Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
29 noviembre 2009

Lo que a priori se podía considerar como un año esperanzador para la escena musical española se está convirtiendo, una vez que pisamos diciembre y podemos hacer balance, en un curso decepcionante. Los grandes músicos patrios han defraudado con sus nuevos trabajos y la industria musical, hundida en la crisis económica, se muestra reacia a invertir en nuevos talentos mientras que sus apuestas caminan sobre senderos obvios y seguros.

Antes-De-Que-Cuente-Diez---Fito-&-Fitipaldis-(2009)Pese al panorama, esperábamos con ilusión el retorno de Fito y sus nuevos Fitipaldis y nos encontramos un reiterativo y descafeinado nuevo trabajo que nos dejó fríos, a la espera de que el bilbaino, quizás dentro de otros cuantos años, cambie de tercio y explore nuevos sonidos. El retorno de Sabina también era una excelente noticia para sus seguidores, pero Vinagre y Rosas decepciona con cada escucha, pierde fuelle y aclara que al flaco ni le sientan bien las vivencias ajenas ni las producciones obsoletas. Loquillo prefirió darse un brutal autohomenaje lanzando al mercado una caja con su discografía, ignorando que abundan recopilatorios sobre su obra. Al menos nos dejó uno de los mejores videoclips del año.

Solo Quique González ofreció una nueva cara con Daiquiri Blues, un trabajo que no me emociona pero del que aprecio su valentía y honestidad. Al madrileño le apeteció facturar un disco a lo americano y se dió el gustazo. Suena tan bien, tan limpio, tan claro que pierde por su estética americana el sentimentalismo al que acostumbra, pero hizo algo novedoso y traicionero para su público. Y esa osadía, ese atrevimiento me gustó. Pereza intentó cambiar el chip, con un disco más tranquilo y ‘adulto’, pero ni hizo su Honestidad Brutal particular, ni se desmarcó del mainstream todo lo que uno hubiera deseado y al final todo quedó en un disco notable dentro de su carrera pero lejísimos de los grandes grupos de su estilo (Los Rodríguez, MClan..).

Como novedades no se vislumbraron grandes grupos. No estaba la coyuntura para grandes inversiones. La discográficas siguen demasiado preocupadas en ajustar sus cuentas y llevarse el 5% de la facturación de los conciertos de sus artistas como para dar la oportunidad a nuevos grupos o solistas. Cuando lo hacen aparecen cosas como Sidecars, auténticos clones de otras propuestas de éxito.

Surge como medida de autodefensa el boom de la autoedición o el paulatino crecimiento de discográficas pequeñas, únicas preocupadas en un reparto justo de lo royalties. Son aquellas a las que acabaron acudiendo los músicos que huían de las grandes compañías, siempre feroces en las negociaciones. La crisis es buena excusa para cometer todo tipo de abusos en los contratos.

cabra-mecanica-27-10-09El 2009 nos dejó la despedida de la Cabra Mecánica por motivos conceptuales y filosóficos, pero ese es un tema que probablemente tenga su propio post.

Haciendo balance, reflexiono sobre varias cuestiones. La primera es la sensación de depresión generalizada en la industria, motivada claro está por la situación económica. Un desolador paisaje en el que se aprecia un inmovilismo musical preocupante. La segunda, mucho peor, es que la producción de canciones ha disminuido, y con ella, un bajón considerable en los temas que me llegan al corazón. En mi lista del Spotify tengo poquísimas canciones actuales y debo acudir a revisar viejos clásicos o grupos que desconozco y de los que me apetece saber más para así encontrar canciones para el recuerdo.

Os propongo hacer recuento. Decidme al menos una decena de canciones memorables de este 2009. Es tan difícil que creo que podriáis contarla con los dedos de una sola mano.

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Seguimos apoyando a esta banda amiga allá por donde toquen. Hoy lo hacen en Madrid, en la gran capital. Todo aquel madrileño que no tenga plan y le apetezca escuchar algo de rock n’ roll fresco, que no dude en cogerse un metro hasta el Bernabeu y en disfrutar esta noche de un gran concierto que seguro que bindan.

