anderson se olvida de conmover, se obceca en su protagonista descuidando a los secundarios e individualizando al extremo el relato. Es curioso que un maestro en repartos corales cojee en esta faceta, dejando lo que podía ser una interesante reflexión sobre el choque de aspiraciones vitales en un torpe y sanguinario retrato sobre la codicia.

Enlaces Relacionados:

- Pozos de Ambición en Dvdrip

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Friday Night Lights, cuarta temporada. Al mando de un equipo perdedor
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

Los Panters de Dillon son historia para el entrenador Taylor. Una vez cesado por la junta directiva, se hace cargo de un equipo que debe de renacer de sus cenizas partiendo de cero. El nuevo conjunto, los Lions de Dillon, se ubican al este de la ciudad y no dispone ni de jugadores con experiencia ni de campo de juego. Su reconstrucción será la premisa de la que parte Friday Night Lights en su cuarta (¿y penúltima?) temporada.

Taylor tiene la difícil misión de formar a un grupo de inexpertos jugadores procedentes de los barrios marginales de la ciudad, educarlos y armar un equipo capaz de ganar algún partido. Pero no se acaban ahí sus problemas, pues su mujer, directora del colegio de los Panters (su antiguo equipo), se verá pronto en la encrucijada de soportar críticas que la acusan de actuar por el bien de su marido. Su hija Julie deberá elegir su destino, ¿universidad o la cárcel que aparenta ser Dillon?. Mientras, Matt Saracen, alejado de los campos de football, explorará su faceta artística y tendrá que hacer frente a inconvenientes muy serios que pondrá en tela de juicio su escala de prioridades. Otros personajes como la familia Riggins y Landry Clarke continúan estando entre los protagonistas de un reparto que sabe reciclarse con medio elenco nuevo. De este modo, la presentación de sus nuevos personajes, algo forzadas, será la tónica de los primeros episodios de una cuarta temporada que irá creciendo poco a poco hasta tener varios capítulos antológicos. No será la mejor sesión, pero deja momentos emocionantes. Escenas que demuestran que la serie ha sabido renovarse y madurar, pues aunque el matiz teenager sigue latente, las cuestiones planteadas son definitivamente más adultas, coqueteando con el existencialismo adolescente y abordando la complejidad de las relaciones institucionales y otras temáticas ya clásicas como el racismo, las costumbres americanas o el arraigo paternofilial.

En definitiva, un paso hacia delante de una serie que en España no ha calado por motivos varios; su marcado acento americano, el poco disimulado carácter teenager y el protagonismo de un deporte que no se practica en nuestro país como es el fútbol americano. Lastres demasiado grandes como para hacerse un hueco entre una audiencia tentada con infinitas posibilidades televisivas. Aún así, y para los que no se hayan decidido, linkeo estas nueve razones para ver Friday Night Lights. Todo sea porque cada vez seamos más los que apoyen las andanzas del entrenador Taylor y sus nuevos Lions de Dillon.

PD: Para los seguidores acerrimos, atentos a las sutiles referencias a personajes que han pasado por la serie porque están escondidas y son realmente curiosas.

Enlaces Relacionados:

- Friday Night Lights, Cuarta Temporada HDTV

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