Scriers me dió a conocer la semana pasada la película El Increíble Hombre Menguante, “tenemos que verla juntos” me dijo. No va a ser posible porque me he adelantado. Se trata de un clásico de la ciencia ficción, una película de corta duración (apenas una hora y veinte minutos) que innovó como pocas lo habían hecho en esa fecha (1957) y que, vista ahora, más de cincuenta años después de su estreno, no solo no queda desfasada, sino que mantiene el tipo sin que sus efectos especiales y su montaje provoque risa alguna y consiga la sensación de verosimilitud. La cinta fue rodada en Los Ángeles con un presupuesto de serie B, pues Universal no albergaba grandes esperanzas en una historia tan kafkiana y surrealista que caminaba entre el relato de ciencia ficción y la historia de aventuras. Fue dirigida por Jack Arnold, un director por entonces especializado en películas de corte fantástico, que más tarde pasaría a trabajar para series de televisión, y está basada en un relato de Richard Matheson, que a su vez se encargó de adaptarlo para su versión en cine.
Sería imposible seguir hablando de la película sin hacer referencia a su sinopsis. Como el mismo título indica, el relato trata sobre un hombre que mengua (decrece), que paulatinamente va perdiendo centímetros hasta convertirse en una sorprendente miniatura. Pero es un decrecimiento proporcionado, es decir, mantiene el cuerpo en perfecta armonía pero la escala de este disminuye. Bajo esta sencilla premisa, encontramos una historia que reflexiona sobre la propia existencia del ser humano, su lugar en el mundo e incluso en la sociedad, ya que denuncia la marginación que sufre una vez es consciente de su problema. En este sentido, el final de la película, tan agónico como intenso, descubre los momentos más brillantes de la cinta.
El gran mérito de la cinta es hacer verosimil el relato, tanto en el apartado técnico como en el desarrollo de la historia. Lo consigue de un modo asombroso, a través del correcto uso de las cámaras -jugando con el efecto óptico- y mediante recreaciones a tamaño real de objetos diminutos, que hace que ese mundo tan reducido e insignificante alcanza unas cotas de realismo impropias de la época en la que se rodó la película. Demostraron así, que los efectos especiales no solo dependen de la inversión económica, sino de la imaginación de los creadores.
El Increíble Hombre Menguante atrapa por su aroma clásico, su intensidad, su modo de retratar la desesperación de un hombre al que el mundo se le hace demasiado grande, toda una metáfora de la que se puede sacar mil y una lecturas, diferentes conclusiones.
Destacar también, a modo de curiosidad, que a ese final tan conmovedor le buscaron una continuación, escribieron un relato con la segunda parte del increíble hombre menguante, pero que este nunca vio la luz en el cine, y se quedó pues, en terreno literario. Desconozco si está publicado en España. También parece estar preparándose un remake de la película -en tono humorístico- a cargo de… Eddie Murphy y Brett Ratner, con lo cual se avecina un serio despropósito cinematográfico.
Revisiones al margen, este es un clásico de la ciencia ficción de revisión obligada.
Datos Técnicos
Director: Jack Arnold
Intérpretes: Grant Williams, Randy Stuart, April Kent, Paul Langton,Raymond Bailey, Billy Curtis,
Guión: Richard Matheson y Richard Allan Simmons, según la novela de Matheson
Banda Sonora Original: Hans J. Salter, Herman Stein e Irving Gertz [sin acreditar]
Fotografía: Ellis W.Carter
Efectos especiales: Clifford Stine, Roswell A. Hoffman y Everet A. Broussard
Producida por: Albert Zugsmith para Universal
Año de producción: USA 1957
Duración: 78′ B/N
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