Si alguien asiste podría contarnos su experencia y sensaciones después del concierto. Suerte a Hoja de Ruta y a seguir cumpliendo el sueño. Un abrazo Jose, un abrazo Rafa.

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Eterno ViajeroEterno Viajero
Eterno Viajero
26 noviembre 2009

Estamos ante la que posiblemente sea una de mis películas favoritas y como os podéis imaginar eso no ayuda en lo referido a la objetividad con la que debemos escribir los que hacemos críticas de ellas.

Braveheart es como la mayoría de vosotros sabréis una superproducción (magistralmente) dirigida y protagonizada por Mel Gibson que cuenta la falsa historia de William Wallace, un campesino convertido a héroe para vengar la muerte de su esposa y sobre todo, para llevar a Escocia a la independencia política.

Considero Braveheart una película absolutamente imprescindible por su corazón luchador, rebelde y esperanzador para cualquier oprimido pero además la recomiendo por la emotivísima historia de amor que nos cuenta.

Está rodada con muchísimo gusto, con muchísimo cariño y a pesar de las licencias históricas que se tomaron para darle forma consigue una linea argumental muy sólida, con una utilización de los ritmos frantástica mezclando con mucha destreza batallas trepidantes y preciosísimos pasajes románticos. La ambientación de la Escocia medieval es de las más logradas que he visto en el cine.

braveheart[1]

Las secuencias bélicas son espléndidas y creo que ningún otro largometraje ha conseguido esa crudeza y realismo que se vive en la batalla de Stirling y Falkirk. De esta última destaco el dramatismo y la desolación ante la traición de los nobles.

Me parecen especialmente bonitos los pasajes de la flor en el entierro, la despedida de la primera en sufrir la prima nocte, el casamiento de William, la cara de Murron, las melodías prohibidas tocadas con gaitas prohibidas, el llanto de la princesa en la celda, la sonrisa de Murron y como no, la ejecución. Cada vez que la veo, lo siento, la vivo en mis carnes, se me cuela en mis retinas, y no puedo dejar de llorar.

Reconozco y publico sus errores; exagerados fallos de script, encuadres que revelan furgonetas y latas de cocacola, hachas presumiblemente de goma y dobles que se reconocen a leguas precisamente por no parecer dobles de Mel Gibson. Pero se le perdona todo porque para mi es la mejor película bélica hecha en el siglo XX y en lo que llevamos del XXI.

Pero hay algo que ahora, con casi 15 años más que en 1995 me deja un regusto ético y político que hace que no disfrute tanto de la película (aunque lo sigo haciendo, os lo aseguro) , y es su controvertido mensaje interior procedente de una de las voces públicas más fundamentalistas, anquilosadas en pensamientos retrógrados y desafortunados comentarios como lo es Mel Gibson, un actor manifiestamente ultra-católico. Y no es que ello me produzca desazón, faltaría más, si no que como católico que soy me parece chocante el alarde de venganza que se respira en la película, con asesinatos violentos y a sangre fría.

Y dando un pasito más allá, ¿acaso la ideología que nos muestra en Braveheart de lucha por la independencia, de violencia contra los opresores y demás agresivos contenidos de la que tan orgullosos nos hemos sentido cuando éramos adolescentes pensando en las heróicidades de Sr. William Wallace no nos recuerda a “algo” de nuestro tiempo y nuestro país? A mis 14, W.Wallace era para mi uno de mis “héroes”, de mis “referentes” (aun sabiendo de sobra lo muy adulterado que está ese personaje de la película con el histórico); hoy a mis 24, W.Wallace era un revolucionario, armado y asesino, tanto o más como los ingleses que luchaba ciegamente por su patria y su tierra. Eso lo dice hoy uno, y va sin contemplaciones a la carcel.

Yo, por suerte, sigo pensando en la resolución de los conflictos con la palabra, de unos y de otros, y las armas y la violencia, cuanto más lejos mejor. Pero todo lo contrario es lo que se vive en la película, que evidentemente sería bastante diferente, por decirlo de alguna manera, sin ese tono bélico-sangriento.

