El Abogado del Diablo: Jose Luís Perales, aquel hombre que me explicaba cosas.
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Pasamos de un asunto escabroso, a otro. Vamos a intentar defender un autor… que no goza de la simpatía de los jóvenes y entendidos en el mundo de la música. Ni falta que le hace.

Empecemos por el principio. Esta reseña quizás no la haga yo, quizás la escriba unas manos que se pasan por las mías, la de aquel niño de la infancia, o el otro yo que gusta de las cosas sencillas, puras, hechas con la única intención de ser y no de demostrar nada. Cuando era pequeño, mi padre me martirizó con mucha música que no era de mi gusto. Él era una persona musicalmente entregada al pueblo, apostaba por la música popular, adaptada según qué temporada del año. Carnavales en febrero, Sevillanas en Feria, Villancicos es navidad… en el fondo es una de esas personas que preservan las buenas costumbres… aunque eso cree algún que otro trauma musical a sus hijos.

El problema se presentaba en esos domingos musicales dónde no existía consigna respecto a la época del año. Vamos, un 20 de abril, por ejemplo. Entonces, tiraba de archivo. Fijaros el panorama, mi favorito se llamaba Jose Luís Perales.

De este autor, posiblemente uno de los cantautores en España, o compositores, que más refleja el prototipo de cantautor de la época del franquismo. Pese a que pide Libertad (“Un velero llamado Libertad”), este se refugia en un estilo dulzón, entregado al amor y a historias cotidianas. La mayoría, rozando lo vergonzante. Muchas de las letras, escritas desde la pura ingenuidad o desde la simpleza más absoluta . Como si el destinatario precisara de historias sencillas, de mensajes claros, como si sobraran las metáforas complejas. Si habla de soñar, es “volar”, si habla de poetas, son trovadores, y… poco más.

Tampoco es destacable el acompañamiento musical, que es eso, un acompañamiento. Suelen ser melodías fáciles y pegadizas, nada de aportar riqueza, sencillamente, no estorbaban. A nivel instrumental, a veces se introducen trompetas o piano. Pero Jose Luís Perales basaba su éxito en su voz y sus historias.

Y quizás ahí radique el secreto. Que cuando me levantaba por la mañana, y estaba pensando en ir a jugar al fútbol o hacerlo con los muñecos, este señor me hablaba de cosas tan complejas como el amor, la libertad, o le cantaba una canción a una tierra, América. ¿Qué necesidad tenía nadie de hacer esas cosas? De alguna manera, ese mensaje tan directo, esas melodías chiclosas, se me pegaban. Y lo que es peor, el mensaje, me calaba.

Luego, por alguna maldición de un gurú desconocido, muchas de sus canciones se cruzaban en mi vida, daba igual que hiciera por esquivarlas. “Canción de Navidad”, fue cantada en un campamento en el concurso de Villancicos. “Dime” le gustaba a un amigo de la infancia, Jesús Higuero. “Un velero llamado libertad”, era la favorita de mi familia. O la que más escuché, desde luego.

En defensa de su persona, diré que Jose Luis Perales me parece una buena persona. Es un tipo solidario, dona los derechos de una canción de cada disco a la organización Aldeas infantiles. Se pregunta porqué el mundo no puede ser mejor, porqué la gente no se quiere más, porqué no existe la paz y lo refrenda en el mensaje de sus canciones (que luego puede, o no, calar en su oyente). Asegura que sin Manuela, su mujer de toda la vida, “estaría perdido”, y aunque eso no es nada nuevo, me enternece.

Así, aunque su música no sea precisamente mi favorita, realizaré un top cinco de mis temas favoritos, lo más conocidos, dejando este post, para que todos aquellos lectores hablen de esa música que asocian a momentos de su infancia, aunque no sepan explicar muy bien porqué les gusta.

Un velero llamado libertad. Una canto a la libertad (como Blowin in the wind), para esas sensaciones de libertad que te recorren cuando vas por la calle, o cuando vas… navegando. De hecho, del navegar, Perales forma metáforas sobre las idas y venidas de la vida, las olas que te hablan, la voz del océano que habla, ojos azules… como el mar. Es simple sí. La letra es verdaderamente sonrojante, pero bueno, creo que es su gran himno y una de mis favoritas.

