No se si alguien me entenderá, pero de un tiempo a esta parte, y en determinados círculos literarios o comiqueros, el hecho de leer un comic de superhéroes parece dar cierto pudor. En España siempre fue un poco así, no es el nuestro un país comiquero pero en EEUU o Francia no. Cuenta la leyenda que en los metros norteamericanos es relativamente sencillo ver algún ejecutivo vestido de chaqueta sacarse un Flash o un Spiderman del maletín y leerlo sin arrugar el entrecejo. Y es que, la gente de a pie, ve a un Superman y se imagina a un tipo superpoderoso volando de una punta a otra de la ciudad repartiendo leña a todo el que se encuentra. Y vale, en los noventa era así, pero desde hace tiempo no. Superhéroes no es un sinónimo de disputas y violencia. Hay mucho más, inmensas tramas que pueden abarcar cualquier tipo de temática. Hay muchos tebeos de superhéroes reseñables que son tan decentes o más que una buena novela, llámese Watchmen, Dark Night o Invencible por citar algunos. El caso es que, en un mercado de comics donde lo que más abunda es el producto pijamero, no salen muchos títulos especialmente reseñables, si no más bien..olvidables. La mediocridad se instala cuando el mercado actua sistematizado, abusando de contratos pequeños a dibujantes y guionistas -algunos por seis únicos meses-, y ofreciéndoles poco tiempo para el trabajo y exigentes plazos de entrega.
Con All Star Superman la industria (o DC) respetó el ritmo de trabajo de los autores y les concedió una enorme libertad creativa. El tiempo y la dedicación son grandes armas en los profesionales del comic. También las ganas. El resultado de la inaudita política de DC es aquel que ha azotado la tebeosfera estos días, una oleada de críticas positivas.
Es un comic que puede leer todo el mundo sin necesidad de ser un estudioso del personaje, y ese aspecto, lectores como yo lo agradecemos. Es decir, si has leído algo con anterioridad mejor, por aquello de la familiaridad con los personajes y tal, pero cualquiera puede entender el desarrollo en poco que se esmere. Morrison utiliza la técnica de dar cosas por sentadas e introducir al lector de lleno en la acción, sin tapujos. No utiliza, en sus 12 números, ni un cuadro explicativo, todo a base de diálogos. Y así consigue un enorme dinamismo que sería imposible de obtener sin la habilidad narrativa de Quitely, porque el dibujante escocés hace un soberbio trabajo. Y eso que prescinde de prácticamente de cualquier fondo -delegando responsabilidad en el colorista- centrando la atención -quizás demasiado- en la anatomía de sus personajes. Pero le sale un trabajo enormemente impactante. Es curioso, porque sus XMen me resultaban casi molestos para la vista.
Morrison y Quitely han logrado poner de acuerdo a la tebeosfera en torno a un comic pijamero que hasta Álvaro Pons ha aplaudido. Y la unanimidad se debe a un comic extraordinario en el que se nota un profundo conocimiento del personaje -precedida seguro de un trabajo de documentación importante- por parte de los autores, que han ido modelándo a su antojo. Morrison ha explorado el sentido de la responsabilidad de un ser supremo, dueño de un poder asombroso, ha indagado en su nobleza y sinceridad, su fe ciega en el bien por encima de todas las cosas. Quitely conforme avanza descubre un Superman más plástico, más voluminoso, menos “amentonado”. Ambos van modelándolo para los geniales capítulos de desenlace, que supone una traca final apoteósica.
Finalmente, concluir con las consecuencias en torno a un sobresaliente comic, la reivindicación que supone para el género una obra capaz de consesuar la opinión del gremio y sacudirse de un plumazo los cientos de prejuicios que relacionan los superhéroes con el entretenimiento idiota. Por fin, tras mucho tiempo de sequía, un poco de dignidad superheroica, que bien nos sienta.
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Paul Newman, Antonio Vega, Michael Jackson… en los últimos tiempos han fallecido algunas personalidades indiscutibles de la cultura mundial. No se si os pasa como a mí, pero la circunstancia de que mueran iconos tan representativos me recuerdan el paso del tiempo y por tanto, el hecho de que me hago mayor. Y pasa que luego es difícil reemplazarlos porque los tiempos cambian. Dificilmente volveremos a ver un Michael Jackson porque a nadie sorprenderá ya una persona negra bailando tan electricamente, ni habrá un músico que venda la millonada de discos que vendió Jackson porque hoy día todos pirateamos y guardamos los discos en reproductores de mp3. La mercadotecnia lo invade todo y luego es complicado reemplazar a estos genios porque entre ustedes y yo, quedan pocos artistas con esencia.
Decía Alfredo Relaño en el Diario As que
En los últimos años han profilerado los discos homenaje, siendo varios los músicos que han recibido su particular tributo por parte de los compañeros de profesión. Y se han multiplicado porque son rentables, así de simple. La recopilación de artistas de primera fila vende, y si no puede ser en modo de homenaje pues en disco de duetos, el objetivo es sigue siendo el mismo: vender, que ya es difícil en una industria cada vez más mermada y en la que las estadísticas de venta caen con estrépito.
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