Algo que también me incomoda es el auto-endiosamiento que Mel G. demuestra a lo largo de las casi tres horas que dura el film. De echo muchas escenas nos llevan a comprarlas con las que hace unos años rodó en La pasión de Cristo, siendo por supuesto él el salvador y mesías.

Con todo me reafirmo en mi absoluta devoción a este grandioso film, adorado por muchos y abucheado por otros.

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Como colofón final he dejado lo que para mi es el rotundo diez de Braveheart. Su banda sonora es completamente insuperable, de principio a fin, y que llega de manos de James Horner. Fue uno de los primeros CDs que me compré cuando niño con mi dinero. Aun lo conservo y lo escucho con bastante frecuencia. Creo que hay pocas B.S.O. que encajen tan magistralmente con cada fotograma de la película. Es mágica, trágica … como la película. Sin duda, lo mejor que tiene Braveheart es su música, lo tengo clarísimo.

Destaco los pasajes delicados, The Secret Wedding, For the love of a Princess, Betrayal & Desolation y The Princess Pleads for Wallace’s Life. Una joya sonora. A quien le guste la música clásica y la instrumentación celta, se dará cuenta que esta banda sonora no tiene precio.

Existe una versión de 14 Gb colgada en Internet de esta película, con una calidad de sonido 5.1 extrema y una definición de imagen insuperable. Además, lo mejor de todo, es que tiene doble canal de audio; español e inglés. Si ese grito de Libertad te gustó, no te digo nada de como suena Freedom. Es otra de las tantas películas que gana muchísimo en V.O.S.

A pesar de mis debates morales internos, esta película me ha marcado y creo que a muchos también. Es sencillamente preciosa, llena de rabia y de pasión; un regalo para los sentidos.

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
24 noviembre 2009

portadavyr

He manifestado una y mil veces mi repulsa al dúo Varona-De Diego en cuanto a su labor de producción en los discos de Joaquín Sabina.

Rescato palabras que escribí hace unos meses: “Las grabaciones dirigidas por de De Diego y Varona no me entusiasman, me resultan desordenadas, sobreproducidas, carecen de sensación de conjunto y no siguen un patrón claro. Da la sensación, al escuchar sus discos, que Sabina ofrece una decena de colaboraciones para otros albumes. Es algo parecido a leer un libro de relatos. Puedes disfrutar de alguna una canción, pero no de la totalidad del disco“. Pues me reafirmo en lo dicho, punto por punto, y añadiría alguna crítica más, pero no es cuestión de ensañarme con la inseparable pareja de músicos del de Úbeda.

Considerando que en Vinagre y Rosas se han encargado de la producción de la mayoría del disco (salvo eso dos temas que firman los Pereza) mi impresión, en las primeras escuchas, sigue siendo más negativa que positiva. Sigo echando en falta empaque,  originalidad y atrevimiento en el apartado musical. Muchas canciones me parecen una actualización de otras editadas años atrás con ese efecto deja vu tan molesto.

Pero bueno, escuchar un disco con prejuicios es una falta de consideración a la hora de emitir juicios de valor sobre el mismo. Por ello, he estado varios días escuchando interesadamente Vinagre y Rosas, haciendo un esfuerzo por ignorar el asunto de la producción y ser honesto con mis sensaciones.

vinagreyrosas

A día de hoy Vinagre y Rosas lo escucho con agrado y nostalgia a partes iguales. Lo primero que llama mi atención es la coautoría del mismo en la gran mayoría de canciones. El escritor Benjamín Prado, que firma junto a Sabina gran parte de los temas, no ha perdido la ocasión para contar como compusieron Vinagre y Rosas en su libro Romper una canción, escrito tras el fructuoso viaje a Praga de ambos.

Decía Sabina que con la vida de pareja tan calmada y feliz que actualmente lleva le era difícil componer canciones de desamor. Por ello se alojó en un hotel de la capital checa durante ocho días en compañía de su colega poeta con el único objetivo de facturar canciones.

Desde hace años, Sabina cambió sus malas compañías por la amistad y la complicidad de algunos modernos poetas hispanos; Benjamín Prado, Luis García Montero, Almudena Grandes o el malogrado Ángel González, al que dedican una entrañable rumbita.