América. O cómo reflejar a través de una canción, un continente entero. Con marcadas influencias latinas, timbales, flautas, etc, Perales reconstruye la historia y el espíritu del nuevo continente. Todo bajo una ritmo casi tropical, usando elementos de la naturaleza. La letra, por supuesto, absolutamente apropiada, llena de consonancias, habla de inmigración, de campesinos, de injusticias… ¡Y de nuevo Libertad! La han versionado muchos otros cantantes, entre ellos, algunos tan admirables como… Raphael.

Canción de Navidad. Los temas estrellas de Perales, se reflejan incluso en sus temas más específicos. En esta canción de Navidad, habla de la navidad desde un navegante, un caminante y un soldado. Habla de aquellos sitios dónde puede parecer difícil que llegue la navidad, y el sentido propio de estas fiestas. Dejarlo todo, es hora de estar en familia, no a la guerra y no a los hospitales. La Navidad te espera, toda la tierra se alegra, haz de tu barca un altar.

Y cómo es él. Tema absolutamente desolador. Dónde un hombre pide a una mujer que le confiese su amor por otro hombre. Que le hable de él. Qué le diga cómo consigue hacerla feliz. Una historia dolorosísima, a nadie le gusta que le hablen de otro amor, pero este narrador resulta un auténtico masoquista. Lo mejor es que, aunque pueda parecer un desamor entre una pareja y la aparición de otra persona, se dice en los foros que realmente está escrita desde el punto de vista de un padre con respecto al novio de una hija.
Especialmente emotivo, para mí, es cuando dice: “Pregúntale porque ha robado un trozo de mi vida, es un ladrón que me ha robado todo”.

Y dejo para el final, el que para mí es el mejor tema de Perales: Dime. Es un canto contra la agresividad del hombre, contra esas cosas inexplicables que hace el ser humano y que afecta a su planeta y a sí mismo. Un alegato de la justicia, un rechazo extremo hacia la injusticia por parte de un hombre envuelto en una crisis de fe, un hombre que le pide a Dios explicaciones y que no encuentra en sí mismo porqués. Sería, por así decirlo, la versión en castellano de “Losing my religion”.
La canción termina con unos coros de niños, bellísimos, que deja al “the Wall” de Pink Floyd en pañales, nunca se usó también la ingenuidad de unos niños, su pureza para contrastarla con una reflexión adulta. Esa dualidad imprime al tema una hondura extrema, una canción que deberían sonar en la conciencia de todo ser humano cada cierto tiempo. Enorme.

Scriers.

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En defensa de lo básico, El Club se moja.
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En este blog no nos gustan los debates absurdos. No nos gusta meternos en actualidad informativa que supongan seguirles el juego a unos cuantos. No nos gusta el desvío de atenciones ni la imposición de determinados temas. La actualidad, a veces, nos parece las que unos desean que sean y no las que deben de ser. Actualidad debería de ser qué hacemos para que exista más trabajo, más derechos para el individuo, más cultura, etc. O eso creemos. Igual estamos equivocados, pero es nuestra manera de pensar.

Por eso, no queríamos entrar en la controversia generada en torno a las hijas de Zapatero y sus fotos con la familia Obama. No íbamos a seguirle el juego a “el Mundo” ni al “Abc” ni a ese tipo de medios (lo de El periodista digital es vergonzante), que han fundado un debate en torno a unas jóvenes con el fin de criticar a su padre, que tiene muchas cosas criticables y muy graves, pero ésta NO es una de ellas. Es más, nos parece que dice mucho de la libertad del individuo con la que educa el presidente del gobierno a sus hijas.

Pero, en vista de lo visto, y de los debates surgidos en internet y en la prensa escrita, no nos queda más remedio que defender lo evidente: Las personas tienen el derecho a vestir como quieran. Es un derecho individual. Nadie es quién para decidir qué es vestir bien y qué es vestir mal. Nadie tiene derecho a insultar a unas chicas porque vistan de otra forma a la que creen correcta o pesen más del peso que creen correcto. Nadie puede imponer unas normas en relación a la vestimenta, a no ser que hablemos de un entorno privado y de sus propias normas y están sean aceptadas por sus miembros. Y otra cosa, esas chicas NO están representándose más que a sí mismas. A nadie más.

Pero por lo visto, en este país hay que recordarlo. Y a más de uno. ¿Quién marca las modas y las libertades del individuo? ¿Las leyes o algunos medios? ¿Quién decide qué es vestir bien y qué es vestir mal? ¿Viste mejor la reina con sus modelos de flores que yo mismo, con mi camiseta de Calamaro? ¿Pueden los africanos ir como quieran a ver Obama, el Dalai Lama o cualquier líder populista y las chicas de Zapatero, no pueden vestir de negro y con botas en una fotografías no oficiales?

Nos da vergüenza ajena y nos repugnan la manera de atacar políticamente por parte de algunos, el debate estéril sobre algo que se sobreentiende, el derecho a ser uno mismo. Conste, esta no es una posición política (Dios nos libre en esta realidad infecta), es una defensa de los derechos más elementales de las personas. ¿Es que no hay mejores maneras de atacar? Por lo visto, es mejor crear este tipo de controversia alrededor de la figura de unas jóvenes que ir con ideas, soluciones y críticas constructivas a desbancar a tu rival político. Por lo visto, la honestidad, la ética y la moral sufren en coma vegetativo, para algunos incluso están muertas. Sálvese quién pueda en el mundo de todo vale, dónde los derechos y la libertades del individuo se asocian al Club de los Imposibles.

PD: Por supuesto, a este post no le incluímos fotografía.

Scriers.

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¡¡Capitán, el barco se hunde!!
Eterno ViajeroEterno Viajero Eterno Viajero

Vergonzoso espectáculo y triste decadencia de una peli que jamás tuvo que tener secuela. Esa es mi conclusión después de ver ‘Piratas del Caribe 3: El fin del mundo’. Si ya la segunda parte me pareció floja, mala y vacía esta ya roza el ridículo y la vergüenza ajena. ¿Quién coño confía en este producto? ¿De verdad alguien cree que esta película gustará? Me cuesta trabajo creerlo, sinceramente.

Cuando en 2003 vi que se estrenaba una peli de piratas, no dudé en ir a verla. Un mundo tan trillado como interesante para una buena dosis de aventuras. Su ritmo, sus personajes, su tremenda ambientación y su grato parecido con Monkey Island, saga de videojuegos que adoro hasta la extenuación, hicieron que Piratas del Caribe se convirtiera en LA PELICULA de aventuras de los últimos años. Un Jhonny Deep impecable, un decorado excepcional, una historia magnífica y unos personajes secundarios de 10. Se me venían a la mente ‘La Momia’ y por supuesto toda la saga de ‘Indiana Jones ‘.

Pero de verdad, ‘El fin del mundo’ no hay por donde cogerlo. Falla en prácticamente todo. En interpretación (Orlando, una lata de tomate es más expresiva que tu), en personajes (Mr. Pulpo y su doblaje son odiosos), en duración (casi 3 horas sin contar nada), y por supuesto en historia. Una historia absurda, enrevesada, rallante y sobre todo sobre todo VACÍA Y CONFUSA. Contiene secuencias avergonzantes; como un Jack Sparrow multiplicado (cerebro en mano), un casamiento imposible, un personaje que le dan tanto bombo y se convierte en… nada (Calipso y sus remolinos), un concilio de piratas de vergüenza, un viaje a Singapur olvidable, la vestimenta de algunos personajes (no sabía que la Princesa Leia salía también en Piratas del Caribe)… en fin, un completo despropósito.