El cambio de compañeros de fiesta nos trajo a un Sabina más reflexivo y sosegado que ahora cuida y mima cada verso como buen artesano, buscando la sonoridad de los sonetos y, por causa-efecto, desinvolucrándose del apartado musical, que delega constantemente en De Diego y Varona.

Yo personalmente echo de menos aquellos tiempos en que Sabina se codeaba con el gremio rockero, con rodríguez y cantautores afines. Fue durante gran parte de la década de los ochenta y los noventa. Era un Sabina mucho más cercano a su esterotipo de poeta canalla, crápula, irreverente y osado que ofrecía frases para el recuerdo en cualquier cruce con los medios de comunicación.Sus canciones eran más sencillas que las de ahora pero más cercanas al populacho. El 19 Días y 500 noches fue su cúspide creativa. Comenzó a cantar sin maquillar su voz rota y traicionó a sus habituales productores. Eligió como escudero a Alejo Stivel, reconvertido al mejor productor musical de aquel momento en materia de radiofórmula. La asociación, pese a parecer de antemano algo discutible, triunfó en todos los sentidos. Encandiló a crítica y público.

Desde entonces Sabina publicó un emocionante disco en directo (Nos Sobran Los Motivos), sufrió el “Marichalazo”, a duras penas superó el trance, publicó otro disco-collage con parches de aquí y allá (Dímelo En La Calle), editó un refrito del collage (Diario De Un Peatón) y plasmó su particular “nube negra” (Alivio De Luto). Musicalmente hablamos de una década olvidable salpicada por ciertas canciones (Peces De Ciudad por ejemplo)  que si hubieran recibido otro tratamiento y/o pertenecido a discos más elaborados serían himnos irrefutables del cancionero de Sabina.

Superado ya el bache y adentrado en los sesenta, del Joaquín Sabina calavera apenas queda rastro. Ahora es un señor dedicado a cultivar las palabras. Lleva una vida medianamente estable que le permite disfrutar más del día a día que de la noche a noche. Él mismo ha reconocido su peculiar metamorfosis.

Como consecuencia de ello, sus textos abogan más por la belleza formal que por la sentimental. Antes calaban más hondo. Arañaban el corazón del oyente porque los versos salían desde el conducto de las emociones propias. En Vinagre y Rosas esto no sucede porque Sabina escribe con corazonadas postizas. El mano a mano con Benjamín Prado tiene grandes e inspiradas composiciones que no acaban de encajar en el flaco de Úbeda. De hecho, las canciones más certeras acaban siendo las más autobiográficas (“Viudita de Cliqcout”, “Ay Carmela”). También las que tienen la producción de Pereza. Es decir, que por un lado acercarse a Pereza le ha sentado muy bien a sus canciones y por otro, escribir sobre la separación de Benjamín Prado de su pareja resulta un poco incómodo para el oyente. A mi me gusta escuchar las canciones de un Sabina que siente y padece en cada estrofa sin necesitar emociones prestadas.

pereza sabina

Pero sigamos apostando por Vinagre y Rosas porque el esfuerzo merece la pena y el disco tiene momentos para el recuerdo. Por ejemplo el single, Tiramisú de Limón, un medio tiempo a base de reproches que se pega en nuestra cabeza como si un chicle al zapato se tratara y que nos muestra a un Sabina enérgico que valiéndose de la frescura de Pereza, firma un tema redondo. O Viudita de Clicot, un baúl de los recuerdos en clave de resumen con indudable genialidad en cada verso. O Vinagre y Rosas, en la que Sabina se marca una emocionante lenta con su nueva corista. Sin olvidar el gamberro Parte Metereológico al que solo le sobra ese ridículo estribillo. El resto de canciones, al igual que el título del disco, ofrece vinagre y rosas, pero no se vislumbra ninguna obra maestra.

Es decir, que Vinagre y Rosas no es mal disco, es simplemente un paso más de un Sabina que está mutando de músico-poeta a poeta a secas. Él mismo asegura que la actual será posiblemente su última gira en grandes pabellones, su última gira rockera. Con sesenta que importa la talla de los recintos, debe pensar. Ya demostró cuanto puede conseguir a finales de los noventa cuando llenaba estadios a uno y otro lado del charco.