¿Alguién sabe explicarme el argumento? No he sido capaz en 3 horas de entenderlo. ¿Quién es el bueno? ¿Quién es el malo? ¿Por qué el inglés y el pulpo están asociados? ¿Qué busca Legol… digo, Willy o como se llame? ¿Qué paso entre Calipso y el Mr. Pulpo? ¿Porqué el inglés no ataca? ¿Qué pinta el personaje chino que se parece a Cifuentes? ¿Jack está vivo o está muerto? ¿Y Barbosa, bueno o malo, vivo o muerto? Han querido gustar tanto como en la primera y han rodado un engendro. La verdad es que me apena, porque uno piensa en ‘Indiana Jones y la última cruzada’ y dice … ¡¡coño que lo intenten, que intenten grabar una tercera parte excepcional!!

Sólo diré un par de cosas a su favor: Sus personajes secundarios que me parecen lo mejor de la película sin lugar a dudas, y por supuesto la ambientación, pues sería injusto decir que no está lograda.

Yo me quedo con la maldición de la Perla Negra y su tremendo parecido a las historias de Guybrush Threepwood y por mí como si Jhonny Deep decide no grabar la cuarta parte que viene de camino.

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Arma X y Lobezno en el cine; La oportunidad perdida.
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Comenté por aquí, y de eso hace un año casi justo, las excelencias de una obra no superhéroica, pero desarrollada en el entorno del superhéroe de moda (por encima de Spiderman y Batman), Lobezno. Una de sus obras clave, es Arma X, y la nueva película de Hugh Jackman nos fue vendida como su paralelismo en versión gran pantalla. Nos iban a hacer la película de Lobezno y encima iba a tratar del proyecto Arma-X, o lo que es lo mismo, Logan iba a ser aislado del mundo superheróico y trasladado a un entorno opresivo dónde conseguir exponer sus poderes al límite, elongar esa fina capa que separa al hombre del animal.

Pintaba bien, y era, además, la oportunidad perfecta de hacer una película seria, con un guión serio y un transfondo serio, sobre un personaje de Marvel. “Rendíos, críticos”, estaba dispuesto a exclamar.

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Pues no. No sólo eso, sino que todo lo que rodea esta película dan mil y un motivos más a los detractores del cine de superhéroes para justificar sus motivos. Aquí, bajo la premisa de ser el origen de Lobezno (algo que en el cómic nunca se sabe a ciencia cierta), se mezclan situaciones, personajes y tiempos para realizar un film de acción espectacular a nivel visual, pero vacío como un agujero negro en su plano argumental y en el transfondo de la película.

Aquí, Logan y Creed, hermanos de sangre, sobreviven a todas las guerras de la historia hasta llegar a un cuerpo de soldados de élite dirigidos por el gobierno, dónde su estrecha moral y métodos sanguinolentos y asesinos, obligan a Logan (mucho más que un animal) a abandonar su disciplina. Con el tiempo, alguien regresa para asesinarlos a todos, y entre ellos, a la “novia” de Logan, una mezcla de su verdadero amor en los cómics, Mariko, con Jean Grey. Buscando venganza (al más puro estilo Jean-Claude Van Damme), Logan se deja convertir en Lobezno, en cuya transformación se esconde un terrible secreto. Lo suyo es un banco de pruebas para formar soldados indestructibles y construir el arma definitiva, Arma XI.

Existe tanta libertad creativa con respecto a los cómics, cómo situaciones forzadas en relación al argumento. La relación entre Creed y Logan, la ridícula y vergonzante historia del porqué de “Lobezno”, la aparición sacada de la manga (nunca mejor dicho) de Gambito, el final a lo “Mortal Combat”, el clon Carlos Sobera como director del proyecto Arma-X. La calidad de las interpretaciones no se pueden juzgar, es todo tan rápido y tan cuadriculado, que tienes que creértelo y da igual que los actores lo hagan de Óscar o rematadamente mal, el resultado iba a ser el mismo.

Por ejemplo, para justificar una vida plena de felicidad, un personaje (no diré cual) justifica su traición con la situación de su hermana. Para justificar el porqué de una actitud maléfica con respecto al mundo, primero, y los mutantes después, se acude de nuevo al arraigo familiar. La venganza como justificación de los asesinatos, y así. Todo tiene una explicación sencilla, plana, limitada.