Con la gloria saciada, el retiro es tan gradual como la sensación de que lo mejor de Sabina pasó. Tiempos mejores en los que al extraordinario jiennense no le hacía falta acudir a terceros para escribir canciones. Tiempos en los que de sus vivencias nacía un universo infinito de emociones capaces de enmudecer al más fiero de sus detractores.

6

Enlaces Relacionados:

Vinagre y Rosas en descarga directa

Videoclip:

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ScriersScriers
Scriers
21 noviembre 2009

Los hermanos Hernández ya no tienen nada que demostrar. Si Gilbert Hernández, “Beto”, consiguió con Luba y Palomar el éxito de crítica y del sector más underground del público, Jaime Hernández lo hizo con la fenomenal “Locas”. Y desde que esas obras se hicieron grandes con su repercusión en el tiempo y el espacio, lo que viene detrás es seguido con interés en el mundo del cómic. La recreación de un mundo imaginario fronterizo (entre México y EEUU), de personajes que se han relacionado con la labor creativa de García Márquez y el papel de la mujer en la sociedad mirado a través de unos personajes perfectamente construidos, le han valido a los hermanos Hernández una credibilidad eterna, que a la vez, puede convertirse en un peso demasiado alto.

Pereza (yo también creo que debería haberse traducido como “desidia”), que es el cómic que nos ocupa, es la primera inclusión en la novela gráfica de Beto Hernández. Y no se le puede negar valentía, rompe con sus clichés típicos sin perder personalidad. La sociedad que presenta es pudiente y no suburbana, es acomodada y representa un tipo de sociedad que es lo contrario a la que siempre nos había presentado. Antes, a los personajes, no les quedaba más remedio que seguir caminando, que tirar hacia delante, que vivir. Ahora, los personajes sienten el hastío de vivir, llegan a pensar que no vale la pena. Sobre esa desazón y las sinrazones de la existencia, Beto construye una historia llena de símbolos, personajes particulares y pensamientos íntimos bien entrelazados, pero con demasiados flecos y costuras por cubrir.

Pereza

La historia narra las vivencias de Miguel Serra, que despierta del coma un año después de haberse quedado dormido. Los médicos creen que se trata de un coma autoinducido, llevado a cabo por un protagonista en continuo conflicto con el espacio y el tiempo que le ha tocado vivir. Sólo la aparición de Lita y de su mejor amigo Romeo, parecen estímulos para seguir existiendo. Pero… ¿Y si esos mismos elementos entran en conflicto?

Contando con el uso de algunos elementos simbólicos, que no queda claro qué es exactamente lo que aporta a la historia (el limonar y sobre todo, el hombre Cabra), Beto Hernández nos sumerge en una existencia lenta, como los andares del protagonista, en una sociedad que va demasiado deprisa para sus personajes, aún en trámites para entender su manera de sentir, la adolescencia. Remata la faena con algunos secundarios caricaturizados, que potencian el retrato social del autor. Además, girando tuercas, Beto Hernández da un golpe de timón a la mitad del libro, que obliga a revisar todo lo anteriormente leído. Desde mi punto de vista, deforma el ritmo del relato.

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En cuanto al dibujo, poco nuevo se le puede pedir a Beto Hernández, pero al menos que no resienta su plasticidad, su dinamismo, ya que algunas páginas parecen realizadas con excesiva prisa y hay personajes demasiado caricaturizados, que casi parecen extraídos de algún cómic de Ibáñez. Contrarresta con algunas páginas muy bien construidas, sobre todo en cuanto al aspecto onírico se refiere.

Y con todo esto, Beto Hernández, arriesga, contruye y destruye en el mismo relato, y consigue una obra interesante, con momentos muy brillantes pero en general difusa, con demasiados cabos sueltos (está hecho a posta, según el autor) y una serie de efectos y símbolos que no acaban de completar y complementar la historia principal. Se agradece el riesgo, pero está lejos de sus mejores obras.

5

Scriers.

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