Así, lo único salvable de la película, para los marvelitas o “Frikis”, como queráis, es la aparición de personajes que estamos cansados de ver en tebeos y ahora podemos recrear en la pantalla. Ver su adaptación, nos gusta. Nos gusta ver a La Mole, a Xavier, a Gambito, a Cíclope, incluso nos gusta ver algunos inventados.

Pero nada más, desde mi punto de vista, una adaptación fallida, por simple hasta el ridículo, por tener buenas cosas mal dispuestas, por su guión hecho desde los tópicos, el poco respeto al espectador adulto y por hacer de Lobezno un entretenimiento pasajero, una película más de superhéroes, pesada, larga, incorregible, indigesta… infumable.

Qué pena de ocasión perdida. Qué lástima teniendo Arma-X como filón narrativo y el mejor actor posible para que Lobezno sea un gran Lobezno. Bien detractores, aquí me tenéis, de rodillas y a vuestra merced. Ya podéis ajusticiarme.

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Scriers.

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El gusto del cloro, Bastien Vivès juega con ventaja
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Bastien Vivès es un aprovechado. Un listo. Un sinvergüenza.

Y no digo esto para insultar al autor, sino para todo lo contrario. Vamos a resumir la historia. Compré “El gusto del cloro” pensando en regalarlo, impulsado por esa inexplicable sensación que te proporciona un cómics cuando lo abres y se mezcla su olor, su dibujo, sus sensaciones en definitiva, y va y te conquista. Me gustó el dibujo, tan claro, tan sencillo, tan para mí. Me gustó la expresividad de algunos rostros, el formato cuidadísimo de Diábolo, en fin… una de esas compras que soporta la intuición.

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¿Pero qué cuenta este “El gusto del cloro”?

Pues nada del otro mundo. Por eso funciona. Porque te habla de un joven que va a la piscina por consejo terapéutico, pues así mejorará de su esclerosis. Y lo que al principio supone una incertidumbre, una obligación forzosa, luego pasa a ser un gran hobbie, un pasatiempo, lo mejor del día. Máxime cuando entra en juego una chica, una nadadora, enigmática, dulce, apasionada… un amor.

Y aquí está la trampa, Bastien Vivès juega con un espacio, la piscina, con una manera de usarlo, con una sucesión de situaciones mundanas… y con su edad. Resulta que el autor tiene 24 años. Que sintió la necesidad de matar, hacer caer, el amor. Pero lo hace desde la ternura, desde el desconcierto, desde un deseo repentino que no tiene que explicarse con palabras pero que existe.

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Situándonos en la piscina, desde los ojos de este chico que aprende el gusto por el cloro, nadie nos tienes que explicar que se enamora, que siente la necesidad de volver a verla cada miércoles, nadie nos tiene que explicar lo imprevisible que resulta, lo justo, lo injusto, lo alegre, lo triste, lo desconcertante. Y creo que todo esto se consigue, en parte, porque Vivès goza de esa ternura que da la juventud, de esa cercanía con el personaje, de esa conexión de primera mano. Y porque tiene la capacidad de hacerlo sin vergüenza, sin miramientos, con inocencia.

Creo que es un albúm para esos lectores que le gusta lo pequeño, lo íntimo, que no necesitan grandes porqués ni historias complejas, que disfrutan de aquellas pequeñas cosas. Para mí, un trabajo que supone una delicia visual (y eso que es sencillo), un alboroto en lo sensorial y en lo sentimental. Al final, terminas cansado, KO por el golpe sufrido por un juego en el que has vivido a tanta velocidad como el protagonista, que termina exahusto, preguntándose el porqué de lo que ha vivido. Uno lo comprende, supongo, cuando tiene más edad. Pero entonces…

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Bastien-Chanmax-Bastien-Vives

Varias cosas para terminar. El cómic obtuvo el premio esencial revelación en el famosísimo festival de Angouleme, Francia. Por iniciativa personal, dejo adjunta una canción que, creo, le viene como anillo al cómic, Nadadora, de Family.

Y una última, incito a todos los que hayan leído el cómic, a que me digan, qué cree que dice la chica debajo del agua. A ver si llegamos a un acuerdo. Ahí tenéis la opción de los comentarios.

Scriers.

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